La Linterna del Traductor
Traducción audiovisual

SOS: mi cliente habitual me pide una traducción audiovisual. ¿Qué hago?

Pablo Fernández Moriano

Raquel es traductora especializada en Medicina y ciencias afines. Uno de sus principales clientes es una multinacional farmacéutica que suele enviarle textos de muy diversa índole para traducir: prospectos, ensayos clínicos, comunicaciones internas, actas de reuniones, documentación jurídica, contenidos del sitio web, publicaciones en sus perfiles de redes sociales... Pero esta mañana la llamada de su cliente la ha dejado descolocada:

—Nuestro departamento de formación, con sede en Alemania, ha creado unos vídeos de capacitación para los visitadores médicos, y necesitamos traducirlos para el equipo de visitadores españoles. ¿Nos puedes pasar un presupuesto?

—Claro. Esta tarde os lo envío —ha dicho ella, y ha colgado.

Raquel está en blanco. Alguna vez ha traducido transcripciones de entrevistas con médicos y pacientes, pero esto es distinto. Solo sabe que probablemente vaya a necesitar la colaboración de un traductor audiovisual, pero no tiene ni idea de cómo presupuestar este trabajo, que ahora mismo es lo que más prisa le corre. Es más, tampoco sabe cómo va a coordinar el proyecto, qué plazo va a necesitar, qué materiales tiene que pedirle a su cliente ni, mucho menos, qué le tiene que entregar... Y no dejan de agolpársele preguntas en la cabeza. ¡SOS!

Pablo Fernández Moriano
Pablo Fernández Moriano es licenciado en Traducción e Interpretación y tiene un posgrado en Traducción Audiovisual. Traduce del inglés, francés, italiano y alemán al español, y cuenta con 18 años de experiencia profesional como traductor y revisor, durante los cuales se ha especializado en la traducción de películas, series y documentales para subtítulos y doblaje. Tras más de diez años como subtitulador en dos de las empresas más relevantes del sector en España, conoce de primera mano todas las fases del proceso. En los últimos años compagina la traducción con la docencia. Ha dado clases en el grado en Traducción e Interpretación de la Universidad Complutense de Madrid en el CES Felipe II, además de numerosos cursos, talleres y charlas sobre subtitulación y recursos para la traducción audiovisual, tanto en España como en el extranjero. Actualmente, enseña subtitulación en el curso de Traducción Audiovisual de Cálamo y Cran.

El caso de Raquel es un ejemplo de algo cada vez más habitual: los contenidos audiovisuales están a la orden del día, y aumenta el número de clientes que no responden al perfil audiovisual tradicional.

El caso de Raquel es un ejemplo de algo cada vez más habitual: los contenidos audiovisuales están a la orden del día, y aumenta el número de clientes que no responden al perfil audiovisual tradicional de productoras, distribuidoras, festivales de cine, estudios de doblaje y subtitulación, desarrolladoras de videojuegos y agencias de localización que traducen habitualmente películas, series, documentales o videojuegos, sino a uno más amplio que va desde la multinacional al particular, pasando por organismos públicos, entidades sin ánimo de lucro y un largo etcétera, y que ocasionalmente necesitan traducir vídeos de formación, comerciales, de autopromoción, entrevistas, conferencias, vídeos que se van a proyectar en congresos, ferias, exposiciones, plataformas en la red...

Como había pensado, Raquel decide ponerse en contacto con Marta, una colega traductora audiovisual para que la asesore y se encargue de los procesos técnicos específicos. Enseguida se da cuenta de que ella puede ocuparse de traducir, con la orientación de Marta, y dejar el resto en sus manos. Esto es lo que Marta le cuenta:

Lo primero es averiguar qué tiene el cliente y saber qué materiales necesitamos que nos entregue para poder presupuestar y abordar el proyecto. Lo ideal es conseguir que nos envíen el vídeo, pero si no es posible, hay que preguntar por el tipo de contenido del vídeo (comercial, corporativo, de formación, charlas, entrevistas), cuál es el tema y la combinación de idiomas, porque eso determinará los tiempos y costes y el tipo de colaborador que contratar. También conviene saber si la imagen es «limpia», es decir, si no incluye textos o rótulos, que en este ámbito se conocen como insertos. Además, habrá que solicitar al cliente los documentos de texto asociados que pueda haber: la lista de diálogos transcritos, el guion preliminar o, incluso, el guion traducido.

