24 enero 2022
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Entrevista a Helena Cortés Gabaudan, Premio Nacional a la Mejor Traducción 2021

La Linterna del Traductor se viste de gala para entrevistar a Helena Cortés Gabaudan, miembro del Consejo Editorial y Premio Nacional a la Mejor Traducción 2021 por su traducción de El Diván de Oriente y Occidente, de Wolfgang von Goethe. En esta entrevista, Helena se presta con enorme generosidad a hablarnos de la obra y de la traducción que le han valido el premio, pero también hace valiosas reflexiones sobre nuestra profesión, la cultura y —cómo no— esta revista.

Ante todo, enhorabuena por el premio y muchas gracias por tu amabilidad al prestarte a este «asalto». Como comprenderás, no podíamos dejar pasar la oportunidad de entrevistarte.

Para situar a los lectores, empecemos por tu trayectoria profesional y docente. ¿Qué resaltarías de ella, aparte de los datos que aparecen en la reseña biográfica de este artículo?

Cuando regresé a la universidad, decidí enfocar decididamente mi trayectoria investigadora hacia lo que es mi vocación, la traducción de textos literarios y su análisis crítico.

Mis diez años de directora en los Institutos Cervantes de Bremen y de Hamburgo fueron una importante cesura vital, voluntaria, que me apartó de la frenética carrera universitaria para lograr publicar en las revistas que otorgan más puntos y poder subir en el escalafón y creo que eso fue algo muy saludable y enriquecedor que me abrió horizontes mucho más amplios. Lo que nunca hice durante todos esos años fue dejar de traducir y, por eso, cuando regresé a la universidad, decidí enfocar decididamente mi trayectoria investigadora hacia lo que es mi vocación, la traducción de textos literarios y su análisis crítico, sin importarme los (escasos) réditos que ello traiga consigo. Hay que saber que un artículo en una revista de las llamadas indexadas vale más que una traducción que te lleva varios años, incluso si lleva consigo el aparato filológico y crítico de que yo las acompaño siempre, ya que no existen parámetros «objetivos» para valorarlas como investigación.

El Diván de Oriente y Occidente no es precisamente un superventas ni un libro comercial al uso, pero encaja perfectamente en esa vocación que acabas de declarar. Permite que aprovechemos la ocasión para pedirte que nos hagas una breve reseña de la obra, ya que durante todo el tiempo que has trabajado en ella es más que probable que hayas llegado a conocerla y comprenderla mejor que quienes nos aproximamos a ella como lectores.

El Diván de Oriente y Occidente es un simbólico viaje hacia el encuentro con Oriente, un paso personal e importante del autor en su camino hacia la idea de una «literatura universal» en la que todas las culturas se valen y se unen entre sí. Es, por eso, un verdadero puente cultural y una síntesis consciente y buscada de elementos orientales y occidentales en un juego de espejos cuyos reflejos se funden y confunden hasta resultar indistinguibles. En la base de la obra funciona siempre —pero de modo no expreso— el acervo de la mejor poesía oriental clásica, en la que Goethe se inspira, a veces casi copiándola al pie de la letra, otras veces versionándola, otras tomando solo su ritmo y su tono para emitir sus propias opiniones y expresar sus sentimientos, como por ejemplo su amor por Marianne, la joven y vivaracha esposa de su amigo Willemer, un banquero de Frankfurt, con la que vive una preciosa historia de amor en la que ambos intercambian versos basados en poemas orientales y la discípula acaba igualando al maestro, de modo que —de nuevo sin decirlo— también parte de sus poemas van a engrosar la colección del Diván, nunca sabremos bien en qué medida. Así, el Diván es también, entre otras muchas cosas, un secreto diálogo amoroso convertido en obra de arte, el reflejo público de un amor de madurez sin el que jamás se hubiera escrito la obra, pues Goethe necesitaba frecuentemente ese tipo de impulsos vitales para ser artísticamente productivo.

