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Entrevista a Benjamin Rouxel, coordinador de traducciones del Museo del Louvre

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Entrevista a Benjamin Rouxel, coordinador de traducciones del Museo del Louvre

A finales del 2016, los compañeros de la SFT de París invitaron a su charla mensual a uno de los coordinadores de traducciones del Museo del Louvre. Allí descubrimos a un colega apasionado por su oficio que se desenvolvía con soltura entre traducciones en el museo con más visitantes del mundo. Benjamin Rouxel nos recibió un año después para hablar con La Linterna del Traductor sobre traducción museística y la singular experiencia de la gestión interna de traducciones en el Louvre.

Para contextualizar la entrevista, conviene apuntar que en torno al 70 % de los visitantes del Louvre del último lustro son extranjeros. En el 2017, tuvo algo más de ocho millones de visitantes: un 30 % provenía de Francia, un 15 % de EE. UU., un 9 % de China, un 4 % del Reino Unido, un 3,5 % de Alemania, empataban con un 3 % España, Italia y Brasil, un 2 % eran de México y un 5 % del resto de Hispanoamérica.

Benjamin  Rouxel
Benjamin Rouxel se graduó en Traducción en la ESIT de París en el 2013, tras estudiar inglés y español en la Universidad Rennes 2 de Bretaña, de donde proviene. Una vez entregado su trabajo de fin de estudios sobre cooperación policial europea, pudo conocer los entresijos del oficio de traductor en la ONU. Después, se fue especializando en historia del arte y museos y empezó a trabajar como coordinador de traducciones en el Museo del Louvre.

Sergio España
Sergio España es traductor y se especializa en traducción museística y de cómics. Traduce para el Centre Pompidou desde hace cuatro años, actividad que compatibiliza con los cómics y las humanidades. Vive en Sevilla y trabaja físicamente en Tramallol —un revuelto de personas, saberes y proyectos—. Además, desde el 2013 es profesor sustituto interino de Traducción en la Universidad Pablo de Olavide.

¿Cómo surgen los puestos de coordinación de traducciones del Museo del Louvre?

En sus orígenes no era un servicio transversal, sino una rama del Servicio Multimedia que se ocupaba de las traducciones de este campo: internet, audioguías, dispositivos digitales… En el 2006 contrataron a la jefa de nuestro actual servicio, Anne-Myrtille Renoux, para coordinar la versión japonesa de la web. Tras ese proyecto concreto, le pidieron que coordinara la actualización de la versión en inglés y poco a poco le fueron encargando proyectos relacionados en general con lo multimedia. Cuando se abrieron al público en el 2012 las nuevas salas del Departamento de Artes del Islam, su directora entendió que lo ideal era que una misma persona coordinara la traducción de toda la mediación del departamento (multimedia y no multimedia). El museo ya estaba convencido en la época de la necesidad de abordar las traducciones de manera transversal: aunque se contrataba a traductores profesionales, no había unificación ni coherencia entre, por ejemplo, la audioguía y una cartela, por lo que los resultados eran muy desiguales. La transversalidad empezaba a organizarse de manera oficiosa y Anne-Myrtille Renoux fue ampliando sus funciones, además de hacer mucho trabajo de pedagogía. Con la llegada a la dirección del museo de Jean-Luc Martinez en el 2013, se concretó al fin la coordinación de traducciones en todo el museo, y en el 2014 se creó el Servicio de Recursos Documentales y Editoriales, que no solo se ocupa de las traducciones, sino también de otros ámbitos como las imágenes (derechos de autor, fotos de obras para ilustrar los catálogos de exposiciones…), las bibliotecas o las bases de datos científicas.

¿Cuántos trabajadores sois en plantilla?

Además de Anne-Myrtille Renoux, que es la jefa del servicio, mi compañero Manuel Ríos y yo nos dedicamos en exclusiva a coordinar las traducciones de todo el museo. Somos dos personas a tiempo completo coordinando traducciones más la jefa del servicio, que también se encarga de otras cosas, pero que tiene formación como traductora. En algunas ocasiones, además, tenemos el refuerzo de un puesto temporal.

Así que coincide la concienciación interna en el museo sobre la importancia de garantizar la calidad y la coherencia de las traducciones con la presencia de personal con formación universitaria relacionada con la traducción…

Así es. La gente ajena al mundo de la traducción suele desconocer los entresijos de nuestro trabajo —y los profesionales del Louvre no son una excepción—, así que nuestra tarea es explicarlo y ponerlo en valor. Y sorprende, porque desde hace años se tenía en mente la unificación y la coherencia de los textos en francés (audioguía, cartelas…), pero no de las traducciones. Además, por supuesto, interviene un elemento más prosaico, como el ahorro de costes. Antes, cada servicio podía enviar a traducir el mismo texto o casi: internet, comunicado de prensa, cartel de sala… Había una pérdida de calidad y una pérdida financiera que el museo ha conseguido controlar con la creación de nuestro servicio.

Antes de hablar de traducción, ¿puedes decirnos qué tipo de textos produce el museo en francés y quién los escribe?

