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SELM 2015: con color especial y a pantalla gigante

Los pasados 5 y 6 de noviembre tuvo lugar en Sevilla el V Congreso de la SELM (Sociedad Española de Lenguas Modernas), una cita importante para la comunidad traductora española donde convergen todos los sectores implicados: empresa, universidad, autónomos y estudiantes. La polifonía del encuentro y la calidad de las intervenciones justificaban con creces el éxito de público. Frente a ediciones anteriores, destacó la ampliación de la sede, el incremento del número de ponencias y la preponderancia de la traducción audiovisual y el emprendimiento como hilos conductores del encuentro.

María Luisa Rodríguez Muñoz
María Luisa Rodríguez Muñoz es licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada y doctora por la Universidad de Córdoba, traductora-intérprete jurada y experta en Derecho de Extranjería. Ha trabajado en el SAV de la Alhambra de Granada (2002-2003), en la Delegación de Igualdad de Córdoba (2004) y en la sala de exposiciones del Museo Episcopal de Málaga (2005-2006). Realizó prácticas en la Subdelegación de Málaga (2003) y en la DGT de la CE en Luxemburgo (2003-2004). Obtuvo una beca de dos años en la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía (2006-2008). Ha ejercido como traductora autónoma de textos jurídicos, financieros, institucionales y turísticos. Comenzó su labor docente en 2008 en la UPO de Sevilla y, posteriormente, en 2009, la continuó en la Universidad de Córdoba, donde trabaja en la actualidad. Sus principales líneas de investigación son: traducción turística y museística, traducción y cultura, traducción de literatura hispanoamericana y traducción jurídico-económica.

Allá por el 2012 me estrené como ponente en la segunda edición del congreso de la SELM. Aparte de los nervios de una principiante, me martilleaba el prejuicio que albergamos muchos investigadores sobre nuestras aportaciones en congresos misceláneos: esto no es rentable, no mejora el rendimiento del traductor y, por ende, no tiene tirón. Cuando, en una sala pequeña, vi en primera fila a Alicia Martorell interesada en mi estudio sobre la traducción de arte, me llené de orgullo y satisfacción y las separaciones maniqueas entre universidad y mercado se me fosfatinaron. Aquel año, las intervenciones conseguían la combinación perfecta entre el mundo académico y la práctica, el ambiente era acogedor, cálido; gracias a este encuentro labré buenas amistades, como Olga Muñoz y Aida González, y contactos muy útiles para mi labor como docente y traductora.
 
Tres años más tarde, en la quinta edición del encuentro, entro en una sala enorme, abarrotada, reconozco caras conocidas y aprecio mucha savia nueva. «Un momento —pienso—, me he perdido algo…». Miro el programa (confieso que no lo estudio a conciencia hasta el final, me gusta sorprenderme in situ) y experimento la ansiedad del niño que quiere el catálogo entero de juguetes para Reyes al tiempo que maldigo al que no inventó la clonación congresil, porque por la tarde hay tres sesiones paralelas con títulos muy interesantes. Saludo con mis colegas del Departamento de Traducción de Córdoba a un Rafael Campos que refleja la tranquilidad de quien controla la situación, con signos de fatiga por el preestreno y ese brillo inconfundible en los ojos tímidos de quien no olvida ni una cara, ni un contacto, ni un dato. Conoce el mundo de la traducción, desde la academia al autónomo, le gusta apostar por la gente joven, no le asustan los retos y es un gran visionario del mercado. Ha diseñado tantos formatos de enseñanza y cooperación en el mundo de las letras que no es de extrañar que el lleno de la sala sea total. «El retoño ha dado un gran estirón, Rafa», pienso para mis adentros mientras le doy dos besos. Creo que me leería la mente.

