6 octubre 2022
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No hablaremos de «esa» guerra

Este no es un editorial sobre la guerra, aunque, a la fecha en que se escribe (marzo de 2022), parece inevitable hablar de ella.

No queremos hablar de esa guerra en la que estáis pensando (ni de las otras que pasan desapercibidas porque no están tan cerca), sino de la palabra guerra.

No queremos hablar de esa guerra en la que estáis pensando (ni de las otras que pasan desapercibidas porque no están tan cerca), sino de la palabra guerra, así, en general y extrapolada, en su sentido más amplio, a todos los ámbitos de la cultura humana.

Desde la infancia, vivimos inmersos en una sociedad cada vez más agresiva y competitiva, y la palabra guerra se utiliza sin pudor: guerra de precios; guerra contra la competencia; esto es la guerra (contra un adversario cualquiera)… Incluso la clase política utiliza expresiones como «guerra contra la inflación». Por eso, nos hemos acostumbrado a una palabra a la que vamos despojando, poco a poco, de su carga emotiva, incluso cuando se utiliza en el sentido más literal para aludir a un conflicto en el que dos bandos se matan entre sí. Porque, además, suelen ser conflictos que nos pillan lejos.

Las palabras son poderosas, pero hasta las más contundentes pueden convertirse en inofensivas cuando las banalizamos.

Las palabras son poderosas, pero hasta las más contundentes pueden convertirse en inofensivas cuando las banalizamos. Cuando decimos «guerra» deberíamos asociar esa palabra a muerte, miedo, atrocidades, crueldad, llanto, bombas, éxodo, crimen, dolor, refugiados, angustia, pánico, ansiedad, caos, destrucción… En cambio, hemos aprendido que puede estar asociada a palabras mucho más banales, como política, inflación, precios, marcas, competencia, ventas, partidos, deporte.

A fecha de hoy, 15 de marzo, no es que haya una guerra, sino que hay una guerra más en el mundo. Y guerra, en este contexto, quiere decir todo eso que mencionaba arriba: horror. No sé si somos capaces de asimilar el concepto.

Lo dejamos aquí. Pero no sin enviar un abrazo a todos los colegas de organismos internacionales (sobre todo, europeos), que llevan muchas semanas con una gran carga de trabajo y, suponemos, emocional. Otro abrazo para los intérpretes que, como en muchas otras guerras, se hayan visto inmersos en el conflicto. Sobre esto, justamente, versa la entrevista a Maya Hess, fundadora de la Red T, que publicamos en este número.

Tampoco nos olvidamos de quienes trabajan dentro de cualquier ámbito en una zona de guerra o tienen vínculos con quienes lo hacen.

Tampoco nos olvidamos de quienes trabajan dentro de cualquier ámbito en una zona de guerra o tienen vínculos con quienes lo hacen. Nuestro más caluroso abrazo desde estas líneas.

Esperamos que disfrutéis de este número, hecho con todo el cariño del equipo de la revista. Ojalá, cuando lo estéis leyendo haya, como mínimo, una guerra menos.

Isabel Hoyos

Isabel Hoyos
(Gracias a Ángela Blum, Elena Pérez y Gema Suárez por sus aportaciones al texto)

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