6 octubre 2022
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I Jornada de Reflexión: la familia asetradera se reúne de nuevo

Resaca emocional: dos palabras que ilustran la sensación de la Junta Directiva de Asetrad tras la I Jornada de Reflexión celebrada el 12 de febrero de 2022 en el Ateneo de Madrid. Asociacionismo, profesionalización, colectivo, factor humano o voluntariado fueron algunos de los temas sobre los que se reflexionó en este día tan especial y de reencuentro en el que volvió a aflorar el espíritu asetradero.

Tras estos dos años pandémicos (…) la I Jornada de Reflexión de Asetrad ha sido como hallar un refugio en mitad del desierto.

Ya lo decía el filósofo Aristóteles: «El ser humano es un ser social por naturaleza». No puedo estar más de acuerdo. Tras estos dos años pandémicos, en los que las relaciones interpersonales se han visto gravemente afectadas y parece que solo nos quedan las plataformas digitales como Zoom, la I Jornada de Reflexión de Asetrad ha sido como hallar un refugio en mitad del desierto.

Es un hecho conocido que la traducción, la corrección y la interpretación son profesiones muy solitarias. Solemos vivir confinados —un verbo que está muy de moda, por desgracia— en nuestro despacho, sin despegar los ojos del ordenador, sucumbidos a la vorágine de los proyectos y de la gestión de todo lo que supone ser un profesional autónomo. Además, si a todo esto le sumamos vivir, hacer ejercicio, cuidar nuestra alimentación, conciliar el trabajo con la vida familiar y la pandemia, entre otras muchas cosas, apaga y vámonos. Por estos motivos, este encuentro asetradero fue un soplo de aire fresco que, a mi juicio, todos necesitábamos.

Un deseo hecho realidad

La I Jornada de Reflexión de Asetrad se celebró en el Ateneo de Madrid y se concibió con el fin de crear un espacio presencial de reflexión entre todos los socios de Asetrad para debatir en comunidad temas que nos afectan y nos preocupan al conjunto de profesionales de la traducción, la corrección y la interpretación: el presente y el futuro de la asociación, qué es y qué no es el asociacionismo, los retos de nuestras profesiones, así como la necesidad y los beneficios de la vida asociativa.

La jornada de reflexión se pudo celebrar con todas las garantías de seguridad y con toda la prudencia del mundo.

No debemos olvidar que la pandemia de la covid-19 sigue presente en nuestras vidas y que, en cuestión de segundos, ómicron, o cualquier otra variante nueva que surja y que se expanda por el globo como la pólvora, puede cambiar el rumbo de nuestros planes y propósitos. Con todo, y a pesar de las preocupaciones y de los nervios, puesto que el panorama a principios de año no era muy halagüeño, la jornada de reflexión se pudo celebrar con todas las garantías de seguridad y con toda la prudencia del mundo, y el resultado, desde mi punto de vista, fue mucho mejor de lo que esperábamos: fue excelente.

Javier Sancho, otro de los socios fundadores, nos hizo reflexionar sobre la situación del mercado y de sus maravillosas condiciones —nótese la ironía—.

El programa de la jornada se dividió en dos partes: sesión matutina y sesión vespertina. En la sesión de la mañana tuvimos el placer de escuchar a miembros de la junta y a dos socios invitados que nos deleitaron con sus instructivas y pedagógicas ponencias. La maestra de ceremonias fue nuestra presidenta, Laura Solana, quien nos transmitió, sin dejar ningún cabo suelto, los retos a los que se tiene que enfrentar Asetrad. Alicia Martorell, socia de honor y una de las fundadoras de la asociación, tomó el relevo de Laura y, en la segunda ponencia, nos abrió los ojos con su discurso sobre el papel que tiene la asociación de cara a las instituciones. Para seguir tomando conciencia del asociacionismo y de nuestra profesión, Javier Sancho, otro de los socios fundadores, nos hizo reflexionar sobre la situación del mercado y de sus maravillosas condiciones —nótese la ironía—, así como sobre el papel de Asetrad como agente social. En este caso, la ponencia se impartió desde nuestra plataforma de formación, ya que Javier no pudo desplazarse hasta la capital.

Después de estas tres magníficas intervenciones, llegó el momento de la pausa para el café. Sí, volvieron los reencuentros con antiguos colegas, el pasilleo y la desvirtualización de muchas caras que solo habíamos visto a través de la pantalla en esta era más digital que nunca. Volvieron los abrazos, aunque la mayoría solo con la mirada, con la sonrisa en los ojos. Como suele pasar, la pausa se nos hizo corta, pero no importaba, quedaba mucho día por delante.