Rompe el hielo una Scherezade Surià más ortodoxa y menos picante de lo que nos tiene acostumbrados en cuanto al contenido que nos presenta, la traducción editorial, pero con la voz cálida y la contundencia que la caracterizan. Su exposición es completa, nos cuenta la letra pequeña de las relaciones contractuales, los errores más recurrentes, las buenas prácticas en el mercado. Me encanta comprobar que este tipo de traducción, a pesar de ser considerada la hermana pobre del oficio, mantiene la frescura y el tirón de siempre, es la herencia de los clásicos, la creación de emociones, como siempre nos recuerda Xosé Castro. Escuchando a Scherezade, uno tiene la sensación de que hay que visitar esta modalidad de traducción alguna vez en la vida, como al Oráculo, para conseguir la madurez como traductor. Se hizo la imagen, el color, nació la TAO y la transcreación, pero el mensaje escrito sigue siendo pura magia en manos de hechiceros a horcajadas entre dos mundos.

Posteriormente, llega el turno de Valeria Aliperta y de su paleta cromática del branding, eso que no es traducción pero que lleva aparejada la traducción en el mundo profesional. Sinceramente, nunca me había parado a pensar en la cantidad de horas que la invención de una marca trae consigo: el color, los trazos, el impacto visual, la información que está y la sugerida… Su intervención, de un perfecto bilingüismo, ya demuestra por sí misma la profesionalidad de una intérprete que sabe qué terreno pisa y hacia dónde encaminar sus pasos, y que allana el camino para quienes inician esta aventura a través de una exposición en formato pregunta y respuesta, llena de color y famosos logotipos.

Le sigue André Höchemer, que nos muestra todas las vertientes de la traducción de cómics, en su combinación español-alemán, desde la contractual al proceso de trabajo y los problemas propios de esta submodalidad que, al igual que el resto de traducciones subordinadas, supera con creces esta nomenclatura servil en la que la creatividad sobrepasa el condicionamiento espacial. Nos recomienda el contacto con el autor, la editorial, la revisión pre- y posmaquetación. Asimismo, data el nacimiento de una nueva tendencia de formación y hermanamiento de profesionales de esta especialidad, que tuvo como pistoletazo de salida la mesa redonda sobre traducción del salón del cómic de Barcelona de 2013 y que no hace más que crecer desde entonces.

Cierra la sesión matutina el gran Frederic Chaume exponiendo las manifestaciones de TAV actuales que germinan en el manto de la digitalización y presentando a un original actante, el prosumer: desde la narrativa transmedia, pasando por el cloud-based subtitling, las captioning platforms, las literal dub versions, el fandub y el dubmash. De las muchas técnicas que extrae de su maletín, llama poderosamente mi atención el uso de los visemas y la manipulación de los labios para conseguir el ajuste. Parece que esta modalidad, la audiovisual, que marca la tónica del congreso, lejos de estancarse, no deja de crecer y multiplicarse cobrando nuevas formas. Los presentes anotamos como si no hubiera un mañana cada una de las nuevas realidades que a mí, particularmente, como lega en la materia, me suenan a ciencia ficción. Renovarse o morir, pienso; la tecnología no permite nunca «desconectar»: nos lleva tirando de las bridas a marchas forzadas.

