27 mayo 2022
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Unidades de medida. El Sistema Internacional de Unidades

Tradicionalmente, las unidades de medida dependían del lugar en el que se estuviera; ya no solamente en el país, sino que incluso en regiones y ciudades del mismo país se utilizaban unidades de medida distintas. Al aumentar la relación comercial entre unos países y otros, surgió la necesidad de tener unas unidades de medida que permitieran el intercambio de productos e información de forma más sencilla. En la Revolución Francesa se comenzó a elaborar el sistema métrico decimal para las unidades de longitud, superficie, volumen y masa. Hubo reticencias al principio, pero se apreciaban grandes ventajas. Aun así, no llegó a tener carácter universal. Posteriormente, en 1960, se ampliaron las unidades de medida a seis y luego a siete. Así apareció el Sistema Internacional (SI).

En España, las unidades del SI se adoptaron mediante el Real Decreto 2023/2009

La Oficina Internacional de Pesas y Medidas (OIPM) es el organismo responsable del Sistema Internacional (SI). El SI determina la definición de las unidades, los símbolos y sus prefijos para múltiplos y submúltiplos, y las reglas que rigen la escritura de los símbolos y las cantidades. En España, las unidades del SI se adoptaron mediante el Real Decreto 2023/2009, que, además, indica que se permiten otras unidades que se utilizan con mucha frecuencia.

Las unidades que deben utilizarse prioritariamente son las del SI. Las unidades del SI se dividen en básicas o fundamentales, derivadas y complementarias. Las unidades que no derivan de ninguna son las unidades básicas:

MagnitudNombre de la unidadSímbolo de la unidad
Longitudmetrom
Masakilogramokg
Tiemposegundos
Intensidad de corriente eléctricaamperioA
Temperatura termodinámicakelvinK
Cantidad de sustanciamolmol
Intensidad luminosacandelacd

En esta tabla se incluyen las magnitudes, los nombres y sus símbolos. En los símbolos hay que tener en cuenta que todos van siempre en minúscula excepto A y K (que no es grado Kelvin, sino solamente kelvin).

Las unidades que se forman a partir de productos, cocientes o potencias de las unidades básicas son las unidades derivadas:

MagnitudNombre de la magnitudSímbolo de la magnitud
Áreametro cuadradom2
Volumenmetro cúbicom3
Velocidadmetro por segundom/s
Aceleraciónmetro por segundo cuadradom/s2
Número de ondasmetro a la potencia menos unom−1
Densidad, masa en volumenkilogramo por metro cúbicokg/m3
Densidad superficialkilogramo por metro cuadradokg/m2
Volumen específicometro cúbico por kilogramom3/kg
Densidad de corrienteamperio por metro cuadradoA/m2
Campo magnéticoamperio por metroA/m
Concentración de cantidad de sustanciamol por metro cúbicomol/m3
Concentración másicakilogramo por metro cúbicokg/m3
Luminanciacandela por metro cuadradocd/m2
Índice de refracciónuno1
Permeabilidad relativauno1

Estas son las unidades que más se utilizan en contextos que no sean muy especializados, aunque en la ley se presentan otras dos tablas de unidades del SI derivadas coherentes con nombres y símbolos especiales.

Además de las unidades del SI, se incluyen otras unidades que se aceptan porque son muy utilizadas. Ejemplos de estas serían el minuto, la hora y el día como unidades de tiempo, la hectárea para el área, el litro para el volumen, el grado, el minuto y el segundo para el ángulo sólido y la tonelada para la masa.

Escritura de los símbolos y nombres de las unidades

El litro se puede escribir tanto con mayúscula como con minúscula, algo que se hizo por no confundir la ele minúscula con el número 1.

Los símbolos se escriben en redonda, independientemente del tipo de letra empleada en el texto. Irán en minúscula, excepto los del amperio (A) y el kelvin (K), ya que estos provienen de un nombre propio. La excepción a esta regla es el litro, que se puede escribir tanto con mayúscula como con minúscula, algo que se hizo por no confundir la ele minúscula con el número 1, aunque la tendencia es utilizar la minúscula.

Los símbolos no van seguidos de punto, excepto si van al final de la frase, y no se escriben en plural, aunque los nombres de las unidades sí pueden escribirse en plural (el símbolo de metros es «m»). No se pueden utilizar abreviaturas de las magnitudes, por ejemplo, no se puede utilizar «seg» para indicar ‘segundos’, tendríamos que escribir «segundos» o «s».