Tal como es propio de la poesía oriental, todo se va engarzando en todo, los temas y motivos se reencuentran y hay que leer todos los poemas como si fueran perlas.

Pero, además de todo esto, el Diván es también una obra enormemente diversa y original. Para empezar, mezcla verso y prosa: su estructura consiste en doce libros de versos seguidos de una larga parte en prosa que incluye lo que Goethe titula «Anotaciones y tratados para una mejor comprensión del Diván». Ahora bien, tanto los libros de versos como los tratados en prosa son un cajón de sastre en los que se trata de los temas más variados cambiando siempre de nuevo de estilo y de tono (lo que requiere cada vez una nueva adaptación para su traducción, pero evita caer en la monotonía). Es verdad que la palabra oriental «diván» ya presupone un «compendio» de poemas diversos y lo que hace Goethe es agrupar sus doce libros en cuatro temas principales: los tres primeros libros tratan sobre el amor, la bebida y el canto o poesía; los tres siguientes, de carácter a veces casi aforístico, son de tipo sapiencial y reflexivo, incluyendo reacciones críticas de Goethe a opiniones de su tiempo; otros tres libros están dedicados a figuras concretas, como el tirano Timur, su amada Suleika y un joven y, por cierto, también amado copero, ya que no existen tampoco los prejuicios amorosos; y, por último, los tres libros finales están dedicados a temas religiosos. Ahora bien, tal como es propio de la poesía oriental, todo se va engarzando en todo, los temas y motivos se reencuentran y hay que leer todos los poemas como si fueran perlas, bellas por sí solas, pero que solo ensartadas constituyen un collar. Por su parte, los tratados en prosa empiezan ilustrando a los lectores sobre la cultura y la literatura oriental (sobre todo los poetas persas que subyacen a la obra de Goethe), pero poco a poco van introduciendo otros asuntos y, así, desfilan por sus páginas desde descripciones de antiguos viajeros a Oriente (como la entrañable figura de Pietro della Valle), hasta un tratado sobre el lenguaje de las flores, una famosa descripción sobre los modernos géneros literarios o un curioso análisis, muy minucioso y lleno de datos geográficos, de por qué Moisés no pudo emplear cuarenta años en su travesía del desierto sino a lo sumo dos. Así, contrariamente a lo que se puede pensar, esta parte en prosa es tan variada como amena.

De tu descripción se deduce que estamos ante una obra de una importancia cultural y literaria indiscutible —imaginamos lo que has debido de disfrutar traduciéndola—, importancia reconocida hace veinte años por la Unesco. En tu opinión, ¿qué valor tiene desde la perspectiva cultural de hoy? Porque da la sensación de que, más que perder vigencia, su carácter tolerante y abierto hace que sea relevante para el contexto actual.

El Diván es mucho más que un libro: es un canto a la tolerancia cultural, un ensayo logrado de diálogo entre civilizaciones.

En efecto, desde el año 2001 el manuscrito del Diván es Patrimonio de la Humanidad, aunque eso es extensible a los demás manuscritos del legado póstumo de Goethe. Pero es que el Diván tiene además un valor de monumento cultural a la tolerancia; de hecho, en el año 2000, se levantó en Weimar, la ciudad de Goethe, un monumento de piedra regalado por la Unesco con motivo del Año Internacional del Diálogo entre Culturas, que simboliza la idea central de la obra. Dicho monumento fue inaugurado solemnemente por el presidente de Irán y el presidente de la República Federal de Alemania y consiste en dos enormes sillones de piedra vacíos, pero que se miran el uno al otro en mudo diálogo, que simbolizan Oriente y Occidente, el poeta persa Hafiz y el poeta Goethe: en sus zócalos llevan, por un lado un «gazal» o poema de Hafiz en grafía oriental y, por otro, dos breves citas del Diván de Goethe en las que tematiza la relación entre las dos culturas. Una de ellas, que a los españoles nos toca de cerca dice: «¡Qué bien ha penetrado Oriente / por las mediterráneas tierras! / Solo quien a Hafiz entiende, / también a Calderón aprecia.». La otra reza: «Quien a sí mismo y otros conozca / que esto también reconozca:/ Oriente y Occidente, / estarán ya unidos siempre.». El Diván es mucho más que un libro: es un canto a la tolerancia cultural, un ensayo logrado de diálogo entre civilizaciones, algo que sigue siendo más necesario que nunca, pero que Goethe postuló mucho antes que nosotros. Su grado de ausencia de prejuicios ante el mundo musulmán resulta —a día de hoy y ante los problemas que vuelven a estar de actualidad— de verdad sorprendente y muy aleccionador. Por eso, los homenajes al Diván, sobre todo en el citado monumento de Weimar, se suceden cada año en Alemania en un intento de ofrecer modelos señalados de convivencia, un ejemplo de obra famosa en la que lo ajeno es visto únicamente como una fuente de enriquecimiento cultural (por ejemplo, Jesús y Mahoma fundidos) y no como una amenaza.

