17 agosto 2022
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Voces que debemos escuchar: charla con Teresa Lanero y María Eugenia Santa Coloma

La traducción y corrección literaria y científica son ramas de un mismo árbol. En este artículo reproducimos una charla con Teresa Lanero y María Eugenia Santa Coloma, traductora y correctora, respectivamente, de El clamor de los bosques, trabajo por el que Teresa Lanero obtuvo en 2020 el premio Esther Benítez que otorga ACE Traductores. En esa entrevista nos cuentan el tremendo reto que supuso este trabajo y cómo aunaron esfuerzos y conocimientos para afrontarlo.

Cuando se habla de traducción y corrección literaria se tiende a pensar, con bastante poco acierto, que solo tenemos que dominar cuestiones relacionadas con las sufridas «letras»; sin embargo, casi nunca es así. Y si se trata de traducir una obra como El Clamor de los bosques, que es un tratado de dendrología escondido en una novela que cuenta, a través de las profesiones de nueve personajes, la historia de Estados Unidos, es necesario manejar con solvencia y soltura muchos registros diferentes y una terminología exacta de muchos ámbitos distintos. Todo ello, sin olvidar que es una obra literaria, creativa y que, además, los árboles, como no podía ser de otra manera, hablan de forma poética.

Estas dos profesionales lo hicieron con tal esmero, oficio y entrega que esta traducción obtuvo en 2020 el premio Esther Benítez otorgado por ACE Traductores.

Suena a tarea titánica, casi imposible, pero estas dos profesionales lograron llevarla a cabo, y lo hicieron con tal esmero, oficio y entrega que esta traducción obtuvo en 2020 el premio Esther Benítez otorgado por ACE Traductores.

Sabemos que la traductora ha trabajado mano a mano con la correctora y queremos que ambas, también juntas que no revueltas, compartan lo que han vivido y sean las otras voces que escuchamos en este maravilloso libro. Que nos hablen de traducción y corrección literaria y científica, pero también de colaboración y trabajo en equipo, como los árboles que se comunican y se ayudan entre sí y se alertan de posibles peligros.

1. La primera pregunta es ineludible: ¿qué se siente al tener delante una obra de esta envergadura tanto física como conceptual, ya sea para traducirla o corregirla?

T. L.: Cuando Fernando Paz, el editor de AdN, me propuso la traducción de El clamor de los bosques, no fui del todo consciente de lo que se me venía encima. No imaginé que sería un trabajo tan laborioso y a la vez tan fascinante.

Aunque parezca mentira, es más fácil traducir a un buen escritor que a uno malo. (T. L.)

Disfruté mucho con la traducción, en todo momento supe que me encontraba ante un gran novelista y, aunque parezca mentira, es más fácil traducir a un buen escritor que a uno malo: las ambigüedades, inconsistencias y vacilaciones de un escritor mediocre dan muchos quebraderos de cabeza.

Sin embargo, también lo pasé mal en más de una ocasión. El tiempo con el que contaba era muy justo y a veces tenía la sensación de que el libro merecía más calma. Después, todo fueron buenas noticias. A la semana de entregar el trabajo, Powers ganó el Pulitzer con esta novela; al año siguiente, vino el premio Esther Benítez, otorgado por los socios de ACE Traductores… La verdad es que tuve mucha suerte.

M. S. C.: Respeto y ganas a partes iguales. Por un lado, corregir una obra sobre ciencia y naturaleza supone siempre un estímulo para mí, pues es un tema que me apasiona y en el que me sumerjo de cabeza. Por otro, el plazo, muy justo para una obra de este calibre, me infundió el respeto necesario como para dudar de si aceptar o no el encargo. Prefiero renunciar a un trabajo, por mucho que me apasione, si no estoy convencida de poder hacerlo bien.

2. En una historia en la que los árboles son, en gran medida, los protagonistas y las voces que narran, el trabajo de documentación y unificación relacionado con la terminología debió ser exhaustivo, ¿compartisteis ese trabajo?, ¿cómo conseguisteis darle uniformidad a la terminología científica?

T. L.: No supe quién sería la correctora hasta después de entregar la traducción, de manera que el primer contacto lo tuvimos cuando Marina Mena, editora de AdN, nos escribió para presentarnos justo antes de que empezara el proceso de corrección.

En el libro aparecen muchísimos nombres de árboles, con la dificultad añadida de que en muchas ocasiones se trata de especies poco conocidas de determinadas zonas de Estados Unidos que tienen varias traducciones al español o que no tienen ninguna. Por eso elaboré un glosario con todos esos nombres, con sus traducciones y las fuentes de donde las había obtenido, para que ni yo ni quienes revisaran después el texto nos volviéramos locos.

