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Traducir libros de cocina: entrevista a Beatriz Villena

Retomamos esta subsección con un tema «sabroso»: la traducción de libros de cocina. Dada la fiebre gastronómica que nos rodea últimamente, se trata de un tema en auge. Por eso, cada vez son más los colegas que, procedentes de otras especialidades, y sin dedicarse a este tema exclusivamente, ahora tienen en su haber la traducción de algún recetario o libro de temática gastronómica o de cocina. Con esta entrevista, intentamos acercar la perspectiva de uno de esos traductores e ilustrar algunas de las dificultades escondidas en los libros de esta temática. Nuestro agradecimiento al aquí te pillo, aquí te mato al que se ha prestado Beatriz, en medio de su apretada agenda de trabajo.

Beatriz Villena
Beatriz Villena, traductora de inglés, francés y ruso, licenciada en Traducción e Interpretación por la Univer­sidad de Granada, empezó su peregrinaje por el mercado laboral trabajando en plantilla como traductora y terminóloga para diferentes agencias españolas. En el 2002 se mudó a Niza (Francia) para trabajar primero como traductora y luego como gestora de proyectos para la multinacional WHP, hasta que en el 2005 decidió volver a casa y lanzarse a la aventura como traductora autónoma. Al principio, siguió en el sector de la traducción informática y de los viajes para agencias de todo el mundo, pero poco a poco empezó a sentir el gusanillo de la traducción literaria. Desde entonces, se ha enfrentado a libros tan variados como manuales de anatomía y de rendimiento deportivo para la editorial Paidotribo; libros de cocina y de terapias alternativas para la editorial Alfaomega; novelas de ficción para Amazon Publishing y novela erótica para Penguin Random House.

Isabel Hoyos
Isabel Hoyos Seijo es traductora autónoma desde 1990. Traduce del inglés al español temas médicos, científicos y técnicos en general, aunque sus principales especialidades son el marketing y el autismo, tema del que lleva traducidos cinco libros y revisados o adaptados otros cuatro. Voraz lectora, también le gusta dibujar mandalas, escribir, tocar la guitarra y cocinar, pero La Linterna, de la que es directora, ocupa últimamente buena parte de su tiempo libre.

Empecemos por saber cuántos libros de cocina has traducido y sobre qué tratan exactamente.

Por ahora, se han publicado Chinatown, un libro de cocina asiática con un toque bastante personal por parte de la autora, y Brasil: libro de cocina, ambos de la editorial Alfaomega. Seguramente irán llegando más, porque formo parte del equipo de traducción de una colección de la editorial llamada Néo-Cook que engloba libros con platos de todo el mundo.

¿Qué otro tipo de traducciones realizas? (literaria, técnica, etc.). ¿Qué diferencias o similitudes destacarías entre la traducción de libros de cocina y ese otro tipo de traducciones?

Soy un alma inquieta y no me gusta encasillarme en un tipo concreto de traducción. Al menos, por ahora, no lo han conseguido. Así que sí, compagino diferentes tipos de traducción editorial, desde libros de ficción (romántica, erótica, aventuras, etc.) a libros científicos y divulgativos (cocina, terapias alternativas, rendimiento deportivo, etc.) y traducciones técnicas para diferentes agencias. Y todo sin volverme loca… o eso creo.

En cuanto a las diferencias y similitudes, para mí traducir un libro de cocina se parece bastante a traducir un libro muy técnico, porque tienes poco margen para la redacción y las florituras lingüísticas (remover es remover, y freír es freír, no hay mucho más), pero sobre todo, en los libros de una gastronomía muy alejada de la propia, tienes que hacer una investigación bastante exhaustiva sobre los ingredientes para saber de qué te están hablando. Diría que traducir cocina es un 20 % redacción y un 80 % investigación.

Estamos de acuerdo en lo que se refiere a que se trata en realidad de una traducción técnica, solo que al estar en el ámbito editorial, se tiende a pensar en ella más como una traducción «literaria». En otro orden de cosas, ¿te gusta cocinar o algún aspecto de la gastronomía? ¿Es requisito indispensable para traducir este tipo de textos, o sucede como con los manuales técnicos, que no necesariamente tienen por qué fascinarte?

Bueno, la verdad es que me gusta cocinar, y cuanto más exótico sea el plato, casi mejor, pero soy de los que piensan que no tienes necesariamente que ser experto en todo aquello que traduces, siempre y cuando seas capaz de hacer un trabajo de documentación medianamente decente. Por supuesto, saber de lo que estás hablando te facilita bastante la vida, cómo no.

Pero convengamos que hay muy diversos grados de complejidad en lo que se refiere a ingredientes y técnicas, por ejemplo, y que no es lo mismo traducir una receta de un plato más o menos «reconocible» que un exótico plato asiático, con ingredientes de lo más variopinto. ¿Cuáles son las principales dificultades a las que te has enfrentado a la hora de traducir esos libros? ¿Cómo abordas el proceso? Terminología: ¿dónde la buscas? ¿Conocías las técnicas de cocina básicas o has tenido que documentarte de alguna forma?

