17 agosto 2022
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El cubo de Rubik, un rompecabezas IM-POSIBLE

Cuando tenía 12 años iba caminando por la calle y vi a un chico resolviendo un cubo de Rubik. En ese momento le dije a mi hermano, quien me acompañaba: «No quiero morirme sin resolver un cubo de Rubik. Si él lo ha conseguido ¿por qué yo no?». Tiempo después mi madre me regaló el primer cubo, pues le hacía ilusión, ya que a ella se lo regaló su madre cuando era pequeña. Traté de resolverlo durante semanas y conseguí solamente hacer la mitad. Me puse a buscar como una loca por internet y descubrí que había tutoriales para aprender a resolverlo. Esto fue en 2008, y desde entonces no he podido parar. ¡Bendito día en el que el cubo se cruzó en mi camino!

El cubo de Rubik y mis inicios en el mundillo

Un día llegaría a ser el juguete más vendido, con más de 350 millones de unidades, en todo el mundo.

El cubo de Rubik es un rompecabezas tridimensional creado en 1974 por el profesor de arquitectura húngaro de la Universidad de Budapest Ernő Rubik. Tuvo su apogeo en los años ochenta. Este objeto posee seis caras y en cada una de ellas hay nueve pegatinas (en total, 54 piezas) de un color distinto (blanco, amarillo, rojo, naranja, verde y azul). Tiene tres ejes que permiten el movimiento, los colores se mezclan, y el objetivo es conseguir que cada una de las caras vuelva a ser de un solo color. Ernő lo creó con el objetivo de enseñar a sus alumnos conceptos puramente académicos como las relaciones espaciales o los contrastes de la condición humana a través de un objeto de arte que exploraba nuevas formas, sin saber que un día llegaría a ser el juguete más vendido, con más de 350 millones de unidades, en todo el mundo.

Es un puzle que, a la par que divertido, aporta numerosos beneficios, como la visión espacial, la agilidad mental, la concentración, la memoria a corto y largo plazo, la autosuperación, la paciencia, la motivación, la capacidad de afrontar nuevos retos…

Aún recuerdo el día que lo resolví por primera vez. No pude ir al instituto porque tenía algo de fiebre. Decidí que era buen momento para descubrir cómo se solucionaba ese maldito cubo que llevaba meses dando vueltas por casa (te suena de algo, ¿verdad?). Recuerdo cómo al hacer los últimos pasos todo parecía mezclarse aún más. No paré y seguí con los movimientos que indicaba el vídeo de internet. Y fue entonces cuando… ¡voilà! Estaba resuelto. El subidón de adrenalina que sentí en ese momento fue increíble. Imagino que muy similar al que uno siente cuando le aprueban un gran presupuesto o llega un encargo de su tema favorito.

Después del tiempo que me llevó hacerlo, ya no quería mezclarlo de nuevo. Tanto era así que lo dejé en la estantería unos meses como si de un gran trofeo se tratara.

Después del tiempo que me llevó hacerlo, ya no quería mezclarlo de nuevo. Tanto era así que lo dejé en la estantería unos meses como si de un gran trofeo se tratara. Lo que hice después lo puedes imaginar: fui a comprar otro con el que practicar para no desarmar mi tan ansiado trofeo. En cuanto pude, no dudé en alardear delante de mis amigas y compañeros de clase, llegando incluso a enseñar a todos los que me lo pedían.

Tras aprender a resolverlo y «dominar» el método de principiantes (o eso creía) me hice la gran pregunta: «¿Y ahora qué? Ya lo sé resolver, sé cómo funciona, empiezo a entender la palabra algoritmo, ¿es que esto acababa aquí?» En realidad, lo que no sabía era que no acababa, sino que empezaba el camino más bonito con el que nunca me había topado.

Seguí investigando, indagando, buscando personas que compartieran la misma afición, cuando de pronto vi que la gente competía por ver quién lo resolvía más rápido. Descubrí que, además del clásico cubo 3 × 3 (el que todos conocemos) había puzles más grandes, otros más pequeños, con distintas formas, que podía resolverse con los ojos cerrados, a una mano… ¡guau! Existía todo un mundo de posibilidades.

