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Entrevista a Andrea Villar, alumna de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Salamanca

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Tribuna universitaria: La universidad en primera persona

Entrevista a Andrea Villar, alumna de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Salamanca

Andrea Villar
Andrea Villar del Valle, de Zamora, es estudiante de Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca, con la combinación lingüística de español, inglés y alemán. Gracias a una beca Erasmus cursó su segundo año de carrera en la Universidad de Heidelberg (Alemania). También estudia Lengua y Literatura Españolas en la UNED y le gustaría especializarse en Traducción Jurídica.

Ángela Blum
Ángela Blum es traductora autónoma de inglés y francés a español desde 2004. Estudia Ciencias Ambientales y está especializada en la traducción de textos sobre energías renovables, desarrollo sostenible y medio ambiente. Colabora en la maquetación en HTML de La Linterna y en las secciones «Traducción científica y técnica» y «Tribuna universitaria».

Empecemos con la pregunta obligada, ¿por qué decidiste estudiar Traducción e Interpretación?

Lo decidí el último año de bachillerato. Pensaba estudiar Medicina, pero creo que tampoco había reflexionado demasiado sobre ello. En los institutos prevalece esa idea de que los buenos estudiantes deben ceñirse a las ramas de ciencias a menos que tengan clarísima su vocación humanística. Todo el mundo insiste en que tienen más salidas y el propio sistema educativo infravalora las humanidades. Cuando me decidí por la rama científica, sabía que desde allí podría acceder a carreras como Filología o Derecho si después cambiaba de opinión. En cambio, habría sido muy complicado optar por un grado de ciencias después de un bachillerato de letras.

Por estos motivos realmente no me planteé qué quería estudiar hasta el último año de instituto. Siempre me habían gustado los idiomas y mi asignatura favorita era, sin duda, Lengua Española. Me encantaba leer y también me gustaba escribir, pero no estaba segura de querer estudiar Filología porque no me llamaba la atención una carrera tan teórica. La verdad es que me sentía perdida. Fue entonces cuando, por casualidad, oí hablar de Traducción e Interpretación y pensé que reunía todo lo que me gustaba. Se basaba en la aplicación práctica, y no solo teórica, de la lengua española y los idiomas extranjeros. Investigué un poco y me di cuenta, además, de que las salidas eran numerosas y se relacionaban con otras disciplinas, como el Derecho y las ciencias.

¿Te gustaría aprovechar esa vocación inicial para especializarte en traducción científica o hay alguna rama que te interese más?

Lo cierto es que no tengo claro en qué me gustaría especializarme, pero la rama que más me interesa de momento es la de la traducción jurídica. También me gusta la científica, pero solo la he cursado durante un mes. Seguro que antes de terminar la carrera cambio de opinión unas cuantas veces. En cualquier caso, me gustaría dedicarme a la traducción y me llama la atención el mundo de las instituciones internacionales.

Hasta el momento, ¿qué te ha parecido el plan de estudios que has cursado? ¿Cambiarías algo?

En general estoy bastante contenta. El primer curso se orienta sobre todo al aprendizaje del español y de la primera lengua extranjera, el inglés en mi caso. La formación que recibimos en ambas es inmejorable y dudo que alguno de mis compañeros no esté de acuerdo. Además, durante el primer año también cursamos una asignatura cuyo contenido, en mi opinión, debería extenderse a otros cursos y materias: Fundamentos de Traducción. Se trata de un acercamiento a la teoría de la traducción y a temas como la manipulación del lenguaje, la cuestión del poder o el feminismo en la traducción. Por otro lado, a diferencia de otras universidades, comenzamos a traducir ya en el primer año, por lo que entramos en contacto con la práctica desde el principio.

