6 octubre 2022
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¡Yo también puedo ser mentora!

En otoño de 2021 concluyó la sexta edición del programa de mentorías de Asetrad. A pesar de mi todavía escaso rodaje como traductora autónoma, había decidido presentarme a la convocatoria a los pocos meses de haber colgado el hábito de mentoranda en la quinta edición. «¡Qué diablos!», me dije entonces. «¡Yo también puedo ser mentora!». A continuación relato en qué consistió para mí este programa y cómo terminé de convencerme de que mi breve experiencia puede ser un recurso útil para otros socios y socias.

Participé como mentoranda en la quinta edición y, acto seguido, como mentora en la sexta, por primera vez con esa función.

¿Quién me diría hace un año que estaría esperando con ganas a apuntarme como mentora en la siguiente edición del programa? Participé como mentoranda en la quinta edición y, acto seguido, como mentora en la sexta, por primera vez con esa función. En ambas ocasiones, Judith Carrera, la coordinadora, facilitó el contacto entre participantes y me animó a dar el paso al cambiar de rol entre una edición y la otra. Mi mentora fue Valentina Luridiana, de Tegueste (Tenerife) y mi mentorando, Alejandro Marín, de Marbella.

De mentoranda en la quinta edición…

Todas las personas que se sientan a uno u otro lado de esa mesa abierta que es una mentoría tienen motivos diferentes para buscar y ofrecer ayuda.

Todas las personas que se sientan a uno u otro lado de esa mesa abierta que es una mentoría tienen motivos diferentes para buscar y ofrecer ayuda, como diferentes son las aportaciones que se pueden hacer desde ambas posiciones. Cuando se abrió la convocatoria, mi situación era la siguiente: un par de clientes en Alemania estaban empezando a hacerme encargos con cierta regularidad; con eso ya me veía yo rondando la línea de flotación y me estaba animando a seguir invirtiendo tiempo, dinero e ilusiones en hacerme un hueco como autónoma. Entonces pensé en buscar ayuda para intentar meterme en un terreno desconocido.

Me interesaba sobre todo cualquier consejo sobre la negociación con agencias de traducción en Italia antes de comenzar a ofrecerles mis servicios.

En esa época quería empezar a apostar también por el italiano como lengua de trabajo, tras muchos años de aprendizaje como lengua cultural. Para darle un giro profesional al uso de este idioma, veía clarísimo que necesitaba que alguien me orientase. Me interesaba sobre todo cualquier consejo sobre la negociación con agencias de traducción en Italia antes de comenzar a ofrecerles mis servicios y no conocía a nadie que trabajase como autónoma desde España en ese mercado.

No pudo ser más afortunado para mí el emparejamiento con mi mentora: Valentina es traductora de italiano, inglés y español y se centra en los sectores sanitario y farmacéutico. También es física y astrónoma, pertenece a diversas asociaciones profesionales, y no deja de formarse en todas las direcciones imaginables con pasión y constancia. La suerte ha hecho que vivamos muy cerca, en municipios limítrofes de la misma isla. Este hecho, aparte de facilitar una inesperada secuela de nuestra mentoría, que dejo para un par de párrafos más adelante, permitió que nos conociéramos en persona. Todo un lujo en época de restricciones sanitarias en lo relativo al contacto físico.

Como quien tiene una primera cita a ciegas, Valentina y yo quedamos en el casco histórico de La Laguna. Nos reconocimos por la inconfundible postura de espera avizora en las esquinas. En la terraza de una cafetería, hablamos un poco de lo que estábamos haciendo en esos momentos y yo le planteé mis inquietudes sobre el acceso al mercado de la traducción en Italia. De vuelta en casa, la comunicación continuó por correo electrónico: ella revisó mis textos de presentación y mi currículum en italiano, me recomendó un par de agencias por si quería presentarme y me advirtió sobre malas experiencias con otras, para que me anduviese con ojo. En un instante que me pareció más solemne que todos los anteriores, recalcó que lo importante es estar en contacto con otros colegas y tomarse esta actividad como una carrera a largo plazo.

A partir de esa primera reunión, y como ella ya conocía a un par de socias más en la isla, se puso en marcha un grupo informal.