Los proyectos de traducción llegan a nuestras manos por los caminos más variopintos y, siendo como somos un gremio curioso, es inevitable preguntarte por qué decidiste traducir precisamente el Diván. ¿Fue una propuesta tuya o un encargo? Asimismo, imaginamos que traducir los poemas debió de ser una gran aventura; ¿habías traducido antes este tipo de poesía? ¿En qué radicaba concretamente la dificultad del texto poético?

Yo ya había traducido antes a Goethe, nada menos que su obra mayor, el Fausto, y la novela suya que más me gusta, Las afinidades electivas.

No fue un encargo, fue un proyecto personal, aunque algunas personas cercanas, como Cecilia Dreymüller, me lo habían sugerido cuando en Alemania se empezaron a preparar las festividades solemnes para conmemorar en el año 2019 el doscientos aniversario de la publicación del Diván. Como ella me dijo, no era de recibo que un libro tan importante en Alemania, con un valor simbólico tan grande, fuera desconocido en España. Solo existía una antigua traducción publicada, la de Aguilar de Cansinos Assens, quien como es sabido tradujo absolutamente de todo y de todas las lenguas; ahora bien, aunque su excelente dominio del español y sus dotes literarias le hacían salir con donaire de casi todas sus empresas de traducción, hay que reconocer que el Diván distaba mucho de ser uno de sus logros. Más que una traducción es una libre paráfrasis del contenido de los poemas, sin atender para nada a su forma estética y con no pocos errores; es casi imposible reconocer el tono del texto original aunque puedas llegar a saber de qué trata. Además, cuando él emprendió esa labor, no existían las actuales ediciones críticas de las obras de Goethe, que te permiten acceder a un manuscrito mucho más completo y riguroso del texto y a una información fidedigna sobre las numerosas referencias ocultas. Yo ya había traducido antes a Goethe, nada menos que su obra mayor, el Fausto, y la novela suya que más me gusta, Las afinidades electivas y, por otro lado, estaba familiarizada con la traducción de poesía alemana, ya que soy especialista en el poeta Friedrich Hölderlin, cuyos versos son tan bellos como enigmáticos y complejos, y por tanto me sentía preparada para abordar este nuevo reto. Lo que quería lograr es que el Diván sonara como en el original, recuperar su forma estética, algo en lo que pongo siempre el máximo empeño en mis traducciones, que no quiero que sean solo correctas (pues a veces un error suelto no es lo más importante), sino fieles al tono, al ritmo, a la sonoridad del original. Lo que yo quiero hacer es tender puentes entre dos culturas, pero eso es algo mucho más difícil de conseguir que limitarse a reproducir mejor o peor, como hizo Cansinos, el contenido de los versos, que entonces pierden toda su gracia y se vuelven pesados, aburridos y sin interés. Creo que muchas veces los clásicos extranjeros nos asustan y nos producen escaso deleite porque están mal traducidos, porque no dialogan con la otra cultura, sino que se limitan a trasvasar palabras como quien exporta naranjas.