Tras el receso del almuerzo (invito desde aquí a la SELM a reservar un salón de bodas porque vaticino que esto no ha hecho más que empezar), comienzan las sesiones paralelas y el pasilleo nómada en busca de información, el momento en el que el asistente personaliza su experiencia saliendo y entrando a tres salas con una oferta muy atrayente. A pesar de que mi visión es sesgada por carecer del don de la ubicuidad, podría afirmar, sin riesgo a equivocarme, que el hilo conductor de toda la tarde es el marketing, la empresa y el mercado. SELM 2015 podrían ser las siglas de una nueva feria nacional del emprendedor en traducción, una cita indispensable para conocer nuevas prácticas, hacer contactos, saber cómo romper el muro que separa al desempleado de la demanda. Entre los presentes, HERMES, Seprotec, Tatutrad, AT Accurate Translations, IDISC, Kite Team, ETEP, Aptent Soluciones, Traductivo, Bbo, CBLingua, Tradnologies y Morote. Las ponencias y mesas redondas parecen una oda al traductor invisible que debe salir de su cascarón y conocer de qué recursos dispone para, como nos recuerda Sergio Calvo, conseguir que nuestra gran capacidad de adaptación multipotentialite se articule para lograr compradores de servicios y vivir bien de lo nuestro. Para muchos de los alumnos supone una gran oportunidad de toma de contacto con el mundo del otro lado de la frontera, el empresarial y, quizás, la razón de unas futuras prácticas; para los autónomos, la forma más cercana y efectiva de darse a conocer y aumentar su cantera de clientes. Presencio un intercambio masivo de tarjetas de visita, reuniones improvisadas de negocios y encuentros desvirtualizadores de docentes, tutores, colaboradores de proyectos y amigos de la era digital que, por fin, se estrechaban la mano. En definitiva, el hotel Ayre de Sevilla se convierte en un hervidero de vida traductoril y de oportunidades personales y laborales.

El segundo día de congreso nos ofrece también un cartel de excepción. Arranca la mañana el polifacético Xosé Castro retomando su profesión primigenia y reinventándola: la traducción audiovisual. He tenido el placer de coincidir con él en innumerables ocasiones pero esta vez, aunque se sigue cumpliendo la máxima de que la letra con humor entra, aprecio un cambio de dirección en su discurso, información novedosa, muy útil, sobre el uso correcto de nuestro idioma, una reflexión pausada de los males que acaecen al español doblado, fuentes alternativas de documentación para reproducir el argot (conocimientos sobre dialectología, visita obligada a la hemeroteca, nutrir sin descanso nuestra cultura cinematográfica) y un especial acento sobre la introspección y la contextualización en el proceso creativo. Todo un acto de generosidad porque, en definitiva, comparte sus sabias reflexiones sobre el lenguaje fílmico oteando el horizonte desde la experiencia profesional.

A Ana Lesmes le toca la difícil tarea de hablar a las 10:00 de la mañana, y sin café en el cuerpo, de la filosofía BDSM desde un punto de vista factual y lingüístico. Si tuviera que definir su intervención en una sola palabra, esta sería genialidad. Desde mi punto de vista, ha resultado la ponencia más llamativa de todo el congreso, la que se queda grabada a fuego en la memoria por muchos factores. Aunque el tema de por sí se prestaba a la risa nerviosa, la vergüenza infantil, el pudor, su profesionalidad y rigor desgranando el tema mostraron un nuevo nicho de mercado que requiere un tratamiento especializado y que posee una gran complejidad técnica. Asimismo, exige un gran dominio del español para parir neologismos en nuestro idioma que le ganen la batalla al inglés en crudo y que, atados a la descripción de cada concepto, logren el placer de la persuasión «a tono».

Tras la pausa del café se suceden Pablo Muñoz, Ivars Barzdevics, Concha Ortiz y Patrick Zabalbeascoa. Todos, menos Ortiz, cuyo discurso desprendía una gran pasión por la interpretación, profesión que delinea desde los conceptos básicos hasta los más complejos, abordan el tema de la relación entre la imagen y la palabra. Los tres parecen adalides de diferentes corrientes de la epistemología multimedia, aunque, pese a las disimilitudes, desde la silla del espectador resultan complementarios. Mientras el famoso localizador apuesta por la traducción libre en el proceso de transcreación en el que el mensaje original brilla por una ausencia que ha de compensarse con grandes dosis de creatividad, Zabalbeascoa recuerda que el corsé del texto de partida forma parte de este tipo de traducción y que es necesario preservarlo en la medida de lo que nuestros recursos lingüísticos, visuales y técnicos nos lo permitan. El profesor de la Pompeu Fabra nos muestra cómo traducir el humor basado en la introducción de una tercera lengua (L3) en la TAV, cuestión que riza el rizo de la complejidad de los juegos de palabra y que obliga al traductor a analizar especialmente, entre otros, los factores culturales de la comunidad receptora para lograr una traducción fiel y exitosa. El sentido del humor tiene bandera y se cimenta en una concepción del mundo atávica. Esa misma percepción es la que le estuvo velada a Barzdevics durante muchos años en su magistral trabajo de traducción de la serie Bola de Dragón, que debió realizar a partir de guiones sin imágenes, transmutados en su paso del japonés al inglés. A pesar de la dureza del comienzo y la increíble pericia del traductor por crear traducciones para doblaje con falta de medios y conocimientos del original (como el hecho de que los nombres propios contaban con carga semántica) la serie se convirtió en un fenómeno de masas aún vigente. Como prueba de ello, el traductor anuncia el estreno de la segunda película basada en la serie y sortea, para grata sorpresa del público y expectación creciente bajo el efecto de la onda vital /Kame Hame Ha, dos entradas para dos de los asistentes.