En el segundo curso solemos irnos de Erasmus. Yo estuve en Heidelberg (Alemania) para mejorar mi segunda lengua extranjera. El plan de estudios de Salamanca está perfectamente adaptado para estas estancias en otros países: no hay demasiados problemas a la hora de convalidar y los muchos créditos de optatividad de este año nos brindan la oportunidad de cursar asignaturas que no tenemos en Salamanca, sobre todo relacionadas con la cultura. Yo, por ejemplo, tuve varias sobre literatura. No obstante, durante este año contamos con varias asignaturas en línea que pretenden proporcionarnos los conocimientos básicos necesarios para la traducción especializada del tercer curso; se centran en la Economía y el Derecho. Creo sinceramente que están mal planteadas y que el tiempo que invertimos en ellas no repercute, en absoluto, en nuestro rendimiento durante el año siguiente.

En tercero cursamos Interpretación por primera vez, en las modalidades consecutiva y simultánea. También comenzamos con la traducción especializada y dedicamos sendos semestres a la jurídica y la científica. Quizás este tiempo tan breve impide que aquellos que no se especialicen en traducción durante el último año se sientan seguros en estos ámbitos, pero he de admitir que la formación que recibimos en ambas asignaturas es impecable.

La queja clásica del alumnado suele ser la falta de un enfoque más práctico, así que llama la atención que en tu caso eches en falta una mayor presencia de asignaturas teóricas como Fundamentos de la Traducción. ¿Podrías explicarnos un poco más este punto?

No considero que en Salamanca haga falta un enfoque más práctico; mi única queja al respecto sería que a veces no se dedica a todas las asignaturas el tiempo necesario. Pero es inevitable, supongo: el nuevo plan de cuatro años obliga a reducir a cuatrimestrales materias que eran anuales y de alguna manera hay que comprimir los contenidos.

En cuanto a mi respuesta sobre la falta de teoría, creo que un traductor debe saber analizar lo que hace y lo que hacen sus compañeros. Es imprescindible que sepamos por qué hacemos algo, y no solo cómo hacerlo. No somos máquinas que traducen mecánicamente. En muchos casos no nos paramos a pensar por qué optamos por un término u otro, por ejemplo, y quizá con ello contribuimos a perpetuar ideas que no defendemos. ¿Traducimos América o Estados Unidos? ¿Y por qué? Me gustaría que dedicáramos más tiempo a reflexionar sobre estas cuestiones y sobre otras que tratamos el primer año en Fundamentos de Traducción.

¿Hay alguna asignatura o experiencia que te haya resultado especialmente positiva o de la que creas que has aprendido más? ¿Algún punto fuerte de tu facultad?

Creo que la Lengua Española de primero ha resultado crucial para los siguientes cursos. Puede que suene a cliché, pero es cierto: de nada sirve dominar muchos idiomas extranjeros sin un conocimiento extenso de la lengua materna. Se trata de la principal herramienta de trabajo del traductor y creo que en Salamanca se le da la importancia que merece.

Por otro lado, cuando estaba en Alemania me di cuenta de la suerte que tengo de estudiar aquí. Mis profesores de allí citaban a algunos que me habían dado clase en Salamanca o que lo harían a mi vuelta. La verdad es que en general son muy competentes y muchos se dedican a la traducción o a la interpretación de forma profesional. Este hecho me parece importante porque algunos nos cuentan experiencias personales relacionadas con el mundo de la traducción y la interpretación, por lo que no siempre se trata de enseñanza puramente académica, sino también de una forma de acercarnos a lo que nos espera después de la carrera.

Considero que otro punto fuerte es que somos pocos estudiantes por clase. En muchas no llegamos a las veinte personas; en algunas, ni siquiera a las diez. Además, mi impresión general es que la mayoría muestra interés por las clases, por lo que resulta fácil trabajar en equipo y participar en el aula.

¿Cómo se ve el mercado en estos momentos desde la facultad? ¿Os llega alguna información sobre temas como tarifas o derechos laborales?