Aprovechándonos de tu buena disposición, seguimos con algunas preguntas para satisfacer nuestra curiosidad profesional. Por favor, cuéntanos cuánto tiempo has dedicado a este proyecto, qué retos y dificultades has encontrado, cuáles han sido —si pueden desvelarse— tus fuentes de documentación, algún quebradero de cabeza que hayas tenido… Ya sabes, esas cosas que nos gusta saber a los colegas.

La obra es una mina de referencias ocultas, como por ejemplo las cartas de amor cifradas entre Goethe y Marianne von Willemer que están en la base de los diálogos amorosos entre Hatem y Suleika en la obra.

Esta traducción me ha supuesto un trabajo muy intenso de unos dos años. Por suerte, hoy día se cuenta con muchas fuentes de información sin tener siquiera que salir de casa, sobre todo si ya tienes una buena biblioteca de tus temas habituales, así que he tenido a mi disposición un buen material documental. De todos modos, lo que sí he tenido que añadir por mi cuenta en este caso ha sido la lectura personal de los clásicos persas de los siglos xiii y xiv en los que se basa Goethe, para saber qué dicen exactamente y sobre todo cómo lo dicen (naturalmente en traducciones al español, francés o inglés, como hizo el propio Goethe, pues no domino las lenguas orientales). Así pude también familiarizarme con la forma del «gazal» o «gacela» persa, para ver cómo la adapta Goethe al alemán y cómo trasvasarla al español. Creo que el resultado de estas lecturas es un tono muy natural perceptible en mi traducción, con rimas buscadamente fáciles, para que suenen frescas y populares, y con un ritmo de canción. Pero de entrada no era tan obvio cómo reproducir el tono de la poesía persa clásica pasando por el alemán de Goethe del siglo xix: esta es la fusión de Oriente y Occidente, lo que él quiere lograr mediante su atrevido pastiche literario, y por eso es tan importante fijarse en todos los niveles de ese «cóctel» de tonos y materiales, de ese increíble experimento que él hace. A nivel documental, la obra es una mina de referencias ocultas, como por ejemplo las cartas de amor cifradas entre Goethe y Marianne von Willemer que están en la base de los diálogos amorosos entre Hatem y Suleika en la obra, por lo que la labor de búsqueda ha sido ingente, aunque abordable; sin embargo, lo que sí me ha supuesto un problema de muy difícil solución y que nos hace ver las carencias que aún existen en algunos ámbitos del trasvase terminológico al español, ha sido la forma de citar los nombres orientales de lugares y personas. En la obra aparecen un sinfín de nombres persas, turcos y árabes, y hay una enorme variabilidad a la hora de transcribirlos al español, sin contar con que ha ido evolucionando el modo de hacerlo a medida que nos hemos ido desprendiendo de los modelos de transliteración anglosajona o francesa (por ejemplo: Ben o Bin o Ibn para «hijo de»; o Hafiz, Hafis, Hafez y Hafes, para el mismo poeta persa, por el problema de la no fijación de las vocales en los idiomas orientales) a lo que se suma la dificultad de que Goethe los cita o bien al modo alemán de su tiempo, o bien al modo inglés o francés cuando usa fuentes de esos idiomas; en algunos casos me ha llevado días saber a qué persona o lugar se refería debido a un problema de transcripción y luego venía el problema de cómo transcribirlo al español. No estoy segura de haber acertado, aunque he tratado de utilizar las formas de transliteración más actuales, salvo cuando los nombres ya estaban muy anclados en nuestra tradición, pero al menos me reconforta saber que el propio Goethe menciona este mismo problema en sus tratados del Diván, porque él mismo lo experimentó al escribir la obra.

Es indudable que no ha sido una empresa fácil, pero a la vez se nota que hablas con el orgullo de haber superado todas esas dificultades y, además, haber disfrutado con ello. ¿Qué satisfacciones te ha dado esta traducción, aparte del premio en sí?

