La Linterna del Traductor
La voz de Asetrad

Crónica de un Encuentro Anual insospechado

Laura Solana Garzón

El Encuentro Anual de Asetrad de este año ha sido un pasajero más de esta montaña rusa llamada 2020: un arranque lleno de ilusiones, giros imprevistos, repechos para recuperar aliento y una llegada a meta palpitante.

Laura Solana
Laura Solana trabaja en el sector de la traducción y la localización desde hace más de 8 años. Aunque ha trabajado en diferentes empresas de traducción, en estos momentos ejerce por cuenta propia como traductora e intérprete especializada en derecho, turismo y empresa. Además, desde 2019 imparte clases de traducción jurada en la Universidad Internacional de Valencia y forma parte de la Junta Directiva de Asetrad.

Propósitos de año nuevo

En enero la lista de propósitos de Asetrad para el nuevo año incluía muchas buenas intenciones. Una de ellas era, además, tremendamente ambiciosa. Sin embargo, aun en esos momentos tan duros para todos, el desánimo no fue una opción. La Junta Directiva de Asetrad ya había avisado de que se proponía concentrar en la misma ciudad, entre el 28 de mayo y el 12 de junio de 2020, un encuentro abierto a todo el sector con atisbos de congreso, unas jornadas de reflexión entre los socios de Asetrad, la Asamblea General Ordinaria, y la participación de la asociación por tercer año consecutivo en la Feria del Libro de Madrid con su propia caseta, con una nueva campaña de promoción profesional y con una agenda repleta de firmas y charlas.

Los motivos por los que Asetrad tuvo que guardar en un cajón esta lista de propósitos son de sobra conocidos. Sin embargo, aun en esos momentos tan duros para todos, el desánimo no fue una opción.

Adaptarse o morir

Frente a la incertidumbre y las adversidades, la adaptación. En Asetrad la formación virtual ya contaba con un largo recorrido, así que se trataba «solo» de darle una vuelta de tuerca a las nuevas circunstancias. Dicho y hecho.

Se retrasaron las fechas de celebración para ganar margen de maniobra y poder hacer los cambios de formato adaptados a la nueva normalidad y a la virtualidad que ha penetrado en cada poro de nuestras vidas. También se atendió a una nueva urgencia: proponer unos precios de inscripción asequibles. Cambiaron las prioridades y se primó no desaprovechar un programa de temas sugerentes y actuales, así como sacar el máximo partido al formato virtual para llegar a socios y profesionales que de otro modo no hubiesen podido disfrutar de la actividad.

También se atendió a una nueva urgencia: proponer unos precios de inscripción asequibles para intentar no dejar caer a ningún compañero que se hubiera visto castigado en lo económico.

Cuatro logotipos que representan el encuentro

Cartel del Encuentro Anual 2020 (Diego Mir)

¿Y el resultado?

El primer encuentro íntegramente virtual de la historia de Asetrad. Un encuentro nada modesto, que logró conservar gran parte de la esencia y el espíritu de la asociación. Lamentablemente no hubo reencuentros, abrazos, pausas para café o charlas de pasillo. Sin embargo, la organización contempló el aspecto social y, gracias a ese gen camaleónico que nos caracteriza como sector, lo introdujo en línea a modo de canal de Slack. El buen ánimo y la emoción se palparon ahí de principio a fin. Por escrito, pero se palparon.

Tras la resaca por las conmemoraciones a nuestro buen patrón el 30 de septiembre, el encuentro comenzó a las 16:00, hora de Madrid, el 1 de octubre. No es mi intención abundar en los detalles sobre cada ponente ni reproducir al milímetro el contenido de todo lo que se dijo en esos dos días, pero quizá sirva de ayuda a los lectores consultar el programa para entender mejor algunas de las reflexiones que vendrán a continuación. El contexto, el pensamiento y el individuo centraron todo el debate entre María Aylón, Gerardo Herrera y Julia Piniella. De todos modos y aun a riesgo de caer en el reduccionismo, empezaré por decir que si tuviese que destacar una única cosa de las jornadas sería el carácter contemporáneo de las charlas y los temas tratados.

La primera mesa sobre «discapacidad» y lenguaje arrancó muy fuerte. El contexto, el pensamiento y el individuo centraron todo el debate entre María Aylón, Gerardo Herrera y Julia Piniella. Entre los tres explicaron algunas de las polémicas terminológicas en el seno del tercer sector y coincidieron en agradecer el poder variar de interlocutor al dirigirse a nosotros, profesionales de la comunicación y el lenguaje, en lugar de a la comunidad científica, que es con quienes suelen dialogar. Encontré muy interesante que la razón de este agradecimiento fuera su sensibilidad al lenguaje, y en especial a la terminología, como herramienta para regular el pensamiento y como reflejo de un contexto social que en su ámbito cobra tanta importancia. Al igual que se enfatizaría al día siguiente en la ponencia de Ártemis López sobre identidades trans y no binarias, se nos recordó la tremenda transcendencia que tiene preguntar directamente a la persona (o a la comunidad) cómo desea que se la nombre y por qué. En ambas charlas se insistió no solo en la necesidad de acudir a la fuente para documentarse, sino en la importancia de escuchar el sentir de los protagonistas de las historias. Ártemis directamente nos recomendó poner la antena y no dar por sentado lo que sabemos acerca del sujeto sobre el que leemos. Ártemis directamente nos recomendó poner la antena y no dar por sentado lo que sabemos acerca del sujeto sobre el que leemos. Acertó en darnos la clave con este ejercicio de escucha consciente para también entendernos como revisores de sensibilidad.

