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Sinsajo

Sinsajo
Título original: Mockingjay
Autora: Susan Collins
RBA, Barcelona, 2010
Traductora: Pilar Ramírez Tello

A estas alturas, cuando hace ya años que se publicó la famosa trilogía de Los Juegos del Hambre, podría parecer un poco desfasado detenerse a hacer una reseña de alguno de los tres libros. Sin embargo, en el momento de escribirse estas líneas (noviembre del 2015), se acaba de estrenar la película que cierra la saga, y Sinsajo vuelve a estar de actualidad, incluso para quienes preferimos leer los libros antes de verlos plasmados en la pantalla. Por otra parte, nos da la oportunidad de hablar aunque sea brevemente de un aspecto de la traducción editorial que no siempre es conocido por el público en general: el de las traducciones de éxitos a gran escala y cómo el traductor encaja dentro de la enorme maquinaria que se pone en marcha.

La trilogía

No podemos hablar del libro sin dar primero unas pinceladas acerca de la trilogía en sí. Para los no iniciados en el universo de Los Juegos del Hambre, diremos en primer lugar que se trata de una obra distópica mal clasificada como «literatura para adolescentes». Es increíble el daño que el marketing puede llegar a hacer, hasta el punto de convertir un digno producto de ciencia ficción (ya de por sí un género mal visto) en un producto «para jóvenes», con lo que se ganan muchas ventas, por supuesto, pero también se estigmatiza aún más a la obra. Motivo por el que muchos adultos ni siquiera se plantean su lectura. En mi opinión, una pena.

Personalmente, me fascinan las distopías, porque suelen ser reflejos de nuestra realidad, solo que corregida y aumentada. Esta, desde luego, no defrauda.

Está ambientada en un futuro en el que hay un estado llamado Panem, gobernado por el presidente Snow, un dictador cruel y sádico. El estado está dividido en trece «distritos», de los cuales solo uno —el Capitolio— es rico y decadente, mientras que el resto malvive esclavizado para aportar materias primas con las que garantizar el bienestar del primero. Todo muy edificante.

Para conmemorar el aplastamiento de la rebelión de los distritos rebeldes contra el Capitolio, cada año se celebra un espectáculo de «pan y circo» llamado «Juegos del Hambre» a los que cada distrito envía una pareja de modernos gladiadores (los «tributos»), elegidos por sorteo ineludible, con la sana y deportiva intención de que se maten entre ellos, y ver quién sobrevive. Todo eso, ante una ávida audiencia que sigue las pruebas en directo. Un engranaje que parece perfectamente aceitado e incuestionable, hasta que tienen la mala suerte de que una joven llamada Katniss participe en los Juegos y, sin tener intención de ello, se convierta en el símbolo de la rebelión contra el Capitolio, bajo el sobrenombre de Sinsajo (pájaro ficticio, en inglés mockingjay). Sin destripar demasiado el contenido de cada volumen, podríamos decir que la trilogía está dividida en «tres actos», según la propia autora reconoce: en el primero, se sientan las bases de ese universo distópico y se describe con detalle el mecanismo de terror que Snow utiliza para controlar a la población; en el segundo (En llamas) se nos presenta un estado paralelo rebelde y a un Capitolio que sigue utilizando toda su maquinaria para aplastarlo, y en el tercero (Sinsajo) se produce el enfrentamiento abierto entre ambas facciones: la guerra total, perversamente mediática.

Sinsajo

Lo que podría parecer una de las desventajas de Sinsajo es a la vez su mayor virtud: no hay prólogos ni escenas retrospectivas que te cuenten qué ha pasado en los otros dos libros, no hay concesiones a lectores que se enganchan por primera vez a la saga, no hay más que alguna alusión a lo sucedido al final del último libro. Aunque pudiera parecer pensado para vender también los otros dos libros, en realidad es algo que agradece el lector que ha seguido la saga desde su inicio. Nada más tedioso e irritante que empezar un libro y que te cuenten bajo cualquier pretexto lo que ha pasado en los anteriores. Por el contrario, la narración empieza a bocajarro, sin mucha anestesia, y va directa al grano: la guerra contra el Capitolio.

En los dos primeros libros, la autora nos había impactado con su creación de las gráficas e imaginativas «arenas» en las que se desarrollaban los Juegos y con la descripción de la ridiculez de la decadencia capitolina. A pesar del tema nada amable de la trilogía, todavía había lugar para imaginar escenarios vibrantes y coloridos y fascinarse con la realidad alternativa que nos proponía.
Sin embargo, en Sinsajo de repente nos arroja en medio de un mundo sórdido y oscuro, de un conflicto bélico con el ritmo trepidante y cinematográfico de una guerra de guerrillas muy poco glamurosa y pocas concesiones al lector, juvenil o no. Por si fuera poco, lo sazona con el lúgubre estado de ánimo de Katniss —cada vez más depresivo, no es de extrañar— a veces empeorado por los efectos de la morflina (sic).

Ni siquiera la trama romántica que se desarrolla desde el principio de la saga, y que propicia momentos memorables pero también alguna ñoñez que otra, sirve para paliar la crudeza de la narración.