Por otro lado, suelo añadir notas al margen para explicar ciertas decisiones, enlazar con las fuentes o alertar sobre algo que no se debe tocar, por ejemplo. Creo que eso también ayuda a que la corrección sea más fácil y el resultado, mejor.

El problema que existe con el mundo vegetal, no tanto con el mundo animal, es que los árboles y las plantas tienen un sinfín de nombres comunes para un solo nombre científico. (M. S. C)

M. S. C.: En este caso, Teresa me lo puso muy fácil, pues me envió un glosario con la terminología científica. El problema que existe con el mundo vegetal, no tanto con el mundo animal, es que los árboles y las plantas tienen un sinfín de nombres comunes para un solo nombre científico. En el glosario de Teresa figuraba el nombre por el que optó, lo cual me facilitó mucho la cuestión de la terminología.

3. La obra tiene muchos retos de traducción y de corrección. Uno de ellos es la diversidad de tipos de lenguaje que utiliza su autor, que se caracteriza por describir a sus personajes contando, con todo lujo de detalles, su vida profesional, lo que implica el uso de jergas profesionales. ¿Cómo afrontasteis este desafío?

T. L.: Tuve que leer mucho sobre muchos temas distintos, algo que normalmente me encanta, pero que en este caso fue un tormento por la falta de tiempo. En el libro hay una dendróloga, un piloto militar, un artista, un profesor de sociología, un informático…  Por suerte, María Eugenia es bióloga y experta en varios de estos campos, y me ayudó mucho con la terminología. Detectó errores e imprecisiones, y aportó sugerencias siempre con mucho tino y respeto.

M. S. C.: En la parte científica y en otros campos que forman parte de mi especialización, como la aeronáutica, no tuve mayor problema. En otros, como es lógico, tuve que comprobar algunos términos, pero la precisión y la atención al detalle de la traductora me facilitó mucho la tarea.

4. Además de esta variedad de tipos de lenguaje y terminología, los estilos también varían y en el texto se pasa de lo científico a lo poético y narrativo, y, por supuesto, histórico, pues el libro recorre la historia de Estados Unidos a través de sus personajes. ¿Cómo manejasteis estos cambios de estilo?

Como pasas tantas horas delante del texto, al final te haces una idea de cómo es cada personaje, de cómo se expresa, hasta de su tono de voz… (T. L.)

T. L.: Yo creo que eso es algo que se hace un poco «de oído» y que se aprende leyendo, leyendo mucho y leyendo de todo. No sé, para mí es como si cambiara la música, el ritmo, como si la elección de las palabras atendiera más a lo estético o al sonido que a lo puramente descriptivo. Además, como pasas tantas horas delante del texto, al final te haces una idea de cómo es cada personaje, de cómo se expresa, hasta de su tono de voz… Son rasgos que el autor ha querido marcar y que inevitablemente se reflejan en la traducción.

M. S. C.: En mi opinión, esta parte es mucho más difícil que la terminología en sí, pues cada personaje es un mundo aparte. Intento ser lo más respetuosa posible con las decisiones del traductor, ya que el nivel de inmersión del corrector jamás será el de quien se ha pasado mucho más tiempo que tú trabajando en el texto. Cuando surgen dudas, le pregunto al traductor, si es que la editorial nos pone en contacto; si no, lo añado en el informe de corrección que adjunto siempre.

5. Nos consta que en este caso el tándem traductora-correctora ha funcionado a la perfección en favor de la obra, gracias también a la filosofía de puesta en contacto entre profesionales de la editorial AdN. Contadnos qué ventajas encontráis en esta colaboración y comunicación directa entre los profesionales.

T. L.: Si hay respeto, todo son ventajas. Y es fácil que haya respeto cuando el fin es común: que el libro salga lo mejor posible por encima del ego de cada uno. Que Marina Mena nos ponga siempre en contacto a traductores y correctores dice mucho a favor de ella como editora y de AdN como editorial. Ojalá siempre fuera así.

Sin respeto, ni este ni ningún tándem pueden funcionar. Para conseguirlo, tan solo hay que ponerse en la piel del otro; creo sinceramente que no es tan difícil. (M. S. C.)