Donde Omar Jayam llega a ser por momentos casi nihilista, porque habla desde un materialismo escéptico, Hafiz se mantiene siempre vitalista, optimista, es un gran amante de la vida.

Aparte del premio, que supone un espaldarazo para una labor que suele ser muy solitaria y poco reconocida, me alegra mucho saber que ahora esta obra concreta va a ser más conocida. En España hubo un tiempo, que coincidió en buena parte con el de mi juventud, en que estaba muy de moda leer los cuartetos o Rubaiyat de Omar Khayyam (al que ahora se suele llamar Jayam, de nuevo por el problema de las transcripciones), porque resultaba irreverente y gustaba su canto al vino, al amor y su crítica de los dogmas y doctrinas, pese a que en su propia tierra es más conocido como astrónomo y matemático que como poeta. Sin embargo, no recuerdo que nadie conociera al famoso Hafiz de Shiraz; yo al menos no lo conocí hasta que empecé a leer a Goethe, pese a que procede de la misma tradición, canta a las mismas cosas con parecido desenfado irreverente y seguramente lo hace con mayor frescura aún y desde luego con mucha menos amargura. Donde Omar Jayam llega a ser por momentos casi nihilista, porque habla desde un materialismo escéptico, Hafiz se mantiene siempre vitalista, optimista, es un gran amante de la vida. Por eso le gustaba tanto a Goethe, que no cita a Jayam, pero sin embargo se deja deslumbrar por la naturalidad con que los grandes poetas orientales como Hafiz, Rumi, Saadi, Enveri, Nisami, Jami y otros hablan del amor, la divinidad o el ser humano, sin perder nunca la delicadeza ni el tono popular. Por eso, Goethe trata de poner el canon oriental a la misma altura que el occidental, por eso mezcla sin decirlo sus propios poemas —puesto que él es ya un famoso escritor occidental— con los que él mismo copia o adapta de los persas en una manera de decir: fijaos, estamos todos al mismo nivel y somos indistinguibles incluso para los críticos… solo que por lo visto no lo logra del todo, pues hoy y ahora seguimos hablando de Goethe, pero muy poco de Hafiz y los demás. Así que el prejuicio que nace de nuestra soberbia occidental sigue funcionando. Yo espero que con esta obra pueda poner un granito de arena para lograr lo que quería Goethe: fusionar ambas culturas hasta que nos parezcan indistinguibles.

Llegados a este punto, es muy probable que tus respuestas hayan hecho brillar los ojos a más de un colega, porque nada hay más bonito que trabajar en algo que apasiona; es a lo que todos aspiramos, y se puede ver que para ti ha sido algo más que un simple proyecto de traducción. No debe de ser fácil, profesionalmente hablando, encontrar algo que esté a la altura. ¿Cuál es o ha sido tu siguiente reto?

Ahora mismo acabo de entregar a imprenta, y cuando salga este artículo estará ya en la calle, algo muy distinto de los clásicos que suelo traducir: de nuevo traducción de poesía, solo que actual, un ámbito que yo no había tocado hasta ahora. Sin embargo coincide en algo con el Diván: son poemas muy frescos y naturales, con tono de canción, de hecho han sido musicalizados por muchos cantantes alemanes famosos. Son poemas que, incluso cuando hablan del desarraigo y soledad de una exiliada expulsada de su tierra por los nazis, nunca caen en la amargura, sino en una tenue melancolía, y que en otros casos son versos divertidos, ligeros, que describen los pequeños retos de la vida cotidiana, sobre todo en el Berlín de los treinta y los cincuenta. Estoy hablando de una antología de poemas de la autora judeo-alemana Mascha Kaléko, titulada Hoja al viento, en la editorial Tresmolins.