La segunda jornada maratoniana se cierra con tres sesiones paralelas que presentan una mayor mixtura en los temas tratados. En esos momentos, el congreso se ha vuelto tan integrador como lo recordaba en su versión más reducida de años atrás. Se incorporan la interpretación, la traducción jurídica, la investigación académica y la enseñanza de la lengua extranjera, con un especial componente germano. Heather Adams y Nicolás Martín refrescan nuestros conocimientos sobre las múltiples posibilidades de la dialogue interpreting en las instituciones deportivas. Con posterioridad, Rosario de Zayas, de Tatutrad, no incluida en el programa, nos sorprende con una interesante reflexión sobre la comunicación multicultural en el mundo de la empresa de traducción, competencia vital en la negociación que nos obliga a mirarnos al espejo de nuestros propios prejuicios y de los que están al otro del teclado o la pantalla. Aborda, con su gracejo característico, temas como la cortesía directa o indirecta, el tono de los mensajes de correo electrónico y la humanización del oficio como forma de marketing y de disfrute profesional con el mapamundi y la obra de J. Mariah Brown como telones de fondo. A modo de broche final a mi experiencia en el congreso de la SELM, he de hacer una mención de honor a la contribución de Santiago García, de Kite Team, por la claridad en la exposición de las nuevas tendencias en la localización de videojuegos, la honestidad en cuanto a su visión del mercado hispano que nos pega en la testa del chovinismo y la indiscutible apuesta por la calidad y el amor al trabajo bien hecho por parte de emprendedores jóvenes, que mezclan el arrojo y la racionalidad en la justa medida de la nouvelle cuisine. Creo que con su intervención podría sintetizarse el espíritu de todo el congreso: la traducción multimedia es un bello reto en el que la pasión y la fe en lo que uno hace mueven montañas.

Llegados a este punto, soy consciente de que me he dejado atrás muchos nombres y voces de todo lo que aconteció en las salas y en los aledaños. Mil disculpas anticipadas. Para compensar, dejo el enlace a la página del congreso, por si alguien necesita tirar del hilo y profundizar en algún aspecto no abordado en este resumen. Tampoco me gustaría terminar la crónica sin poner los dientes largos a los lectores aludiendo al tiempo veraniego del que disfrutamos en la capital andaluza, que adoro, al ambiente de terrazas y risas, de tapas y buena compañía, de chistes non-stop regados por buen vino, a las muestras de solidaridad entre compañeros, a la generosidad de los intervinientes que atendieron en la medida de sus posibilidades a los interesados fuera de sala, derribando jerarquías estériles de los supuestos divos de la traducción. Gracias a Sergio España por permitir que el comando cordobés okupara su acogedora morada y a toda la organización por atendernos y seguir al pie del cañón antes, durante y después del encuentro. Vuestro esfuerzo ha merecido muchísimo la pena. Gracias también a ti, lector, si has conseguido llegar hasta el final de esta larga reseña. Si te ha gustado, tú y yo tenemos una cita el año que viene en Sevilla, en otoño, en el SELM 2016. ¡Hasta pronto!

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