7 junio 2021
Inicio > Número 1 > El amor por los libros

El amor por los libros

Artículo premiado
con la beca José Martínez de Sousa. Noviembre de 2008

El amor por los libros, por lacultura que nos da la oportunidad deser más libres —más reflexivos,másconscientes de nosotros y los demás, más cautos yrespetuosos con lo ajeno, más identificados con lo queaprendemos a reconocer y denominar en nuestro interior— es enelfondo una gran playa. El ser humano es la arenilla del mundo, y el marinfinito —pues infinito parece y así se losiente—,la posibilidad de viajar y crecer con él. Es unalástimaque parte de esa arena se haya convertido en el cieno contaminado quelos grandes cañones del desagüe humano expulsanpara queennegrezca, como mancha de petróleo, el gran mar de todos.Resulta que la arena elige —aunque no lo parezca y a veces nolosienta así—, decide y actúa y confrecuencia lohace sin tener en cuenta siquiera lo que cabe en su cerebrito. Resulta,en suma, que algunos eligen ser el aluvión que ahoga larespiración de los peces y pudre la espina de los corales.Es lacara más negra de la preciosa moneda del librealbedrío.

Otros elegimos —comometa, claro está: con nuestraslimitaciones— ser arena blanca al vuelo, arena de losvientos, laque se deposita en las calas como mera base humilde para lacontemplación del mar y la inmersión apasionadaen lacultura. A vueltas con la libertad, resulta que esa arena aparenta noser libre, puesto que su ánimo es ante todo servicial: es lapulidora anodina —si no molestosa— que permiteresaltar elbrillo ajeno por puro amor de él. Somos esencialmente filólogos,amantes de lalengua, de la única cancha de juego del pensamiento y laculturatransmisibles. Quizá de todo lo escrito por el ser humanosolovalga la pena un uno por ciento, tal vez menos. Másrazónaún para que ese poco por ciento llegue a sus lectores—alos habitantes de la playa, a los sedientos de mar— en todasupulcritud y sin menoscabo. Una coma puede cambiar el sentido de unverso y un punto mal puesto puede quebrar la armonía delmundo,por lo mismo que añadir un electrón puede desatarunareacción en cadena. En un sistema no hay elementopequeñoni menor, pues el todo unitario es más que la simple suma delaspartes. Una gran receta deja de complacer servida en platos sucios.

El arte de la buena imprenta esla ecología de ese mar. Tocalo mínimo —pero todo lo necesario— paralapreservación de la vida ajena en sus propias condiciones deexistencia. Desde este punto de vista, entiendo que laminúsculaarena que odia las máculas de la zafiedadortotipográficano es quizá tan pequeña, al fin y al cabo: a losciegosse les incrusta en el ojo como grano de sablón grosero yparalos demás es la perla de un texto claro y pulcro ofrecidoconamor a la libre fecundación de nuestro pensamiento.

Es licenciado en teoría de la literatura y, desde hace una decena de años, traductor especializado en libros de historia, ensayo literario, divulgación y literatura infantil. Escribe para niños (de la cuna a las canas) y confiesa soñar con una hermosa pandemia de influenza lectora.

Gonzalo García
Es licenciado en teoría de la literatura y, desde hace una decena de años, traductor especializado en libros de historia, ensayo literario, divulgación y literatura infantil. Escribe para niños (de la cuna a las canas) y confiesa soñar con una hermosa pandemia de influenza lectora.
Artículo anteriorEditorial
Artículo siguienteLa Meta. Un proceso de mejora continua

Redes Sociales

956me gustaMe gusta
9,943seguidoresSeguir

Último número

- Advertisement -spot_img

Articulos relacionados