Dentro del museo, la señalética cultural, es decir, los paneles y las cartelas en general, las escriben los conservadores. Si se renueva una sala y se rehacen los textos de mediación, los escribe el conservador encargado de la sala o de la colección. Luego pasa al Servicio de Mediación Gráfica y Digital, que revisa los textos y los adapta en función de la línea editorial del museo, de las necesidades de unificación con el resto de la señalética y de temas de accesibilidad. En el 2015, impulsados por el nuevo director, empezamos el proyecto de refundación de la mediación para adaptar el museo al público, por lo que desde entonces estamos adaptando y reescribiendo todos los textos del museo. Así que, en monolingüe, escribe un conservador, luego pasa al Servicio de Mediación Gráfica y Digital y luego se manda a correctores autónomos para una revisión ortotipográfica.

La audioguía, por su parte, no es escritura original tal cual, sino que los textos son descripciones de los conservadores mientras van hablando frente a una obra que luego se guionizan. El volumen más importante de textos (catálogos, libros de arte, etc.) emana de la editorial del museo y no se suele traducir. También se redactan folletos institucionales, artículos científicos para revistas extranjeras o textos específicos para la web: notas sobre las obras, textos para los módulos pedagógicos…

Y una vez que sabemos con qué tipo de textos soléis trabajar en vuestro servicio: ¿a qué idiomas traducís y qué tipos de textos soléis manejar?

Depende, esto no es una organización internacional en la que todos los textos se tengan que traducir a los idiomas oficiales de trabajo, aquí vamos adaptándonos. No lo traducimos todo, solo lo que puede ser interesante para el visitante extranjero y para la proyección internacional del museo. Y, además, depende del soporte. La web, por ejemplo, está traducida al inglés, japonés y chino. La versión japonesa existe gracias al mecenazgo de una empresa japonesa, que ha posibilitado que el museo ofrezca una versión en japonés de la web.

Las cartelas, por su parte, se traducen al inglés. Aún no está así en todo el museo, porque es un proyecto en construcción. Como te decía, estamos reescribiendo todo en francés, así que a la vez vamos traduciendo los nuevos textos conforme avanza el proyecto, sala a sala, colección a colección. Antes solo se traducían las cartelas en proyectos concretos. Los paneles de sala, por su parte, son trilingües: francés, inglés y español.

Hay casos particulares, como las exposiciones temporales, que siempre van en francés e inglés, más una tercera lengua que varía en función de la exposición, como puede ser el italiano para una exposición sobre Leonardo da Vinci…

La audioguía está en seis idiomas: inglés, español, italiano, alemán, japonés y coreano. Y se está trabajando en las versiones en portugués y en chino, que se acabarán pronto. Este caso es especial porque el servicio está externalizado, así que la traducción no pasa por nosotros, aunque sí que revisamos y damos el visto bueno final.

¿Por qué el español en los paneles de sala?

El 10 % de nuestros visitantes son de lengua materna española, así que la frecuentación es el motivo principal. Además, aunque no sea un motivo que defienda en principio como traductor, hay otro motivo que se tiene en cuenta en la sociología cultural: si preguntamos a los visitantes qué lengua podrían entender mejor de entre las que no saben, el español gana sobre el chino, ya que un italiano o un portugués van a poder captar algunas ideas a partir de palabras sueltas. Así que los paneles que explican a cada visitante lo que va a descubrir en la sala están en francés, inglés y español.

Antes de pasar a otra cosa: ¿qué variedad de español? Y ¿tú o usted?

Usamos el español peninsular. Como museo europeo decidimos usar las variantes europeas de cada idioma, aunque no reflejen necesariamente las cifras de frecuentación (los estadounidenses, por ejemplo, conforman el mayor número de visitantes después de los franceses). Es un criterio que nos permite tomar decisiones coherentes sin tener que establecer una jerarquía entre las variantes lingüísticas.

Respecto al tuteo, aunque sabemos que grandes museos en España como el Prado tutean, preferimos hablar de usted por un sencillo motivo: el le choca más a un hispanoamericano que el usted a un español.

¿Quién decide este tipo de cosas?

Lo decidimos nosotros, nuestro servicio, para eso estamos. Debatimos con los traductores y tomamos un camino. Este tipo de decisiones puramente lingüísticas corresponde a nuestro nivel de toma de decisiones. Sin embargo, pedimos sistemáticamente la validación científica de los departamentos de conservación o de la dirección general a la hora de tomar decisiones terminológicas de gran calado referentes a la exactitud científica de los textos (como, por ejemplo, la transcripción de términos de lenguas antiguas).

¿Quién traduce los textos?

Trabajamos con traductores autónomos especializados en historia del arte, a veces especializados en campos muy concretos, y son siempre personas concretas con las que podemos entablar una relación directa. Hacia el español traducimos también internamente, ya que mi compañero del servicio es español, por lo que él es quien traduce en la medida de lo posible. Yo soy nativo de francés, así que me encargo de lo poco que llega en mi combinación natural.