Para formar los productos o cocientes se hará como en matemáticas: la multiplicación con punto centrado a media altura (·) o espacio y la división con una barra oblicua (/). Si puede haber confusión se pueden utilizar paréntesis.

Los números llevarán la parte decimal separada de la parte entera por una coma. Los números de más de cuatro cifras pueden dividirse en grupos de tres cifras, separados por un espacio irrompible. Entre el valor numérico y la unidad tiene que haber un espacio irrompible.

Los prefijos se escriben en minúscula, aunque el símbolo se escriba en mayúscula.

Si lleva prefijo de múltiplo o submúltiplo, se escribirá junto y sin espacio que lo separe del símbolo. Los prefijos se escriben en minúscula, aunque el símbolo se escriba en mayúscula. Los prefijos y factores del SI son:

FactorNombreSímboloFactorNombreSímbolo
101decada10−1decid
102hectoh10−2centic
103kilok10−3milim
106megaM10−6microµ
109gigaG10−9nanon
1012teraT10−12picop
1015petaP10−15femtof
1018exaE10−18attoa
1021zettaZ10−21zeptoz
1024yottaY10−24yoctoy

La importancia de las unidades de medición

Tiene mucha importancia la buena utilización de las unidades de medida. Es sorprendente ver un texto muy cuidado y luego encontrar que un parámetro determinado se expresa en unas unidades que no le corresponden. Al ver esto se duda de la precisión del resto del artículo o el documento de que se trate. No me refiero a que los datos no se den en unidades del SI, no creo que sea lo fundamental de un texto, sino a que se exprese, por ejemplo, una superficie en centímetros, en cuyo caso pueden suceder dos cosas: que no se esté hablando de una superficie o que la unidad sea errónea. Lo que está claro es que, si es una superficie, las unidades deben ser centímetros cuadrados (cm2). Esto pasa con estas unidades que son las más elementales y las más conocidas por todos, pero si hablamos de unidades como presión o intensidad de corriente, los errores se hacen mucho más frecuentes.

El Mars Climate Orbiter se construyó para funcionar con el sistema inglés (millas) y al despegar se le dieron las instrucciones de vuelo en el sistema métrico decimal (kilómetros).

Lo que es mucho más sorprendente, a la vez que nos da idea de la frecuencia con la que se producen estos errores, es que esto pase en la NASA, y que un gran experimento con una inversión de muchos millones de dólares falle porque un equipo ha trabajado con un sistema de unidades distinto al que ha utilizado el resto. Esto ocurrió en 1998 con el Mars Climate Orbiter: se construyó para funcionar con el sistema inglés (millas) y al despegar se le dieron las instrucciones de vuelo en el sistema métrico decimal (kilómetros). Por esto, la nave llegó a Marte en una órbita equivocada, mucho más próxima a la superficie, y posiblemente se desintegró. Esto ocasionó una pérdida económica de más de 200 millones de dólares por un error que podría considerarse de principiantes.

Otro caso relevante, porque había vidas en juego, es el del planeador Gimli. En 1983 este planeador volaba de Montreal a Edmonton (Canadá), cuando tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia a mitad del camino. Al investigar lo que había pasado descubrieron que se había calculado mal la carga de combustible: utilizaron libras cuando deberían haber utilizado kilogramos, por lo tanto, calcularon algo menos de la mitad de lo que necesitaban y tuvieron que aterrizar a la mitad del trayecto, afortunadamente con éxito.

De estos se podrían recoger más casos que han ocurrido y siguen ocurriendo. También tenemos ejemplos de este siglo: en 2003, hubo problemas durante la construcción del puente de Laufenburg que une Suiza y Alemania, ya que, por la distinta forma de medir la altura sobre el nivel del mar, un lado del puente estaba 54 cm por encima del otro. En el mismo año descarriló un tren de la montaña rusa del parque temático Tokyo Disneyland al romperse un eje, debido a que se habían convertido las unidades del sistema imperial al SI y el diámetro era mucho más pequeño de lo que debía ser.