Pero lo más importante que sucedió en aquel primer encuentro fue que Valentina me habló de sus expectativas de tener un contacto más cercano con socios y socias de Asetrad y otros traductores que trabajasen en Tenerife, con vistas a ampliar en un futuro el contacto a toda Canarias. A partir de esa primera reunión, y como ella ya conocía a un par de socias más en la isla, se puso en marcha un grupo informal que fue creciendo poco a poco hasta hoy, en un proceso horizontal que, dicho sea de paso, continúa abierto (anímate, compañera, compañero que nos lees desde Canarias, y escríbenos). Quisiera no ponerle a esta iniciativa ningún nombre sacado de manuales de coaching empresarial y pensar en ella como lo que, por ahora, es para quienes la integramos: una red de cercanía en la que nos ayudamos en dudas técnicas, nos pasamos contactos de clientes y encargos, y seguimos conociéndonos, en pequeños encuentros en las cafeterías. Este ha sido un efecto inesperado de mi participación en el programa de mentorías y me ayudó a tomar la decisión de proponerme, pasados unos meses, como mentora.

Los espacios que tenemos en Asetrad (la lista de correo, las sesiones formativas y los encuentros orquestados desde la junta directiva) son indispensables para la comunicación y la acción, pero cuando participamos en ellos, los que llevamos poco tiempo siendo socios nos exponemos ante muchas personas que aún no conocemos y eso puede provocar algo de vértigo. Un grupo más reducido bien puede funcionar como una primera instancia de consulta, sobre todo, si se plantean cuestiones que tienen que ver con el propio territorio. Y la mentoría sería otro formato de petit comité. Más allá de la oportunidad que representa para una persona recién llegada a la profesión conocer de primera mano la rutina de un colega veterano, el esquema simple permite desinhibirse para plantear dudas fuera de los focos y hacerlo de la manera que mejor convenga a ambos.

En ese nuevo pequeño foro informal tan reciente, me pregunté, ¿qué podría aportar desde mi insegura posición individual?

En ese nuevo pequeño foro informal tan reciente, me pregunté, ¿qué podría aportar desde mi insegura posición individual? Como buena principiante en el mundillo asociativo, el primer encuentro del grupo local fue para mí un subidón. Me sentí acompañada por una consciencia gremial, como diría Quino a través de Mafalda, y al mismo tiempo me animé a hacer un ejercicio de introspección: para aportar a los demás algo más que buenas intenciones, debía hacer un esfuerzo por valorar todas las facetas de mi yo traductor, sin descartar nada a priori. Debía asumir que estoy transitando continuamente tantas certezas como errores. Conocer de cerca a otros traductores y traductoras como yo me hizo sospechar que algunas de estas facetas eran comunes. El alivio y la esperanza se me contagian fácilmente.

El programa de mentorías había concluido y pronto harían falta nuevos mentores. Ante la talla profesional y personal de mi mentora, mis dudas sobre lo que yo podría aportar a un mentorando me hacían sentir pequeña. Y es que mi experiencia como traductora ha sido fragmentada: hace unos años, apenas licenciada, sin planificación alguna ni la más mínima noción empresarial en mente, me tiré a la piscina, me di de alta y aguanté lo poco que duraron mis ahorros. Por suerte, cuando eso inevitablemente ocurrió se fueron abriendo otras puertas y terminé formándome en ciencias sociales y trabajando en programas de cooperación internacional. Lo curioso es que, por muy alejada que estuviera entonces de la traducción, creo que sin esa incursión en otros sectores no habría reunido las fuerzas para afrontar este nuevo comienzo como traductora autónoma de alemán.

… a mentora en la sexta convocatoria

El contacto cercano con las compañeras y compañeros de Asetrad en Tenerife fue decisivo para apuntalar mi confianza.

El contacto cercano con las compañeras y compañeros de Asetrad en Tenerife fue decisivo para apuntalar mi confianza y darme cuenta de que tanto los errores del primer intento como autónoma como los pequeños avances de esta segunda etapa podrían ser aprovechables para otra persona que también estuviera iniciándose en su andadura profesional. De modo que concluí la fase del psicoanálisis y me propuse como mentora. Judith me dio la bienvenida y me lo puso todo fácil. Solo tenía que esperar a que me emparejase con alguien interesado, esperaba yo, en mi lengua de trabajo o en algún aspecto que me resultase familiar.

