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Pilar de Luna, un raudal de energía a favor de los excluidos

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Pilar de Luna, un raudal de energía a favor de los excluidos

El 29 de junio de 2017 falleció Pilar de Luna y Jiménez de Parga, socia de honor de Asetrad, magistrada del juzgado de lo Penal 29 de Madrid y una de las principales voces del mundo jurídico que ha denunciado las carencias de la interpretación judicial en España. Este editorial es nuestro homenaje, a través de las palabras que generosamente nos ha cedido Javier Sancho Durán.

Pilar de Luna

«La Administración del Estado está quebrantando los cimientos de la justicia al permitir el sistema de externalización del servicio de traducción e interpretación que deja en manos de los intermediarios»1. No son palabras de un intérprete judicial molesto porque no llega a fin de mes. Tampoco es la enésima protesta contra las licitaciones de una asociación de traductores. La afirmación forma parte de una ponencia que la magistrada Pilar de Luna y Jiménez de Parga pronunció, en el 2010, en el XXV Congreso de Jueces para la Democracia, asociación a la que pertenecía.

La magistrada se había visto obligada a suspender juicios en numerosas ocasiones por la incompetencia de estas personas metidas a intérpretes.

No era la primera vez que Pilar de Luna denunciaba que la mala calidad de la interpretación judicial vulneraba los derechos de los ciudadanos extranjeros. En el 2009, envió un informe a la Directora General de Relaciones con la Administración de Justicia quejándose de que las adjudicatarias enviaban «a personas que carecen de la cualificación necesaria [...] sin ningún conocimiento de lenguas ni de interpretación»2. Estos intérpretes improvisados no hablaban castellano, no tenían titulación alguna, mostraban dificultades para entender o interpretar a las personas que intervenían en el juicio… Muchos no sabían ni dónde colocarse. La magistrada se había visto obligada a suspender juicios en numerosas ocasiones por la incompetencia de estas personas metidas a intérpretes.

Pilar de Luna puso el dedo en la llaga en un asunto que no había recibido suficiente atención en el mundo jurídico. Con muchas lenguas africanas, asiáticas o incluso con el árabe, los jueces dependen por completo de la fiabilidad del intérprete que les envía la adjudicataria. «Me pregunto qué criterios de selección podemos tener los jueces/as para habilitar a una persona como intérprete en un juicio oral si no tenemos forma de saber si esta persona que se nos envía conoce bien la lengua que habla el acusado», explicaba a sus compañeros de Jueces para la Democracia. Ciertamente, pocos jueces hablan el wolof, el suajili o el urdu, por citar algunos ejemplos. «¿Qué seguridad me ofrece ese interlocutor si no tiene un título homologado?», continuaba. Se enviaban a los tribunales demasiados intérpretes que no ofrecían garantías. Con ello se lesionaban los derechos de las personas que no hablaban español.

Las reivindicaciones de Pilar de Luna fueron muy bien recibidas por los intérpretes judiciales y por los traductores e intérpretes en general. El sector venía denunciando desde hacía tiempo la difícil situación de los intérpretes en los tribunales. La externalización de los servicios de traducción e interpretación había expulsado a los profesionales de los juzgados. Estos habían sido reemplazados por personas sin la preparación necesaria, pero dispuestas a aceptar la exigua remuneración ofrecida por las adjudicatarias. Como escribía Pilar, los intérpretes profesionales habían sido sustituidos por «personas no cualificadas, con empleo precario, explotadas laboralmente, que venían a hacer las funciones de intérpretes judiciales a los tribunales de justicia»3.

El objetivo primero de Pilar de Luna no era defender los derechos de los intérpretes, sino los de los más vulnerables, en ese caso, las personas extranjeras que eran juzgadas por lo penal. A pesar de ello, fue una de las pocas juristas que se dio cuenta de que los intérpretes eran una pieza indispensable del proceso judicial. Si no se garantizaba la calidad de su trabajo, los ciudadanos extranjeros quedaban totalmente indefensos en los procesos penales.

En este contexto, no es de extrañar que la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes la nombrara socia de honor. Al aceptar la distinción, Pilar nos brindó la oportunidad de conocerla. Era un torrente de pasión y vitalidad que nos emocionó a todos en las charlas y mesas redondas en que participó. En esas ocasiones nos relató los problemas que suponía para un juzgado que el servicio de interpretación no fuera fiable. Era imposible oír sus palabras sin compartir su indignación.

En uno de sus últimos artículos, Pilar volvía a ponerse en la piel de los más débiles: en concreto, de los desplazados por el conflicto de Siria.

Este espíritu de lucha siempre estuvo del lado de los marginados. En uno de sus últimos artículos, Pilar volvía a ponerse en la piel de los más débiles: en concreto, de los desplazados por el conflicto de Siria. El texto parte de la rigurosidad propia de alguien con la sólida formación jurídica de la magistrada. Al mismo tiempo, es un texto próximo y directo que, por ejemplo, nos recuerda que, en ese asunto —y tal vez en muchos otros—, estamos «comportándonos como idiotas por no comprender que la única frontera real del ser humano en la vida, es la muerte»4.

Ahora es ella la que ha atravesado esa frontera. Lo ha hecho sin bajar la mirada. «Siento en mi mezquita interior que he superado el miedo a la muerte», nos escribía a los socios de Asetrad hace unos meses. Se ha ido, además, con la promesa de mantener su lucha a favor de los desfavorecidos. «Y si la corrupción y la injusticia crecen en esta terca tierra, donde los miserables y excluidos del sistema pierden su fuerza existencial, enviaré mis energías en forma de relámpagos», añadía.

En nuestra mano está tomar el testigo de Pilar. Seguir luchando por los vulnerables con su mismo entusiasmo. Como asociación, como profesionales y, sobre todo, como personas. Es nuestra labor, como puente entre culturas, y es una herencia que nos deja. La de no comportarnos como idiotas.

 

, socio de Asetrad

Julio del 2017

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1 de Luna, Pilar. «El intérprete judicial: ese interlocutor emocional entre el acusado y el juez». XXV Congreso de Jueces para la Democracia: 25 años de Justicia Democrática [Bilbao], (27 de mayo del 2010). [Consulta: 13-7-2017].

2 de Luna, Pilar. «Informe a la Directora General de Relaciones con la Administración de Justicia». Diario La Ley, n.º 7368, (24 de marzo de 2010). [Consulta: 13-7-2017].

3 de Luna, Pilar. op. cit. (nota 1).

4 de Luna, Pilar. «Un inmigrante indocumentado es como un pez que se desangra». Diario La Ley, n.º 8640, (6 de noviembre de 2015). [Consulta: 13-7-2017].

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