7 junio 2021
Inicio > Número 1 > Precio y unidad de cálculo

Precio y unidad de cálculo

«¿Y me vaa cobrar usted cada vez que salga un de, por ejemplo?»,pregunta atónito un cliente. El traductor suspira, cuentahasta diez, contesta como puede, irritado. Se siente cuestionado, leparece absurdo tener que justificarse y al mismo tiempo no encuentrauna respuesta suficientemente contundente como para desahogarse.Frustrado, accede a un foro o una revista profesional y busca lacomplicidad de los compañeros. ¿Cómopueden preguntarle algo así?

Estas historias se repitenperiódicamente cuando se trata con clientes ajenos al sectorde la traducción. En países comoEspaña, por ejemplo, es habitual fijar una tarifa porpalabra del texto fuente o el texto meta. Se multiplica elnúmero total de palabras por la tarifa encuestión y se obtiene el precio final, al margen deimpuestos. Esta relación directa entre el númerode palabras y el precio final induce a pensar que la tarifa remuneraestrictamente lo que cuesta traducir cada palabra, un error queestá muy extendido incluso entre profesionales que no se hanparado a reflexionar detenidamente sobre el asunto.

El servicio que prestamos comotraductores profesionales a un cliente para entregarle lo que necesita,es decir, una traducción correcta, funcional, ajustada enestilo a la finalidad del texto, etcétera, no se reduce areemplazar las palabras de un idioma por las equivalentes de otro, sinoque consiste en algo bastante más complejo. El traductordebe realizar toda una serie de tareas y debe aplicar diversastécnicas, como por ejemplo establecer una buenacomunicación con el propio cliente para saber quéespera y qué necesita; investigar términos yconceptos; a menudo tiene que adentrarse en la materia objeto del textocon el fin de llegar a comprenderlo más allá desu tenor literal, y también ha de analizar las estructurassintácticas y hallar una forma equivalente de plasmar todosesos contenidos materiales y formales en el idioma de destino, demanera que la traducción refleje fielmente el texto originalen el código lingüístico y cultural dedestino.

El hecho de que el precio delservicio se calcule tomando como referencia el número depalabras induce a pensar al cliente que paga simplemente por cadapalabra que se usa en el texto, como si pudiesen sustituirse unas porotras mecánicamente. Por ello le choca que traducir unsustantivo enigmático, como enfiteusis, le cueste lomismoque la traducción de una simple preposición comode, que además se repite mucho y siempre se cobraíntegramente. Pero el pago por palabra solo representa unmétodo de cálculo del coste de un serviciomás complejo, que es la prestación que de verdadse retribuye.

En última instancia,para un mismo traductor, cada trabajo concreto —con suscaracterísticas específicas—debería tener un precio determinado que no variase enfunción de la forma de calcularlo. Es decir, aunque seprescindiese de computar «las palabras que serepiten» o que son «sencillas», el preciofinal debería ser el mismo que si se computasen, porque esteremunera un servicio complejo, con una serie de costes por parte dequien lo presta y unos contenidos determinados, y no cada palabraindividual, aunque se use su número para calcular el precio.Por tanto, si se excluyesen del cómputo ciertas palabras,como el precio final no debe variar en función del sistemade cálculo, el profesional estaría obligado aaumentar automáticamente el precio por palabra computada.

Es importante comprender que elcliente remunera un conjunto de tareas, cuyo resultado final es latraducción. El cálculo del precio enfunción del número de palabras constituye tansolo uno de los muchos métodos posibles y no significa quese estén comprando las palabras sueltas, como si fuesenmanzanas, sino que se utiliza su número por tratarse de unatécnica cómoda. También sepodría calcular el precio por tiempo, o incluso confórmulas que tuviesen en cuenta varios factores a la vez. Enresumen, es importante comprender que no cobramos el precio de un«estuche de palabras», sino unos honorarios queremuneran un servicio profesional complejo.

Una vez asimilada estareflexión por parte del profesional, cabe preguntarse si nosería más práctico presentar unpresupuesto cerrado cuando se trata con clientes ajenos al sector. Alfin y al cabo, ellos no tienen interés en conocer losentresijos organizativos y contables del traductor, sino el preciofinal de su traducción.

1 Artículo elaborado en origen para el Boletín Conalti (Asociación Civil Colegio Nacional de Traductores e Intérpretes) de Venezuela (especial sobre tarifas en prensa)

Redes Sociales

956me gustaMe gusta
9,943seguidoresSeguir

Último número

- Advertisement -spot_img

Articulos relacionados