El speedcubing

Como puedes imaginar, yo no era la primera persona (ni la última) en cuestionarse lo mismo. El cubo tomó el camino natural y desde su boom en los años ochenta, los cuberos (personas aficionadas a los cubos) comenzaron a reunirse para intercambiar métodos, puzles, algoritmos…

Minh Thai se convirtió en el primer ganador de un campeonato mundial, con un resultado de 22,95 segundos.

Así, en 1982 se celebró el primer Campeonato Mundial del cubo de Rubik en Budapest. Asistieron un total de 19 competidores, que fueron seleccionados en pequeñas competiciones en sus respectivos países. Minh Thai se convirtió en el primer ganador de un campeonato mundial, con un resultado de 22,95 segundos.

Las siguientes décadas trajeron consigo nuevos inventos. Los primeros ordenadores, videojuegos y, en definitiva, las nuevas tecnologías consiguieron captar la atención de un público que comenzó a interesarse más por todo esto que por aquel rompecabezas que parecía imposible.

Jessica Fridrich publicó en 1997 un método avanzado para resolverlo: el método Fridrich o CFOP (siglas de los pasos para resolverlo mediante este método). Gracias a ella el cubo resurgió, la gente volvió a coger el cubo de la estantería y a aprender maneras más rápidas y óptimas de llegar a la solución. Así nació el speedcubing, que no es, ni más ni menos, que resolver de la manera más rápida posible un cubo de Rubik y sus variantes.

En 2003 se fundó la World Cube Association (la asociación mundial del cubo) como necesidad de unificar unas reglas y congregar a los aficionados de todo el mundo. Esta asociación se encargó de establecer una serie de normas que un campeonato debía seguir para dar un resultado como válido. Se comenzaron a celebrar competiciones por todo el mundo y se creó un ranking mundial. De esta manera, cualquier persona que participara en un campeonato oficial entraría en el listado nacional, continental y mundial y obtendría un perfil con todos los registros conseguidos oficialmente. Para que un campeonato sea oficial debe seguir el reglamento de la WCA y contar con un delegado encargado de verificar que se cumple la normativa.

Fueron mis ganas de compartir la afición con otros cuberos lo que me impulsó a dar el paso y participar en una competición.

Desde el momento en el que vi que los campeonatos se celebraban por España ya quise participar en ellos. En aquel momento yo no resolvía el cubo con rapidez ni conocía todos los algoritmos del método avanzado. Fueron mis ganas de compartir la afición con otros cuberos lo que me impulsó a dar el paso y participar en una competición. Y antes de continuar quiero dejar clara una cosa: no tiene truco. Requiere tiempo y esfuerzo, como todo en la vida. Aprender algoritmos, practicar, mejorar, perfeccionar el movimiento de los dedos…

Recuerdo mi primera competición como si fuera ayer. Conocí a un montón de gente nueva, aprendí nuevos algoritmos, se percibía un gran ambiente… Debo confesar que no todo fue bonito. Me sentí un poco rara. Por dos razones. La primera, porque solamente había tres chicas (yo incluida). La segunda, porque el resto de los competidores estudiaban carreras puramente científicas: ingenierías, matemáticas, física… excepto yo. Como anécdota contaré que se pasaron todo el fin de semana escribiendo en una pizarra decimales del número pi. ¿¡Dónde me había metido!?

Tras ese campeonato, además de nuevas amistades, nuevos algoritmos y una posición en el ranking mundial, me llevé muchas reflexiones. No entendía por qué no había más mujeres. No entendía por qué no había más variedad. Tenía muchas preguntas a las que no sabía dar respuesta. De lo único que estaba segura era de que no me arrepentía en absoluto de haber ido.

Conseguí hacer historia en el speedcubing español. Fui la primera mujer española en superar la barrera de los diez segundos en competición.