En la fase de cotización debemos informar al cliente de que, para poder dar comienzo al proyecto, tenemos que contar con la imagen FINAL.

Es decir, ya en la fase de cotización debemos informar al cliente de que, para poder dar comienzo al proyecto, tenemos que contar con la imagen FINAL (montaje final tanto de vídeo como de audio), con la máxima calidad posible y la imagen, a poder ser, «semilimpia»: sin subtítulos y con insertos, si los hubiera, y los textos, guiones y transcripciones que pueda tener. Es posible que eso ocurra si el cliente final ha contado con un intermediario que le haya proporcionado los servicios audiovisuales (una productora, agencia o estudio) y sería útil que nos pusiera en contacto con él.

Por otro lado, es necesario aclarar qué tiene que entregar el proveedor, en este caso Raquel, al cliente. Para ello, deberá saber quiénes serán los destinatarios del vídeo traducido, en qué medio se va a publicar o cuál va a ser la forma de difusión (uso interno, redes sociales, internet, proyección en gran pantalla, cine, televisión...), lo que influirá, entre otras muchas cosas, en la calidad requerida. No es lo mismo generar un vídeo para las redes sociales o plataformas móviles, que tienen que estar muy comprimidos y no necesitan de una gran resolución o calidad de sonido, que para una proyección en salones especializados, ferias, canales de televisión, etc. Eso sí, es imposible entregar un vídeo con una calidad superior a la original, y conviene avisar de esto al cliente, sobre todo en el caso de las proyecciones en gran pantalla, por si hubiera la posibilidad de recibir un vídeo original generado con mayor calidad que el proporcionado inicialmente.

Lo siguiente que hay que comentar con el cliente es la modalidad de traducción audiovisual que se va a emplear. Puede que ya sepa si lo que quiere es una locución superpuesta o simplemente subtitular el vídeo, pero también es posible que no conozca las alternativas y no sepa cuál es la más conveniente, en cuyo caso necesitará nuestro asesoramiento.

Las modalidades principales son tres: dos en las que se realiza una locución (doblaje y voz superpuesta) y una en la que se superpone un texto en pantalla con la traducción, sin modificar la pista de sonido original (subtítulos).

Las modalidades principales son tres: dos en las que se realiza una locución (doblaje y voz superpuesta) y una en la que se superpone un texto en pantalla con la traducción, sin modificar la pista de sonido original (subtítulos). El doblaje suele estar reservado a los productos de ficción y consiste en reemplazar el sonido original con una nueva grabación en el idioma de destino, en la que se tiene en cuenta la sincronía labial. En el caso de la voz superpuesta, al sonido original se le superpone la grabación en el idioma de destino. Se suele emplear en piezas de tipo documental, de no ficción, donde el propósito es que el espectador vea un documento real, un testimonio, una entrevista, que está grabada en un idioma que no entiende y para la que necesita una traducción (algo así como una interpretación profesional «guionizada y falseada»).

MODALIDADES DE TRADUCCIÓN AUDIOVISUAL
SEGÚN EL TIPO DE TEXTO

Doblaje

Voz superpuesta

Subtítulos

Ficción

No ficción

No ficción

Resultado más «profesional»

Aporta verosimilitud

 

Más caro

 

Suele ser lo más barato

No «mancha» la imagen

No «mancha» la imagen

«Mancha» la imagen

Suele usarse en anuncios, vídeos de formación, dramatizaciones...

