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Interpretación: ¿Oído, cocina?

El cocinero que se convierte en intérprete

Natalia González Caballero
Natalia González Caballero trabaja como intérprete y traductora autónoma con la combinación inglés-español y es vocal de la junta directiva de AICE (Asociación de Intérpretes de Conferencia de España). Es licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad de León, carrera que eligió con la intención de dedicarse a la traducción y la interpretación especializada en el campo de las ciencias. Cursó uno de sus años universitarios en la Universidad de Upsala (Suecia) y otro en la Universidad de Namur (Bélgica). Posteriormente combinó estudios de doctorado en Neurobiología con Traducción Científica. Durante algunos años desempeñó diversos cargos en departamentos internacionales de varias multinacionales. Más adelante completó su formación con varios cursos de Traducción e Interpretación en diversos centros y comenzó a dedicarse a la traducción y a la interpretación de forma profesional. A lo largo de su vida Natalia ha vivido en España, Suecia, Bélgica, Francia, Reino Unido y Japón.

Un buen intérprete y un chef de cocina de alta gama se parecen entre sí en que ambos elaboran obras a partir de la combinación de unos elementos determinados. En el caso de los cocineros, estos elementos son los ingredientes y sus obras son los platos; para los intérpretes, los elementos son las palabras y su obra es el mensaje que transmiten. Pero, ¿qué relación puede existir entre ambos creadores?

Imaginemos una interpretación consecutiva español-inglés de un curso de cocina de Ferran Adrià. El curso se desarrolla en el majestuoso Salón Real del Casino de Madrid, con sus vidrieras de Maumejean como telón de fondo. Sobre un escenario se ha dispuesto una típica encimera de cocina, que luego se convertirá en una meseta de laboratorio científico por la que se derramará el humo del nitrógeno líquido. El ambiente recuerda a una representación teatral en la que los actores son el chef y el intérprete. Enfrente se encuentra el público, formado por hispanoparlantes que hablan algo de inglés y angloparlantes que no hablan español. Algunos espectadores ya han oído hablar de las técnicas de cocina de Ferran Adrià que se van a representar, la esferificación y la cocina con nitrógeno líquido, y conocen el factor espectáculo asociado a todo ello. El intérprete tiene en mente a esos asistentes de entre el público que, además de su interés por las técnicas culinarias, también tienen curiosidad por el idioma de la interpretación. Son ellos los que, sin saberlo, convertirán su trabajo en una combinación de interpretación de conferencia e interpretación teatral. La razón es que, al principio, no pueden evitar prestar especial atención a cómo va a traducir el intérprete ese término inventado por un cocinero creador como Adrià (esferificación, gelificación, aires, etc…), o a si recordará todos los ingredientes del interminable listado del cocinero, o a si conocerá cómo se dice en inglés ese ingrediente concreto que ellos no conocen. Porque hay pocos que no sepan cómo se traduce sal o pimienta, pero serán menos los que sepan cómo decir en inglés cilantro, hinojo, escudillar, alginato, acidulantes, xantana, lulo o emulsificante.

Arranca así un espectáculo cuyos actores tienen objetivos muy dispares. El del chef es convertirse en el verdadero protagonista, su receta es el espectáculo y debe captar la atención del público; el intérprete, por su parte, sabe que el escenario es solo su lugar de trabajo, y su objetivo es precisamente el contrario. El intérprete es parte del espectáculo, pero nunca deberá ser el protagonista, su objetivo es conseguir que la atención del público se traslade completamente hacia el cocinero, el actor principal sobre el escenario y a quien el público aplaudirá al final de la obra. Porque, si el trabajo de interpretación se ha realizado con profesionalidad y maestría, el público, más pronto que tarde, se habrá olvidado por completo del intérprete.

¿Qué puede hacer el intérprete para superar la presión del público y conseguir su objetivo? Como todo buen intérprete, habrá estudiado y preparado el trabajo meticulosamente, conocerá los términos específicos del vocabulario culinario de Ferran Adrià, así como su traducción, y estará familiarizado con ingredientes de cocina comunes y no tan comunes. Pero la clave radica en que el intérprete también disfrute y participe del espectáculo del chef. De esta forma logrará sumergirse en la receta y, sin darse cuenta, se verá transmitiéndola con naturalidad al público de forma que su trabajo fluirá de manera natural. Cabe mencionar que el carácter generalmente informal del arte culinario contribuye a crear una atmósfera distendida que facilita la labor del intérprete y la consecución de su objetivo. Entonces el chef pide voluntarios de entre el público, que se encuentra ya disfrutando de sus exóticas creaciones culinarias. Unos echan humo por la nariz al degustar la famosa tapa Dragon Oil elaborada con nitrógeno líquido, otros experimentan qué se siente cuando explota en su boca una aceituna esférica. A estas alturas del espectáculo, el público, sin darse cuenta, ha dejado de notar la presencia del intérprete en el escenario. Este ha ido desviando toda su atención hacia el cocinero, que se erige en verdadero y único protagonista del evento.

La representación culmina con el chef como actor protagonista. Es él quien se lleva los aplausos y los premios, es él quien se hace la foto. Pero una obra teatral no funciona sin una buena iluminación, una buena realización y una música que emocione… y todo eso es el intérprete de conferencias. Y sobre el escenario ambos han creado dos obras que van más allá de la suma de los ingredientes a partir de los cuales se formaron.

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