Aplicado a la traducción

Esto no es algo que vaya a ocurrirnos con una traducción, aunque sí puede haber errores que indiquen que la persona que lo está traduciendo no entiende mucho de lo que está hablando. Algo que debemos plantearnos al hacer una traducción es si debemos cambiar las unidades a las utilizadas en el país de destino o dejar las que aparecen en el documento. Normalmente dependerá del tipo de documento y, en algunos casos, habrá que consultarlo con el cliente. Por ejemplo, si es un artículo o un libro, lo normal será hacer el cambio de unidades, pero si es el manual de una máquina tendremos que saber cómo aparece en la máquina, es decir, si en el manual nos viene una altura en pulgadas, no debemos pasar a metros si las marcas en la máquina se indican en pulgadas.

Lo ideal, tanto al escribir como al traducir, sería utilizar siempre unidades del SI, pero no siempre es lo más práctico.

Lo ideal, tanto al escribir como al traducir, sería utilizar siempre unidades del SI, pero no siempre es lo más práctico. Si estamos escribiendo una receta para un bizcocho, no tendría sentido que indicáramos la cantidad de leche que hay que añadir en metros cúbicos y la de harina en kilogramos; lo normal sería darlo en litros —o mejor, mililitros o centímetros cúbicos— y gramos, respectivamente, que será la escala que tengan el recipiente y la báscula de cocina que vaya a utilizar la persona que va a hacer el bizcocho. No podemos pretender que la persona que va a seguir la receta tenga que hacer el cambio de unidades. O si decimos la distancia entre dos ciudades, tampoco tendría sentido que utilizáramos los metros; sería más normal utilizar kilómetros, que además se corresponderían con números más manejables. En cambio, si estamos escribiendo para un público científico, deberíamos utilizar las unidades del SI. Siempre tenemos que tener en cuenta a quién va dirigido el texto con el que estamos trabajando.

Es importante la coherencia dentro del mismo texto: si estamos hablando de una densidad en g/cm3 no podemos cambiar a g/l.

Por supuesto, utilicemos las unidades que utilicemos, es importante la coherencia dentro del mismo texto: si estamos hablando de una densidad en g/cm3 no podemos cambiar a g/l, ya que con esto lo que conseguimos es que el lector se pierda en la comparativa entre los datos que estamos dando. En este caso, aunque las dos medidas sean correctas, tendremos que decidir utilizar una de ellas a lo largo de todo el documento.

Bibliografía

Claros Díaz, M. G. Cómo traducir y redactar textos científicos en español. Reglas, ideas y consejos. Barcelona: Fundación Dr. Antonio Esteve, 2016. 164 pp. (Cuaderno de la Fundación Dr. Antonio Esteve; n.º 39).

Vera Aparici, J. A. «Errores ortográficos en el uso del Sistema Internacional de Unidades de Medida». Ingeniería Civil, n.º 196 (2020). [Consulta: 28-02 2022].

LEGISLACIÓN

España. Real Decreto 2032/2009, de 30 de diciembre, por el que se establecen las unidades legales de medida. Boletín Oficial del Estado, 21 de enero de 2010, núm. 18, pp. 5607 a 5619. [Consulta: 28-02 2022].

España. Real Decreto 244/2016, de 3 de junio, por el que se desarrolla la Ley 32/2014, de 22 de diciembre, de Metrología. Boletín Oficial del Estado, 7 de junio de 2016, núm. 137, pp. 37689 a 37858. [Consulta: 28-02 2022].

España. Real Decreto 493/2020, de 28 de abril, por el que se modifica el Real Decreto 2032/2009, de 30 de diciembre, por el que se establecen las unidades legales de medida. Boletín Oficial del Estado, 29 de abril de 2020, núm. 119, pp. 30649 a 30653. [Consulta: 28-02 2022].

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Es licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó varios cursos de traducción y desde 2000 es traductora autónoma de inglés a español. Traduce fundamentalmente temas científicos, técnicos, farmacológicos y médicos. Es socia de Asetrad casi desde el principio de su andadura, donde ha sido tesorera en varias juntas.

Concha Vargas
Es licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó varios cursos de traducción y desde 2000 es traductora autónoma de inglés a español. Traduce fundamentalmente temas científicos, técnicos, farmacológicos y médicos. Es socia de Asetrad casi desde el principio de su andadura, donde ha sido tesorera en varias juntas.
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