Para mí lo más difícil es traducir los ingredientes más exóticos, esos que, por ejemplo, en el caso de Brasil, solo se pueden encontrar allí y que incluso, dentro del propio país, ya son raros. El segundo libro trata sobre cocina amazónica, así que ya de por sí es bastante específico y ajeno a la gastronomía española. En el caso de la cocina asiática, ya está mucho más integrada en nuestras vidas, por lo que no me supuso tanto problema, más allá de los nombres de un par de frutas y setas.

Para el libro de cocina brasileña, tuve que manejar fuentes y diccionarios en portugués para que me dieran una pista de sobre qué estaban hablando, más luego fuentes sobre flora y fauna amazónicas. En cuanto a la cocina asiática, quizá sí tuve que investigar más sobre técnicas de corte de las frutas, digamos, menos convencionales y sobre los diferentes tipos de vaporeras que manejan, porque se cocina bastante al vapor.

Recuerdo especialmente el tiempo que tuve que pasar consultando las páginas del Ministerio de Agricultura, tanto español como brasileño, para conseguir encajar los diferentes cortes de carne. Para mi sorpresa, aunque todos comemos carne de cerdo y ternera, los lugares de los que extraemos los trozos de carne que se asan o utilizan para un guiso varían de un país a otro e, incluso, de una región a otra. En especial, tuve problemas con la picanha, un corte muy popular en Brasil que correspondería a la parte alta de la cadera y el solomillo español, justo sobre el rabo de la vaca.

¿Podrías indicarnos alguna anécdota o dato curioso? ¿Cuál es el ingrediente o la receta que más quebraderos de cabeza te ha dado?

Me pareció muy divertido el durían. Es un tipo de fruta muy popular en China que, aparte de ser bastante poco agraciada y con pinchos, huele tan mal que está prohibida por ley en los lugares públicos, especialmente en los medios de transporte. En palabras de la autora del libro: «Huele como si hubiera algo muerto en aguas estancadas que llevara puestos los calcetines de fútbol de un adolescente». Así, de entrada, no apetece mucho probarla, pero según parece está bastante rica y sabe como a natillas.

También me dio muchos quebraderos de cabeza un tipo de pimiento brasileño que en inglés habían traducido como kiss peppers. Me volví loca para buscar una traducción, porque el nombre en inglés hace referencia a un tipo de bombón, al parecer bastante conocido en la cultura anglosajona, llamado kiss, que tiene la misma forma que el pimiento en cuestión, pero, claro, eso no era transferible al español. Para complicar las cosas, en algunas webs en inglés lo traducían como little beak peppers, y en algunas webs en español aparecían como «pimientos del piquillo», cuando no son ni remotamente parecidos a estos. Después de mucho investigar, descubrí que era una variedad de pimiento desarrollada mediante hibridación por una institución pública brasileña y que su nombre en portugués es pimenta biquinho que vendría a ser algo así como «pimiento del piquito» (tanto con el significado de «besito leve en los labios», como porque tiene un pequeño pico), traducción que no podía utilizar porque se podría prestar a confusión con nuestros pimientos del piquillo, así que opté por dejarlo en portugués y explicarlo en el correspondiente glosario que incluyen casi todos los libros de cocina.

También en el libro de cocina brasileña, tuve que investigar bastante los términos banana y plantain. Aunque en España tendemos a llamar a todo «plátano» y, si acaso, entendemos que el plátano es el producto nacional, mientras que la banana es la variante sudamericana, al otro lado del charco se diferencian principalmente por el tipo de uso que se les da, dependiendo de la especie a la que pertenecen. Las bananas (banana en inglés) se suelen consumir crudas y se utilizan principalmente en repostería, mientras que los llamados plátanos (plantain) suelen cocinarse, por su alto contenido en fécula. Si seguimos esta lógica, nos damos cuenta de que el plátano canario en realidad es una banana cuya denominación de origen protegida es plátano de Canarias. También dudé con la opción de traducir plantain como plátano macho, que es lo más parecido a un «plátano para cocinar» que puedes encontrar en un supermercado español, pero el plantain se corresponde a la variedad Musa × paradisiaca —resultante de hibridar la Musa acuminata y la Musa balbisiana— y considerada la variante comercial de plátano más extendida, mientras que el plátano macho es la Musa balbisiana propiamente dicha, procedente de Asia principalmente.

¡Qué jaleo! No sabíamos que un simple plátano pudiera dar tanto juego… Una pregunta capciosa: ¿has seguido alguna vez una receta que hayas traducido?

No al pie de la letra, pero sí que me ha dado ideas para experimentar, sobre todo ese típico día que no te ha dado tiempo a salir a hacer la compra y tienes que ingeniártelas con lo que tienes en la nevera. Eso sí, algunas de las recetas las he marcado, a ver si un día puedo llevarlas a la práctica.

Muchas gracias por tu buena disposición y por acercarnos un poco más este tema.

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