A las 12:00, hora de Madrid, comenzó la segunda parte de la sesión matutina. Adriana M. Blas y Alejandra Sanz, nuestras vocales de Comunicación y Actos, expresaron entre broma y broma, con una compenetración asombrosa, verdades incuestionables sobre la asociación y nuestro sector en general desde el prisma de que somos mucho más que traductores, correctores e intérpretes.

Seguidamente, subió al escenario José Manuel Manteca, el vocal de Asuntos Tecnológicos de Asetrad, para contarnos de una manera sencilla todo el trabajo que ha habido y que hay detrás de la nueva web, y dejar entrever el esfuerzo titánico que les ha supuesto a la comisión de la junta anterior y al equipo de la junta actual la implementación de la nueva web, junto con todos los problemas e imprevistos añadidos. Para terminar la sesión de la mañana, Isabel Hoyos, nuestra secretaria y directora de La Linterna del Traductor, tomó la palabra para poner sobre la mesa el deseo y la realidad de los recursos humanos de la asociación.

Ojalá hubiéramos podido comer todos juntos en un lugar reservado para los asistentes a la jornada, pero la situación sanitaria es la que es.

Llegó la hora de comer. En todo momento, la Junta Directiva dejó claro que no organizaba ninguna comida ni cena por la situación en la que nos encontrábamos; sin embargo, eso no impidió que se hicieran pequeños grupos y que siguiese el debate fuera del Ateneo. Ojalá hubiéramos podido comer todos juntos en un lugar reservado para los asistentes a la jornada, pero la situación sanitaria es la que es y lo que prima es garantizar la salud de todos.

Ya de vuelta de la comida y tras conocer los entresijos de la asociación —desconocidos para muchos—, nos pusimos manos a la obra y nos sumergimos en tres horas y media de debate intenso, fructífero y motivador. Nuestra vocal de Relaciones Universitarias, Judith Carrera, fue la encargada de abrir la sesión vespertina y de presentar los grupos de trabajo que se crearon previamente con motivo de esta jornada y que estuvieron debatiendo durante meses en el espacio destinado para ello, Slack.

Reyes Bermejo, nuestra «covidcía», se encargó de que las medidas de seguridad se cumplieran en todo momento.

Además de todos los miembros de la Junta Directiva mencionados hasta ahora, el resto también desempeñó funciones cruciales en la organización de esta jornada de reflexión para que todo saliera según lo previsto. Empar Paredes, la vicepresidenta de Asetrad, estuvo al mando de las cuestiones informáticas a fin de que no hubiera problemas técnicos —o los menos posibles—. Reyes Bermejo, una de las vocales de Formación, se encargó de que las medidas de seguridad se cumplieran en todo momento. Es más, José Manuel Manteca, con lo que él denomina «humor Manteca», la nombró «la covidcía» de la jornada de reflexión. Faltó nuestra tesorera, Concha Vargas, que no pudo asistir por motivos personales y a la que echamos mucho de menos. Por último, yo, la otra vocal de Formación, me ocupé de tomar notas de todas las intervenciones importantes e interesantes para que no se nos pasara nada a la Junta Directiva, recoger la voz y las peticiones de nuestros socios, y poder trabajar en ello en los días, meses —e incluso años— venideros.

La verdadera esencia del asociacionismo

Creo que hemos conseguido nuestro objetivo, o al menos lo hemos intentado. Desde que se celebró esta jornada, tengo la impresión de que el espíritu que se respira entre los integrantes de la Junta Directiva y entre los socios en general ha cambiado para bien. Somos más conscientes de lo que es Asetrad, de lo que buscamos como afiliados a una asociación sin ánimo de lucro, de qué somos —y, sobre todo, de lo que no somos— y de qué queremos conseguir como colectivo.

Todos éramos iguales, todos estábamos ahí con un objetivo común, todos estábamos al mismo nivel.