Las traducciones a inglés, español e italiano las revisamos nosotros en coordinación con los traductores. Para el resto de los idiomas, recurrimos a una segunda persona para la revisión. A veces el conservador también pide validar la exactitud científica de la traducción, sobre todo en inglés, claro. Así que nosotros gestionamos, revisamos y estamos en permanente contacto con los conservadores para solventar dudas.

Nuestros lectores querrán saber cómo contratáis a nuevos traductores…

Cuando nuestros colaboradores habituales no están disponibles o cuando traducimos a un idioma nuevo recurrimos a varios métodos. En inglés nunca pasa porque tenemos desde hace tiempo un amplio abanico de colaboradores y además vamos siempre trabajando por lotes. Si un traductor ha hecho una sala de escultura, para la siguiente, en la medida de lo posible, intentamos recurrir a la misma persona.

Para otros idiomas, como el chino, es difícil encontrar profesionales especializados en museos e historia del arte: solo conocemos a una traductora de francés a chino con un alto nivel de competencia y fiabilidad, con la que trabajamos codo con codo. Para este idioma, hemos decidido ir sin revisión, ya que consideramos que una buena traducción sin revisión externa es mejor que una mala traducción que necesite una revisión en profundidad. Para la audioguía, por ejemplo, nuestra traductora de confianza nos recomendó a los traductores y ella se encargó de revisarlo todo.

Lo que confirma algo que decimos a menudo en Asetrad: la mejor manera de encontrar un buen cliente es cuando un compañero te recomienda.

Claro, en este caso ella misma fue quien nos recomendó a otros profesionales. Para lenguas nuevas, cuando el año pasado trabajamos con el sueco, que nunca habíamos tocado, buscamos a un traductor y un revisor desde cero. Es algo arriesgado, pero contactamos con el Centro Cultural Sueco y con la SFT y montamos un equipo desde cero que funcionó muy bien, lo que también es algo de suerte.

Quizá no es tanto suerte sino la prueba de que un equipo de traducción formado por profesionales sabe dónde y cómo buscar a sus proveedores y garantizar la calidad necesaria en todo el proceso.

Sí, claro, la profesionalización del servicio limita al máximo los riesgos.

¿Convocáis licitaciones?

Por ahora no, pero sin duda lo haremos en el futuro. Los procesos son lentos en una institución como esta y hay que construir una licitación de calidad. El objetivo no es una licitación que tire a la baja los precios y, por tanto, la calidad, sino mantener nuestras relaciones de trabajo directas y de confianza con los traductores para mantener un alto nivel de calidad. Para eso, hay que construir una licitación compleja y, además, hay que sensibilizar a los traductores, que no suelen estar acostumbrados a participar en un concurso público, cuyos procedimientos les suelen echar para atrás por sus complejidades.

¿Conoces otros servicios de coordinación transversal de traducciones en museos franceses o del resto del mundo?

No, creemos que por ahora el Louvre es el único museo que ha creado puestos específicos para la traducción. En el resto de los museos suele ser un servicio gestionado por el servicio de mediación o de comunicación. Aunque últimamente estamos recibiendo peticiones de otros museos, tanto de los grandes de París como de museos pequeños del resto de Francia, preguntándonos por los procedimientos, por contactos de traductores…

Prueba de que sois un referente para otros centros que pueden ver en vosotros que hay que profesionalizar los servicios de traducción.

No sé si somos un referente, pero desde luego trabajamos todos con un mismo espíritu. Intentamos ser útiles, sin duda. Como diría nuestro presidente-director, el Louvre es una institución pública que tiene que liderar la mirada museológica de otros museos.

Un par de preguntas más. En primer lugar, ¿qué caracteriza la traducción museística?

Bueno, quizá para los traductores sea obvio, pero en este ámbito, más que en otros, el traductor tiene un claro papel principal de mediador. En un museo, el traductor es mediador, claro, pero también de lo que llamamos mediación cultural, porque tiene que atender con mimo las necesidades específicas del visitante extranjero. No solo tiene que preguntarse por las necesidades del original en francés, sino que debe preguntarse qué necesita el visitante, qué hay que clarificar, qué hay que añadir. Los textos del Louvre tienen una gran carga de historia de Francia, hay que tener un acervo importante francés y europeo, por lo que el traductor es un auténtico mediador cultural.

Acabemos con los títulos. ¿Cómo se traducen los títulos?

Es complicado, sí. Resumiendo mucho, hay dos tipos de títulos: los que traducimos tal cual y los que tienen una traducción, por así decirlo, canónica: los especialistas en tal lengua utilizan tal título. La Gioconda en inglés es Mona Lisa, punto. En estos casos, sobre todo para las pinturas y esculturas de la Era Moderna, es un trabajo de documentación en catálogos, y, si hay varios títulos, elegimos una opción tras analizar todo el corpus documental. Cuando la traducción no es canónica, traducimos eligiendo la mejor opción posible en función de varios criterios: elegancia, claridad, facilidad de lectura en una sala con ruido… Y siempre tras un arduo trabajo de documentación terminológica para dar con el término equivalente, exacto, a la hora de designar tal o cual objeto en títulos descriptivos de antigüedades, artes decorativas, etc. Diversos criterios hasta llegar a la traducción ideal.

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