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Colofón: No solo de pan vive el traductor

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José-Luis Morais

José-Luis Morais es un melómano empedernido y confeso. Para él, la vida sin música no es más que ruido y algarabía. Día tras día, intenta impregnar sus traducciones de musicalidad, porque redactar textos no deja de ser el arte de encontrar palabras acordes, orquestar ritmos y acompasar ideas. De personalidad poliédrica, combina la traducción con los desfiles de moda, en los que se encarga de seleccionar y pinchar la música en directo.

La música siempre ha formado parte de mi vida. Aún recuerdo y conservo como oro en paño el primer vinilo de 45 revoluciones por minuto que me compré cuando tenía 7 años con mi argent de poche, la paga que recibía de mis padres cuando vivíamos en tierras galas. Desde entonces, he ido acumulando diversos soportes de grabaciones musicales, desde casetes hasta discos compactos, pasando por los desaparecidos minidisc, hasta almacenar y escuchar la música en formato digital en la actualidad. En mi día a día, no concibo estar sin música en prácticamente ningún momento de vigilia: la música me acompaña de la mañana a la noche, al cocinar, conducir, practicar deporte y, por supuesto, durante la mayor parte de la jornada mientras estoy traduciendo. La música me ayuda a concentrarme, me motiva y me inspira. A diferencia de otros compañeros de profesión, que evitan cualquier tipo de interferencia sonora para trabajar, el silencio lo tengo confinado a pequeñas dosis puntuales.

Entre bambalinas

Aparte de los idiomas, moda y música son mis pasiones. Ámbitos en los que la vida me ha concedido la oportunidad de poder trabajar y sentirme realizado. En un primer momento, en la radio, rodeado de música y pegado al micro, con la cálida compañía abstracta de decenas, cientos, miles de oyentes. O de ninguno. Con el paso de los años y mi experiencia como locutor, acabé presentando desfiles de moda en unos grandes almacenes sobradamente conocidos, hasta que un buen día la agencia de modelos New Models de Vigo me propuso elegir la música de sus desfiles. No cabía en mí de gozo haciéndome a la idea de que podía aunar moda y música en el mismo lote. Desde entonces, han transcurrido ya más de tres lustros.

En todo este tiempo, he trabajado en desfiles de grandes firmas de ropa como Araújo Piel, Florentino, Caramelo, Montoto o Toypes, y de diseñadores de moda como Charo Carrillo, José Castro, José Luis Novias, María Mariño, Marta Lastra o Patricia Avendaño. He llenado de música centros comerciales, grandes almacenes, ferias profesionales, certámenes de moda, concursos de jóvenes diseñadores, escuelas de diseño… Además, estos desfiles me han permitido moverme por la geografía española, porque aparte de recorrer Galicia de cabo a rabo, también me he paseado con mis cascos y mi maleta de cedés por Madrid, Barcelona y distintas ciudades portuguesas.

José-Luis con una de las modelos

Otra ventaja de trabajar en moda es la suerte de estar rodeado de bellezones, con modelos espectaculares que quitan el hipo. Chicas top model como Martina Klein, Nieves Álvarez o Verónica Blume han lucido palmito en pasarela con la música que les he seleccionado en su día, más de una Miss España también. Por supuesto, rostros muy famosos pero de nombres desconocidos, como la guapísima Godeliv, imagen de la firma Desigual; la sensualísima Ângela Sega, la incombustible Davinia Pelegri o Clara Alonso, una de las pocas españolas en participar en el desfile de Victoria's Secret, pero también modelos, actrices o estrellas mediáticas de fama más o menos efímera, como Marlène Mourreau, Daniela Cardone o Malena Costa.

No me considero disyóquey —quizás pinchadiscos en algún momento del siglo pasado— sino más bien un seleccionador de temas musicales. Mi objetivo consiste en elegir el ambiente sonoro propicio para un desfile, atendiendo a las condiciones acústicas, las instalaciones, el estilo de las prendas o las apetencias y manías del diseñador, que haberlas, haylas. Entre los factores que tengo en cuenta a la hora de seleccionar los temas musicales están la longitud de la pasarela o el número de modelos en un mismo pase, porque influyen en la duración de los temas, pero también las instalaciones, porque la acústica es bien distinta en un teatro o auditorio que en un centro comercial o al aire libre. En mi opinión, el condicionante que mayor repercusión tiene a la hora de elegir la música es la ropa en sí, porque no siempre pueden encajar las mismas canciones para un desfile de trajes de novia que para un desfile de peletería, lencería o peluquería.

José-Luis Morais  pinchando música

Uno de mis objetivos fundamentales en un desfile de moda no es otro que sorprender al público con la música y contribuir al éxito del espectáculo, huyendo de las canciones comerciales demasiado trilladas, a no ser que sean reinterpretaciones creativas de grandes temas de siempre que no dejan indiferente a nadie, como una versión en árabe levantino septentrional del Quizás, quizás, quizás, titulada بالعكس (Belaaks) de Jean-Marie Riachi, que he utilizado para trajes de largo de mujer; la canción Carmenita Lounging, una variante del Carmen de Bizet, remezclada por el gran Claude Challe, o incluso una espectacular versión house de la ópera Carmina Burana, cantada por Sarah Brightman, con la que he conseguido romper la pana y acabar «perseguido» por dos famosas del papel cuché (Carmen Lomana y Chábeli Iglesias), porque querían felicitarme personalmente por la selección musical además de pedirme las referencias de ese tema en particular.

SUGERENCIAS DE MÚSICA AMBIENTAL

VOCAL

INSTRUMENTAL

Dada mi inclinación por los idiomas, no es de extrañar que en mis desfiles se oigan canciones interpretadas en gran variedad de lenguas: español e inglés, por supuesto, pero también en portugués, francés o italiano, incluso en turco o chino. Como muestra de esta variedad y del eclecticismo que profeso, os dejo con una pequeña selección de sugerencias musicales para amenizar vuestros desfiles del salón a la cocina, amortiguar el ruido de los vecinos del primero o preparar vuestro subconsciente para una noche llena de sueños melódicos después de haberos triturado los sesos con las últimas 15 000 palabras de temática infumable.

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