Desde arriba, desde el escenario tomando notas, pude percibir cómo las ponencias y los distintos debates iban calando en los socios, cómo les llegaban al alma, cómo les iban removiendo, cómo iban interviniendo y, tal vez, recuperando la ilusión y la alegría escondidas tras las mascarillas. Daba igual la experiencia y la edad que tuviese cada uno, no importaba si llevabas trabajando veinte años o si acababas de salir de la carrera, no importaba si eras autónomo o no, no importaba si trabajabas en el sector a tiempo completo o de forma esporádica, no importaba nada. Todos éramos iguales, todos estábamos ahí con un objetivo común, todos estábamos al mismo nivel —independientemente de si eras miembro de la Junta Directiva o un socio de a pie—, todos remábamos en el mismo barco y en la misma dirección. Y ese trabajo en equipo que iba fluyendo de manera armoniosa dio como resultado la creación de sinergias muy provechosas y beneficiosas para la vida presente y futura de Asetrad.

Uno de los puntos más importantes de este encuentro fue, sin lugar a dudas, la presencialidad. Sabemos que hoy en día no es preciso acudir en persona ni desplazarse a un lugar concreto para tener una reunión o para recibir formación, por ejemplo. Las plataformas digitales han ido ganado terreno poco a poco y nos han facilitado mucho la vida. No obstante, el calor humano que se desprendía en la sala, que tanto se echaba en falta en estos tiempos teñidos de incertidumbre y restricciones, no hay virtualidad que lo sustituya. Y ese calor, esa humanidad, junto con la pasión palpable por la profesión, fue la clave para que este encuentro fuera tan fructífero.

Salieron a la palestra muchos temas y titulares dignos de mencionar; sin embargo, si me tuviera que quedar con algunos de ellos, escogería los dos siguientes: «asóciate e implícate» y «faltan manos». Sencillos. Directos. Al grano. En el Diccionario de la lengua española se define el término asociación como el «conjunto de los asociados para un mismo fin y, en su caso, persona jurídica por ellos formada». Si todos los que nos hemos afiliado a Asetrad buscamos el mismo fin, no tiene mucho sentido que siempre sean los mismos, o una cantidad muy reducida de socios, los que trabajen de forma activa y proactiva por y para Asetrad. La Junta Directiva somos personas —¡oh, sorpresa!— que dedican su tiempo y esfuerzo altruistamente para que todo funcione a la perfección y para que la asociación goce de buena salud durante mucho tiempo, por lo que resulta imprescindible que otros socios colaboren y participen para mantener la actividad y crecer como comunidad. Ya sea en comisiones, grupos de trabajo, representaciones en las distintas provincias del panorama nacional, mentorías…, sea como fuere, cualquier acto, por pequeño que sea, suma.

Esta I Jornada de Reflexión de Asetrad ha puesto de manifiesto que con empeño, ganas, trabajo, esfuerzo, pasión y esperanza se pueden conseguir resultados increíbles.

Espero y deseo que esta actividad de encuentro y reflexión sea la primera de muchas, y que pronto podamos volver a ver a los colegas, seguir trabajando y debatiendo, y continuar avanzando para que tanto los veteranos como las nuevas hornadas del gremio puedan ejercer la profesión en condiciones dignas, para que nuestro sector sea cada vez un poquito mejor.

Esta I Jornada de Reflexión de Asetrad ha puesto de manifiesto que con empeño, ganas, trabajo, esfuerzo, pasión y esperanza se pueden conseguir resultados increíbles.

¡Gracias por todo, colegas!

Elisa es graduada en Lenguas Modernas y Traducción por la Universidad de Alcalá, tiene un máster en Traducción Profesional por la Universidad de Granada y un máster en Traducción Médico-Sanitaria por la Universitat Jaume I. Trabaja como traductora (de inglés a español) y correctora autónoma especializada en campos como la medicina y la industria farmacéutica. Aparte de la traducción y la corrección, otras de sus pasiones son el asociacionismo y la formación. Por eso, es socia profesional de Asetrad desde 2018, ha formado parte de la Comisión de Formación en 2020 y desde septiembre de 2021 es vocal de Formación.

Elisa Manzanal Merino
Elisa es graduada en Lenguas Modernas y Traducción por la Universidad de Alcalá, tiene un máster en Traducción Profesional por la Universidad de Granada y un máster en Traducción Médico-Sanitaria por la Universitat Jaume I. Trabaja como traductora (de inglés a español) y correctora autónoma especializada en campos como la medicina y la industria farmacéutica. Aparte de la traducción y la corrección, otras de sus pasiones son el asociacionismo y la formación. Por eso, es socia profesional de Asetrad desde 2018, ha formado parte de la Comisión de Formación en 2020 y desde septiembre de 2021 es vocal de Formación.

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