Poco a poco fui ganándome un hueco en lo que iba ascendiendo puestos en los rankings nacionales. En 2016, sin quererlo, descubrí yo sola la respuesta. Conseguí hacer historia en el speedcubing español. Fui la primera mujer española en superar la barrera de los diez segundos en competición. Con ese tiempo conseguía ser la primera (mujer) en el ranking de España. Entonces me di cuenta. Si no hay referentes femeninos, ¿cómo iba a haber más mujeres? Por otra parte, es un mundo todavía muy desconocido; si lo conociese más gente, las estadísticas podrían cambiar. En ese momento cambié el objetivo de conseguir grandes récords por el de darlo más a conocer. Más adelante, cuando ya tuve la suficiente experiencia, me animé a organizar mis propias competiciones. ¡Cómo cambia el cuento! Jamás podría haber imaginado que aquella chiquilla que se sentía intimidada entre tanto matemático, un día llegaría a conseguir récords y organizar sus propias competiciones. Tenía la oportunidad de demostrar que ni es solo para hombres, ni que es necesario ser un «cerebrito» para resolverlo.

En 2018 varios cuberos decidimos crear la Asociación Madrileña de Speedcubing. Desde entonces no hemos dejado de organizar eventos, talleres, exhibiciones, campeonatos…

En 2018 varios cuberos decidimos crear la Asociación Madrileña de Speedcubing. Desde entonces no hemos dejado de organizar eventos, talleres, exhibiciones, campeonatos… ¡Bueno, sí! Hemos tenido que parar. El coronavirus llegó a nuestras vidas y con él se paró el mundo. En este tiempo hemos aprovechado para organizar eventos online y trabajar más a fondo en la asociación, preparando la vuelta de las competiciones.

No tengo más que agradecer al cubo todo lo que ha aportado en mi vida. Logré juntar los cubos y la traducción en forma de trabajo de fin de máster, localizando una web sobre el cubo de Rubik al español. Además, he localizado algunas aplicaciones y otras webs sobre el tema. Al final, la traducción y el cubo tienen más en común de lo que pensamos. ¿O acaso no practicamos, mezclamos y combinamos palabras en forma de algoritmos para conseguir dar con el sentido correcto? Ahora me encuentro intentando entender todos los trámites y obligaciones tributarias del traductor autónomo y, sinceramente, todo esto me parece más complicado que cualquier puzle.

Sin duda, el mejor momento que he vivido en este tiempo fue conocer al gran Ernő Rubik y hacerme una foto con él en París.

Gracias al cubo he viajado, pues cualquier excusa es buena para salir de Madrid. He salido en la televisión y en la radio. He ido mostrando mis habilidades a compañeros de clase, del trabajo y profesores (muchos de ellos seguramente estén leyendo esto) y… ¡hasta me he hecho un tatuaje! Pero, sin duda, el mejor momento que he vivido en este tiempo fue conocer al gran Ernő Rubik y hacerme una foto con él en París.

No quería concluir el artículo sin agradecer a Asetrad el espacio que me ha cedido para compartir esta gran afición con vosotros. Y quiero terminar con la pregunta que planteé al inicio del artículo, pero esta vez la formulo yo: «Si yo lo he conseguido, ¿por qué tú no?».

María del Mar, o Mar, como prefiere que la llamen, es una asetradera madrileña de 25 años. Se graduó en Traducción e Interpretación (UAM) y posteriormente cursó un máster oficial en Traducción Audiovisual y Localización (UAM-UCM). Traduce del francés e inglés al español. Acaba de empezar su andadura como traductora autónoma. Con respecto al tema que hoy nos concierne, es muy conocida en el panorama nacional. Ha participado en concursos de talentos de televisión y en programas radiofónicos y posee varios récords. Además, ha fundado, junto con otros compañeros, la Asociación Madrileña de Speedcubing, encargada de promover el cubo de Rubik en la Comunidad de Madrid.

María del Mar Gallego Vicente
María del Mar, o Mar, como prefiere que la llamen, es una asetradera madrileña de 25 años. Se graduó en Traducción e Interpretación (UAM) y posteriormente cursó un máster oficial en Traducción Audiovisual y Localización (UAM-UCM). Traduce del francés e inglés al español. Acaba de empezar su andadura como traductora autónoma. Con respecto al tema que hoy nos concierne, es muy conocida en el panorama nacional. Ha participado en concursos de talentos de televisión y en programas radiofónicos y posee varios récords. Además, ha fundado, junto con otros compañeros, la Asociación Madrileña de Speedcubing, encargada de promover el cubo de Rubik en la Comunidad de Madrid.

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