Funciona bien en piezas de tipo documental y dramatizaciones

Vale para todo tipo de piezas

Aunque Raquel no va a ser quien se encargue de varias fases del proceso, sí conviene que lo conozca. En principio, ella podría ocuparse de la transcripción y la traducción, por ejemplo, tras recibir las indicaciones pertinentes por parte de Marta.

FASES DEL PROCESO

Locución

Subtítulos

Transcripción

Transcripción

Traducción y adaptación a formato de guion (no vale una traducción literal)

Segmentación y pautado (asignación de códigos de tiempo) de los subtítulos

Grabación (previa aprobación de textos por parte del cliente)

Traducción y adaptación a formato de subtítulos; avisar al cliente: implica reformular, sintetizar y omitir información

Alquiler de estudio + técnico de sonido

Revisión y maquetación del archivo de subtítulos

Dirección de doblaje/grabación

Simulación: se le envía al cliente una muestra de cómo quedarán los subtítulos y una lista para que realice los cambios que considere oportunos

Locutores/actores de doblaje

Generación de los subtítulos finales

Mezclas de sonido

Archivo de subtítulos o vídeo subtitulado

Verificación del material entregado por el estudio

 

Aprobación del cliente

 

Cualquier cambio implicaría una nueva sesión de grabación

 

Conviene saber si se dispone de las pistas de audio por separado; resulta útil

 

Hay dos posibilidades: utilizar una unidad de facturación que nos permita dar un precio cerrado o dejarlo abierto en función de la cantidad de texto que finalmente salga en la traducción.

Una vez analizada toda esta información, Raquel tiene que determinar qué entregará al cliente. Si este opta por una locución, podrá entregar el vídeo doblado con el formato y calidad acordados o solo las pistas de audio, y cabe la posibilidad de entregar también (con un coste adicional) el guion de doblaje traducido. En caso de que el cliente se decante por subtitularlo, Raquel puede entregar el vídeo con subtítulos incrustados en el formato y calidad especificados o bien un archivo de subtítulos en el formato especificado, y adicionalmente, la lista de subtítulos (con o sin códigos de tiempo).

Por último, hay que hablar de precios y plazos, claro está. Hay dos posibilidades: utilizar una unidad de facturación que nos permita dar un precio cerrado (por duración o pieza completa), aunque corremos el riesgo de pillarnos los dedos o dejarlo abierto en función de la cantidad de texto que finalmente salga en la traducción (por número de palabras, de subtítulos o de horas trabajadas).

UNIDADES DE FACTURACIÓN
SEGÚN EL TIPO DE PRESUPUESTO QUE PERMITEN

Presupuesto cerrado

Presupuesto abierto

Minuto de vídeo

Subtítulo

Rollo de 10 min o por bobina (2 rollos)

Palabra traducida

Pieza completa (spot, take, convocatoria…)

Hora trabajada

Para calcular cuántos subtítulos pueden salir al traducir el vídeo, Marta le explica a Raquel que, por lo general, los vídeos de ponencias o entrevistas suelen rondar las 130 palabras o los 17-20 subtítulos por minuto de vídeo.

Como en cualquier tipo de traducción, los tiempos dependen mucho de cada uno y de la calidad y dificultad del original, pero Marta también le facilita una serie de cifras orientativas a Raquel para que estimen el plazo de entrega:

Tarea

Tiempo

Transcripción

5 min de vídeo = 30 min-1 h de trabajo

Traducción para doblaje

20 min de vídeo por jornada (8 h)

Traducción para voz superpuesta

10-20 min de vídeo por jornada (8 h)

Traducción de subtítulos

5 min de vídeo = 1 h de trabajo

Pautado de subtítulos

5 min de vídeo = 30-40 min de trabajo

Con todos estos datos, Raquel obtiene de su cliente la información necesaria para pasarle el presupuesto, y el proyecto sale adelante. El cliente de Marta queda contento y le anuncia que habrá más vídeos de este tipo en el futuro, con lo que se establece una colaboración continuada entre ella y Raquel.

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