M. S. C.: Marina Mena, editora de AdN, siempre pone en contacto a ambos profesionales. Las ventajas son infinitas y el resultado final es sin duda mejor. No obstante, para que el tándem traductora-correctora funcione a la perfección solo se puede partir de una cosa: respeto. Si el corrector respeta el trabajo del traductor y este confía en su corrector, las probabilidades de que el libro salga lo mejor posible son altísimas. Sin respeto, ni este ni ningún tándem pueden funcionar. Para conseguirlo, tan solo hay que ponerse en la piel del otro; creo sinceramente que no es tan difícil.

6. Como parte de este trabajo en común, ¿qué hacéis para facilitar la labor de los otros miembros del equipo?

T. L.: Intento aclarar las posibles dudas antes de que surjan. Intento ponerme en la piel de quien va a corregir después el texto para anticiparme a los posibles problemas. Dejo notas tanto para los editores, como para los correctores y los maquetadores con la información que considero útil.

M. S. C.: Como correctora, intento cambiar lo mínimo posible para que el texto mejore lo máximo posible. Además, justifico los cambios que hago, porque si algo fastidia a un traductor es sentir que le cambian cosas por cambiar. Al final de la corrección, hago un informe en el que incluyo los cambios que he hecho y los enlaces a la norma. Si hay algún aspecto puntual, añado un comentario en el propio texto. Por otra parte, me ayuda mucho que el traductor me envíe un breve informe o incluya en un comentario las dudas que pueda tener o el porqué de algunas decisiones que, si no se explican, pueden inducir a error.

7. Sabemos que ambas habéis trabajado en obras de literatura de naturaleza, ¿cómo ha sido el proceso? ¿Os habéis especializado o la especialización ha llegado a vosotras de forma casual? ¿Esta especialización supone una ventaja o un hándicap?

T. L.: En mi caso ha sido casual. Gracias a Errata naturae, otra editorial con la que trabajo a menudo, he tenido la oportunidad de traducir muchos libros sobre experiencias en la naturaleza, lo que llaman nature writing. Pensé que me habían ofrecido traducir El clamor precisamente por esa especialización, pero, según me dijeron, también fue algo fortuito. Cuando en las primeras páginas vi una cita de Emerson y más adelante otra de Thoreau, me dio la risa, porque en el noventa por ciento de los libros que traduzco aparecen citas de Walden y tengo la traducción de Marcos Nava García gastada de tanto consultarla.

M. S. C.: En mi caso, supone una ventaja, desde luego. Soy bióloga de formación, por lo que ha sido un proceso natural, nunca mejor dicho. Cuando me matriculé en la Facultad de Biología, nunca imaginé que algún día estudiaría Traducción e Interpretación y que ambas carreras acabarían retroalimentándose. Ni que decir tiene que me tiro de cabeza a trabajos que tengan que ver con la naturaleza; son apasionantes.

8. Antes de pasar a vuestra pregunta, esa que os formuláis la una a la otra, nos gustaría saber qué destacarías de tu compañera de viaje en este proyecto desde el punto de vista profesional, en el sentido de en qué fue determinante para la calidad del texto su participación. Y si lo extendemos al oficio: ¿qué debe hacer un traductor para mejorar la calidad del texto desde el punto de vista del corrector? Y viceversa.

Para mí es muy importante que el trato con los distintos eslabones de la cadena sea agradable y humano. En ese sentido María Eugenia es excepcional. (T. L.)

T. L.: Además de lo que ya he dicho antes sobre los conocimientos y el buen hacer de María Eugenia, para mí es muy importante que el trato con los distintos eslabones de la cadena sea agradable y humano. En ese sentido María Eugenia es excepcional. A veces tendemos a desligar la profesionalidad de la humanidad, cuando la primera no debería existir sin la segunda.

Otra cosa que me encanta es que sus correcciones siempre atienden a criterios objetivos y, cuando no, siempre las presenta como sugerencias. Unas sugerencias, por otra parte, generalmente oportunas y acertadas.

El clamor de los bosques es una novela muy bien traducida, pese a todas sus dificultades, y ese mérito corresponde a Teresa. (M. S. C.)

M. S. C.: Aunque suene a tópico, para mí es un placer recorrer cualquier trayecto con Teresa. Cuando empecé a corregir su traducción, enseguida me di cuenta de que era una excelente traductora, de esas que miman el texto, cada detalle. Se notaba que le apasionaba el libro y que se había metido de lleno en él. Un corrector solo necesita un par de páginas para saber si la corrección va a ser un placer o un dolor de cabeza. Ni que decir tiene que El clamor de los bosques es una novela muy bien traducida, pese a todas sus dificultades, y que ese mérito corresponde a Teresa. En cuanto a qué debe hacer un traductor para mejorar la calidad del texto, yo diría que, de entrada, algo tan sencillo como seguir el libro de estilo de la editorial. Muchas veces, en la mayoría de los cambios que incluyo en el informe acabo poniendo «normas de la editorial», y eso se podría evitar si el traductor se las mirara, igual que me las miro yo.