No fueron estos los únicos momentos en que se nos planteó la necesidad de ser conscientes del valor de las palabras. En la mesa sobre lenguaje medioambiental, Pedro Pablo García May trazó la analogía entre traductores y periodistas, dado que ambos siempre tienen que entender primero para después poder contar. Junto con él, con Javier Bezos y con Antonio Calvo, pudimos reflexionar sobre si el lenguaje es neutro o militante y sobre la importancia que cobran la responsabilidad, la honestidad y la precisión en la comunicación. De nuevo, atendimos a una enriquecedora mesa en la que se nos recordó la necesidad de especializarse y de documentarse para transitar en la actualidad en la que vivimos. Con la actualidad también de la mano salivamos (y mucho) en la mesa redonda sobre lenguaje gastronómico. Fueron Rosa Llopis y Miriam García quienes sazonaron el eterno debate acerca de cuál es la mejor receta para llegar a ser un gran maestro de la traducción gastronómica. Gracias a ellas pudimos comprobar cómo la antropología, la química e incluso la religión son ingredientes necesarios para sobrevivir en los fogones de esta especialidad. Fue quizá la mesa redonda en la que más se nos abrió el apetito por la bibliografía y el intercambio de recursos entre los asistentes. Todo ello sin que volase ningún cuchillo entre los partidarios de la tortilla de patatas sin cebolla y los partidarios de la tortilla con cebolla. La antropología, la química e incluso la religión son ingredientes necesarios para sobrevivir en los fogones de la traducción gastronómica.

Durante la ponencia sobre psicolingüística, Mamen Horno destacó que, en efecto, el lenguaje es una maravillosa herramienta de pensamiento, pero nos colocó frente a las deficiencias que paradójicamente tiene como sistema de comunicación. Y fue justamente con ejemplos periodísticos (bien entretenidos) como nos demostró que nuestra labor como profesionales debe consistir en conseguir que las oraciones se procesen del modo más sencillo posible (sobre todo tras aclararnos con una pedagogía pasmosa que la lectoescritura no es un instinto y que la lengua escrita es compleja, mucho más que la verbal). Para ello nos recordó que debemos tener en cuenta las relaciones sintácticas y semánticas de las oraciones, evitar las vías muertas y las incongruencias semánticas, y atender a las relaciones referenciales.

De la mano de Leticia Martín, Concepción Polo y Judit de Diego tuvimos el revulsivo y la inyección de motivación que tanta falta nos hace ante la transformación digital. De la mano de Leticia Martín, Concepción Polo y Judit de Diego tuvimos el revulsivo y la inyección de motivación que tanta falta nos hace a los profesionales de la lengua ante la transformación digital. Con su mesa redonda entendimos que trabajar con la lengua en el campo de la inteligencia artificial no es solo una oportunidad profesional que se nos plantea, sino también una responsabilidad. Precisamente con ellas pudimos corregir el concepto profesional que tenemos de nosotros mismos. Pero no fue esta la única sesión inspiradora del encuentro: Ana Tamayo también nos hizo vibrar desde casa. Con el lenguaje de signos como hilo conductor, nos planteó la necesidad de pensar en la accesibilidad (desde el modelo social y no solo médico) en los estadios tempranos de la creación y de contar con más lengua de signos en los estudios de Traducción e Interpretación.

Fue Isabel Fernández Cilla quien nos guio por los entresijos del servicio de traducción del Consejo de la Unión Europea. Fue Isabel Fernández Cilla quien nos guio por los entresijos del servicio de traducción del Consejo de la Unión Europea y explicó cómo nuestro perfil de generalistas, que no especialistas, mantiene canales de comunicación abiertos con el periodismo, la terminología y la corrección para poder llevar a cabo una buena labor de traducción dentro de las instituciones europeas.

Finalmente, Miguel Jelelaty tiró de algunas anécdotas más personales para explicar las caras más y menos amables del multilingüismo, sobre todo en un mundo tan exigente como el de la interpretación de conferencias. Con él concluimos que el buen intérprete y el buen traductor deben ser irremediablemente profesionales conscientes, realistas, honestos y transparentes. El buen intérprete y el buen traductor deben ser irremediablemente profesionales conscientes, realistas, honestos y transparentes.

Por supuesto, no quisiera que se me olvidase añadir que nada de todo esto hubiese fluido como lo hizo sin la fantástica aportación de las compañeras que presentaron y moderaron cada sesión. El mismo reconocimiento hay que hacérselo al resto de los miembros de la Junta Directiva y las empleadas de Asetrad que, entre bambalinas, hicieron posible la celebración de este encuentro.

¿Misión cumplida?

Rotundamente, sí. Además de contar con una buena capacidad de adaptación, una asociación de profesionales debe brindar las herramientas necesarias a sus miembros para que consigan ejercer su labor de manera plena y en condiciones dignas. Aunque no sea de una manera obvia, facilitar un punto de encuentro e intercambio entre profesionales y crear un espacio de reflexión y de conocimiento para nuestro gremio son, sin lugar a duda, una forma crucial de ofrecer esas herramientas.

El Encuentro Anual de Asetrad 2020, el primer encuentro virtual de la historia de la asociación, demostró a la perfección ser todo ello. ¡Bravo, Asetrad!

Volver arriba