Sin duda, apasionante. Aunque la obra de Mascha Kaléko puede parecer muy distinta al Diván, vemos que también está presente en ella el aspecto de la herencia cultural y la tolerancia (o falta de ella)… Esperamos que también te dé muchas satisfacciones. Para terminar, como miembro del Consejo Editorial de esta publicación, permítenos una pregunta un tanto ombliguista: ¿cómo ves nuestra trayectoria y qué importancia tiene, en tu opinión, como vehículo de divulgación de la traducción?

Yo solo puedo congratularme de la estupenda labor que hace La Linterna del Traductor para difundir el trabajo y los retos de los traductores.

Yo solo puedo congratularme de la estupenda labor que hace La Linterna del Traductor para difundir el trabajo y los retos de los traductores. Como he dicho antes, la traducción es una labor muy solitaria y en la que se enfrenta uno siempre a nuevas dificultades —en realidad, con cada nuevo texto—, y por eso es muy consolador y útil que existan este tipo de órganos que les ofrecen apoyo a los traductores, muchas informaciones relevantes sobre campos diversos de la traducción y, sobre todo, que les tienden una suerte de red que les hace sentirse más seguros a la hora de practicar su equilibrismo permanente, algo menos solos y más acompañados por otros profesionales a los que recurrir. Como vehículo de divulgación, la revista tal vez tenga un papel algo menor del esperable, me temo que es una publicación que se mueve sobre todo dentro del propio círculo de los traductores profesionales y que se cruza pocas veces con otros ámbitos, incluido el de los traductores literarios, que vamos más por libre y a lo mejor publicamos más en revistas literarias y culturales (al menos cuando todavía existían), pero no por eso cumple en menor medida un papel muy relevante. Yo, por mi parte, le deseo una larga andadura.

Unas bonitas palabras, Helena. Muchas gracias por tu tiempo y tu generosidad.

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Helena Cortés Gabaudan (Salamanca, 1962) es profesora en la Universidad de Vigo y germanista especializada en la época clásico-romántica. Durante diez años dirigió centros del Instituto Cervantes en Alemania. Ha realizado numerosas ediciones críticas o/y comentadas de textos clásicos alemanes de la literatura y la filosofía (Heidegger, Goethe, Hölderlin, Rilke, Fontane o los hermanos Grimm, entre otros). Entre sus monografías se cuentan: Claves para una lectura de Hiperión, Ediciones Hiperión, 1996; El señor del fuego: mitos y símbolos del herrero germánico, Miraguano, 2004, o La vida en verso. Biografía poética de Friedrich Hölderlin, Ediciones Hiperión, 2014.

En octubre de 2018 fue elegida miembro numerario de la Academia de la Lengua y la Literatura alemanas. En 2020 se le concedió la Medalla de Oro de Goethe por su traducción de Fausto y otras obras. En 2021 obtiene el Premio Nacional a la Mejor Traducción por El Diván de Oriente y Occidente de Goethe.

Helena Cortés Gabaudan
Helena Cortés Gabaudan (Salamanca, 1962) es profesora en la Universidad de Vigo y germanista especializada en la época clásico-romántica. Durante diez años dirigió centros del Instituto Cervantes en Alemania. Ha realizado numerosas ediciones críticas o/y comentadas de textos clásicos alemanes de la literatura y la filosofía (Heidegger, Goethe, Hölderlin, Rilke, Fontane o los hermanos Grimm, entre otros). Entre sus monografías se cuentan: Claves para una lectura de Hiperión, Ediciones Hiperión, 1996; El señor del fuego: mitos y símbolos del herrero germánico, Miraguano, 2004, o La vida en verso. Biografía poética de Friedrich Hölderlin, Ediciones Hiperión, 2014. En octubre de 2018 fue elegida miembro numerario de la Academia de la Lengua y la Literatura alemanas. En 2020 se le concedió la Medalla de Oro de Goethe por su traducción de Fausto y otras obras. En 2021 obtiene el Premio Nacional a la Mejor Traducción por El Diván de Oriente y Occidente de Goethe.

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