PREGUNTA TERESA A MARÍA EUGENIA

T. L.: Como imagino que a la corrección editorial, al igual que a la traducción de libros, le queda un gran camino por recorrer en cuanto a mejoras laborales, me gustaría preguntarle a María Eugenia qué reivindicaciones considera más apremiantes en su profesión de correctora.

M. S. C.: Sin lugar a dudas, la más importante es que se valore la labor del corrector, a la que no suele darse la importancia que debiera. Muchas editoriales ni siquiera recurren a un corrector profesional, lo cual considero grave, y los libros salen al mercado con un sinfín de errores que invitan a abandonar la lectura después de tres páginas. Ni que decir tiene que este trabajo se ha de reconocer y remunerar como corresponde y con tarifas dignas, porque corregir bien, e insisto en el bien, lleva su tiempo y exige mucha atención. 

PREGUNTA MARÍA EUGENIA A TERESA

M. S. C.: La pregunta que me gustaría hacerle a Teresa es si pensó en el corrector mientras traducía, en el sentido de facilitarle su labor, y si, una vez entregada la traducción, temió los posibles cambios después del esfuerzo titánico. Por mi parte, me encantaría seguir trabajando mano a mano con ella, como ya hemos hecho en otra ocasión. Aprender de una gran traductora como ella no tiene precio.

Sí, intento pensar en quien corrige. Por ejemplo, hay veces que destripo alguna cosilla de la historia en las notas al margen para dar una visión completa de la trama. (T. L.)

T. L.: Sí, intento pensar en quien corrige. Por ejemplo, hay veces que destripo alguna cosilla de la historia en las notas al margen para dar una visión completa de la trama y que no se hagan ciertos cambios que luego habrá que rectificar. Indico frases que se repiten a lo largo del libro, palabras que están elegidas por una razón determinada y que no se pueden sustituir por otras… El clamor de los bosques está lleno de cosas así.

No temo los cambios; doy por hecho que la persona que me corrige sabe más que yo y que va a mejorar el texto. Lo que sí da rabia —y me ha pasado alguna vez, hace bastante tiempo, aunque no con correctores profesionales— es que introduzcan cambios que atienden a criterios subjetivos y que no se ciñen a lo que dice el autor o a lo que quiere expresar el libro, porque es una lata tener que justificar y argumentar decisiones que son perfectamente correctas.


Un ejemplo de tándem perfecto entre traductora y correctora trabajando a favor del texto. ¿El resultado? Una excelente traducción y una experiencia enriquecedora para ambas como profesionales.

Dejemos que los profesionales colaboren, prestemos atención al clamor de las palabras y los bosques… Dejemos que las raíces se comuniquen, los troncos sostengan y las hojas susurren.

Se dedica a la traducción de libros desde que terminó el Máster en Traducción para el Mundo Editorial de la UMA en el año 2012. Ha traducido una cuarentena de obras para editoriales como Errata naturae, AdN, Nocturna y Paidós desde el inglés, el francés y el italiano al español. Entre sus especialidades destacan la narrativa contemporánea, la escritura de la naturaleza (nature writing) y la novela juvenil. Ha traducido a Edward Abbey, Annie Dillard, Edward O. Wilson, Leon Bloy y Mario Praz, entre otros.

En 2020 ganó el premio Esther Benítez por la traducción de El clamor de los bosques de Richard Powers (AdN) y el premio internacional de traducción de poesía del italiano al español M’illumino d’immenso. Imparte esporádicamente cursos y talleres sobre traducción. Es socia de ACE Traductores (representa a dicha asociación en la Red Vértice) y socia de UniCo.

Es licenciada en Traducción e Interpretación (Premio Extraordinario), además de correctora y traductora jurada de inglés. Se dedica a la traducción y la corrección desde hace más de una década. Su formación multidisciplinar (licenciada en Biología, doctora en Antropología Social y Cultural y máster en Museología y Gestión del Patrimonio Cultural) le permite trabajar con textos de ámbitos muy diversos.

Ha traducido más de una decena de libros del inglés y el francés, y ha corregido casi un centenar de libros de autores de habla hispana, así como traducciones del inglés, italiano y francés, tanto ensayo como obras de ficción y no ficción. También es autora de dos libros de antropología sobre la sociedad rapanui.

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