No hay guerras buenas y malas, nos viene a decir, porque en los conflictos armados vale todo, y cualquier bando es capaz de hacer atrocidades e incluso de justificarlas en aras del «bien mayor». La guerra mata indiscriminadamente, sigue diciendo, y deja secuelas que no son solo físicas. Los protagonistas no solo resultan heridos, sino que arrastran síndrome de estrés postraumático, angustia, miedos y hasta pensamientos suicidas. Hay personajes condicionados para convertirse en asesinos, mientras que otros se dejan llevar por las circunstancias y abrazan el credo del «todo vale». El dolor de la pérdida de un ser querido y la repentina consciencia del maquiavelismo del poder son tan devastadores como una herida de guerra, y sus efectos a veces más duraderos…

Bajo ese ritmo de acción frenética y hasta apresurada en el que alguien muere y se pasa a otra cosa, mariposa, con total rapidez (y ya tendremos luego tiempo de llorarlo, si salimos vivos de esta, igual que en una guerra en tiempo real), subyace una crítica no tan velada hacia el ansia de poder y, más concretamente, a la tentación de imponer, afianzar y perpetuar ese poder mediante mecanismos tan perversos como los que se pretende derrocar. Hay hacia el final del libro dos escenas breves y terribles que nos dejan con un amargo sabor de boca y con la desazón de sospechar que esas cosas podrían estar pasando en la vida real, aquí y ahora, sin necesidad de irnos a un universo distópico.

Y la pregunta lógica: ¿es posible vivir con normalidad después de pasar por algo así?

Traducir a ritmo de conga y salir airosa del intento

Esta es una de esas ocasiones en las que hay tanto que decir sobre la traducción (en más de un aspecto), que por sí sola merecería un artículo aparte.

Para empezar, el nombre de la traductora, Pilar Ramírez Tello, aparece en la portada interior, justo debajo del título, y no solo en la página de créditos. Es un detalle que antes se reservaba solo para los traductores «consagrados» y para ciertos autores clásicos y que podría resultar chocante en un libro de fantasía o ciencia ficción, géneros tradicionalmente menospreciados por la élite cultural. Pero debería darnos una pista de que estamos ante una traductora con una cierta reputación… y de una editorial con una cierta sensibilidad, todo hay que decirlo.

Aunque injustamente encasillada en la llamada «literatura juvenil» (entre otras obras, también es la traductora de la saga Divergente, de V. Roth), Pilar es una traductora con amplia experiencia en el sector editorial, como se puede ver en esta lista de títulos.

Su trabajo a lo largo de toda la trilogía, y no solo de esta última entrega, ha sido más que admirable. En ella ha tenido que lidiar con un universo en el que hay animales y tecnología inventados, con cambios de atmósfera y humor que pasan de la hilaridad y el surrealismo del universo televisivo del primer libro a la manipulación mediática y la acción trepidante del segundo, hasta llegar al ritmo oscuro y bélico del tercero. Ha tenido que dar una voz creíble en castellano a personajes depresivos, suicidas, esperpénticos, adictos, crueles, románticos, inocentes, esperanzados y derrotistas. Sin perder de vista al original (a veces, de un ritmo tan rápido que puede resultar lioso) y sin caer en la tentación de «facilitar» las cosas cuando la autora no las facilita. Chapó.

Pilar es, además, una colega generosa, que desde antes de que la saga Los Juegos del Hambre la convirtiera en un nombre popular, siempre ha estado dispuesta a responder a entrevistas o asistir a mesas redondas y hablar de la profesión en general y de su experiencia en particular. En concreto, no ha ocultado —más bien, lo ha comentado siempre que ha podido— que este libro, el más extenso de la trilogía, por exigencias editoriales lo tradujo exactamente en veinte días naturales (sí, veinte días, 20, suponemos que con parte de sus veinte noches), mientras que para los otros dos libros anteriores de la misma saga había contado con un plazo de tres meses, que era más o menos lógico para la temática y la extensión de las obras. Ese es un punto que me gustaría destacar, porque cada vez es más frecuente que, bajo el pretexto de evitar filtraciones y de hacer un lanzamiento simultáneo en varios idiomas, el traductor disponga del tiempo mínimo imprescindible (y a veces, incluso menos que eso). Esa práctica lleva implícito el riesgo de una potencial pérdida de calidad, ya sea por las prisas al traducir o por las prisas al revisar, pero raras veces es algo de lo que se entera el lector, que lógicamente espera obtener calidad a cambio del dinero que cuesta un libro, y que es totalmente ajeno a estos intríngulis de la profesión.

Afortunadamente, al haber traducido ella misma las otras dos entregas de la saga, a pesar del poco tiempo de que dispuso, ahora nosotros podemos disfrutar de una traducción coherente, redonda y bien hecha —con genialidades como llegar a «sinsajo» a partir de «mockingjay»— y de esa virtud que tienen los buenos traductores de hacer que un texto parezca escrito en el idioma en el que se lee.

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