En cuarto hay una asignatura orientada a enseñarnos cómo funciona el mercado laboral: Aspectos Deontológicos de la Traducción y la Interpretación. Por lo que he leído en la guía académica, se centra en aspectos como la ética del traductor, los contratos, las estrategias de negociación, las circunstancias del mercado o el asociacionismo. Creo que es una gran ventaja que contemos con una materia dedicada específicamente a estos temas porque seguro que evitará que nos sintamos demasiado perdidos cuando terminemos la carrera.

No obstante, en los tres primeros cursos algunos profesores también nos hablan de la vida laboral del traductor o intérprete. Nos cuentan anécdotas personales o insisten en la necesidad de una mayor visibilidad profesional. Pero en la mayoría de los casos, los docentes se limitan a destacar la importancia de ofrecer traducciones de calidad para conseguir contratos dignos, y algunos incluso nos dibujan un panorama no demasiado alentador.

Creo que en general a los estudiantes nos asusta acabar la carrera y no saber qué hacer, pero quizás no se deba tanto a lo que nos cuentan en clase o leemos en blogs de profesionales de la traducción como a lo que oímos a la gente de nuestro alrededor. Ya he perdido la cuenta de las veces que me han preguntado si para traducir se necesita una carrera, si eso no lo puede hacer cualquiera que conozca varios idiomas. Esta actitud y las ofertas ridículas (y denigrantes) que encuentro en Internet me hacen preguntarme cómo se va a remunerar debidamente el trabajo de un traductor si no se valora su papel y su formación.

¿Has tenido algún contacto con profesionales del sector, por ejemplo a través de listas de distribución o foros profesionales? ¿Y con asociaciones profesionales?

No conozco ninguna lista de distribución y no participio en ningún foro profesional. Supongo que en cuarto trataremos estos temas en clase, pero de momento he de admitir que no tengo mucha idea. Algo similar ocurre con las asociaciones profesionales: podría citar varias, pero ignoro a qué se dedican exactamente o cómo funcionan.

Por otro lado, en la facultad organizan charlas de antiguos alumnos de vez en cuando; nos hablan de su experiencia laboral después de los estudios y nos animan a que participemos en proyectos de traducción ya durante la carrera. También hemos contado con la presencia de traductores como Miguel Sáenz y Francisco García Tortosa y, además, en la facultad suelen organizarse a menudo conferencias relativas al mundo de la traducción. Este mes, por ejemplo, se ha celebrado una sobre los intérpretes en los juicios de Núremberg, así como el Encuentro Cultural Anual de Novela Juvenil.

Aunque no conozcas ninguna de primera mano, ¿qué idea tienes del papel que pueden desempeñar las asociaciones y de lo que pueden aportar a los estudiantes? ¿Qué crees que podrían hacer para llegar al alumnado?

Ya he mencionado que me preocupa la poca importancia que el público general otorga a la formación del traductor. Hago referencia al público general porque supongo que en el mundo editorial, por ejemplo, la situación es distinta. Creo que las asociaciones suponen la forma más útil de defender los intereses y los derechos del traductor; obviamente una organización es siempre más visible que un profesional en solitario. Pienso, por otro lado, que las asociaciones constituyen una forma de colaboración entre colegas que, de otro modo, desempeñarían su labor de manera más aislada. Las reuniones y los cursos que organizan contribuyen a la formación de los traductores y, al mismo tiempo, permiten que estos se conozcan, interaccionen y extiendan sus redes de clientes.

En mi opinión, las asociaciones pueden orientarnos y ayudarnos a que nos sintamos menos perdidos en cuanto a qué pasará al terminar la carrera. Creo que representan una gran oportunidad para que conozcamos a profesionales que viven de la traducción y que pueden disipar nuestras dudas o, quizás, descubrirnos una rama de la traducción que hemos pasado por alto. Me gustaría que la colaboración con las universidades fuese más estrecha y que las asociaciones acudieran con más frecuencia a las facultades. 

Muchas gracias por tu colaboración y por tus respuestas.

De nada; ha sido un placer.

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