Pronto supe con quién sería mi siguiente cita: con Alejandro, licenciado en la Universidad de Granada con inglés y francés como lenguas B. Además de su experiencia laboral en España, ha vivido en Irlanda y Francia y ha trabajado en los sectores de la docencia y el marketing digital. Antes de dar el paso de hacerse traductor autónomo, está recabando información de todo tipo de fuentes, continúa formándose en temas clave para la práctica traductora y consulta con frecuencia a colegas que están en activo, como hace ahora conmigo en su rol de mentorando.

Yo le respondo desde mi propia experiencia y pienso que lo que está haciendo él seguramente le evitará caer en los errores en los que caí yo al principio.

Las lenguas, los lugares y los temas de trabajo de Alejandro y los míos no coinciden; aun así, lo que yo tengo para contar parece ser un recurso útil para él. El primer encuentro se da en una videollamada de Google Meet. A partir de entonces, nuestra comunicación continúa por escrito, con algún envío por mi parte de documentos que le sirven de ejemplo (presupuestos, facturas). Con su actitud, Alejandro me transmite la sensación de que ya se imagina su vida como autónomo mucho antes de darse de alta: sus preguntas son concretas, piensa conmigo, reacciona, compara lo que le digo con otras cosas que ha leído, es positivo, aprovecha bien el tiempo que tenemos disponible, plantea sus dudas con claridad. Toca los temas que para mí son sencillos (qué información contiene exactamente una orden de pedido o PO) y los que son más complejos (qué haces si un cliente no te paga, en qué momento y dónde plantearse hacer una formación adicional, cómo afrontas un encargo de posedición de traducción automática). Yo le respondo desde mi propia experiencia y pienso que lo que está haciendo él seguramente le evitará caer en los errores en los que caí yo al principio.

Ser mentoranda primero y mentora después me ha colocado en diferentes lugares desde los que he podido observar mi propia actividad. He tenido que relatarme primero a mí misma mi biografía traductora para luego relatársela a Alejandro. Esta revisión activa de mi práctica me pone ante preguntas concretas: cómo lo estoy haciendo, cómo lo están haciendo otros, qué necesito a partir de ahora, qué cosas nuevas debería explorar. Es una reflexión de fondo que nunca termina y es bueno contar con espacios simultáneos para hacerlo: desde la lista de correo de la asociación, desde el pequeño grupo de referencia local y desde el tándem de la mentoría.

No quisiera terminar sin animar a las personas afiliadas a Asetrad a participar como mentores en el programa.

No quisiera terminar sin animar a las personas afiliadas a Asetrad a participar como mentores en el programa. Estad atentos a la convocatoria, imaginad vuestro propio relato y dejaos llevar por las sorpresas que vayan surgiendo en el camino. Para ser mentor o mentora solo hay que cumplir tres requisitos: llevar un mínimo de tres años como autónomo en la profesión, dos como socio profesional y estar al día con el pago de las cuotas.

Socia profesional de Asetrad desde la primavera de 2019. Licenciada en Traducción e Interpretación de alemán por la Universidad de Granada. Procedente de Argentina, se crio en Galicia, de donde le quedó el acento, y donde comenzó su formación académica. Tras cursar un máster en Ciencias Sociales por la Universidad Pablo de Olavide, ha trabajado en la gestión de proyectos de educación y cooperación para el desarrollo y ahora se desempeña como traductora autónoma en Tenerife.

María López del Río
Socia profesional de Asetrad desde la primavera de 2019. Licenciada en Traducción e Interpretación de alemán por la Universidad de Granada. Procedente de Argentina, se crio en Galicia, de donde le quedó el acento, y donde comenzó su formación académica. Tras cursar un máster en Ciencias Sociales por la Universidad Pablo de Olavide, ha trabajado en la gestión de proyectos de educación y cooperación para el desarrollo y ahora se desempeña como traductora autónoma en Tenerife.

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