6 octubre 2022
Inicio > Número 24 > Viaje de ida con vuelco

Viaje de ida con vuelco

En este número, hablamos con Patricia Orts, una socia afincada en Suiza que, en el mismo año que España abrió sus puertas al mundo con acontecimientos como los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, no solo cambió de país, sino también de profesión.

1) ¿Cuánto tiempo llevas viviendo fuera de España? ¿Has tenido otras experiencias de estancias largas en el extranjero?

2) ¿Qué es lo que más echas de menos de España? ¿Y lo que menos?

3) ¿Hay algo que no valoremos en España que se aprecie más con la distancia?

4) ¿Cuánto hace que eres socia de Asetrad? ¿Qué valor tiene para ti ser socia, a pesar de que no resides en España?

En 1992 me instalé en Lugano, la ciudad principal de Ticino, el cantón italiano, donde vivo desde entonces.

Aunque nací en Valencia, llevo casi treinta años viviendo fuera de España, concretamente en Suiza. En 1992 me instalé en Lugano, la ciudad principal de Ticino, el cantón italiano, donde vivo desde entonces, salvo un periodo de tres años que pasé en Berna y una estancia más o menos igual en Madrid.

Antes de ese viaje de ida en 1992, estudié un año en Bélgica, en el Colegio de Europa de Brujas, y anteriormente pasé algunos veranos entre Inglaterra, Irlanda y Francia. Por aquel entonces, no había tantas oportunidades para estudiar fuera y la gente de mi generación no viajaba tanto como ahora. Sin embargo, la adhesión de España a la Unión Europea trajo consigo la posibilidad de participar en programas de intercambio como el Erasmus. Aunque no tuve la suerte de poder beneficiarme de él, mi breve experiencia me permitió conocer tres idiomas: inglés, francés y, sobre todo, italiano. En la actualidad, vivo a caballo entre Lugano, Milán y Valencia.

Antes de instalarme en Suiza, jamás pensé que me dedicaría a traducir, porque soy licenciada en Derecho y durante varios años trabajé en la Generalitat Valenciana, en concreto, en la Dirección General de Relaciones Institucionales; España acababa de adherirse a la Comunidad Europea y gracias a este puesto pude viajar con frecuencia a Bélgica, Francia e Irlanda. Sin embargo, cuando ya estaba en Lugano, donde encontrar trabajo como abogada no resultó ser una tarea fácil, alguien me pidió la traducción de un contrato. Poco a poco, empecé a interesarme por la traducción y, sin darme cuenta, esta se convirtió en mi profesión.

Hoy en día me dedico fundamentalmente a la traducción jurídica y a la literaria y, a pesar de todas sus dificultades, me gusta mucho nuestra profesión.

Como yo venía del ámbito del Derecho, me pareció oportuno adquirir formación lingüística y, un tiempo después del episodio del contrato, me matriculé en Filología Hispánica en la UNED. Y este fue el gran vuelco al que me refiero en el título: un cambio de país que vino acompañado por un cambio de oficio a la fuerza. Hoy en día me dedico fundamentalmente a la traducción jurídica y a la literaria y, a pesar de todas sus dificultades, me gusta mucho nuestra profesión. En concreto, hay un aspecto de ella que en mi caso ha sido esencial: la libertad de movimiento que permite. Aunque a veces pese un poco la soledad, el hecho de que sea posible trabajar desde prácticamente cualquier sitio me parece un precio más que aceptable. Sin esa libertad, no habría podido hacer frente a la nostalgia ni cuidar de mi familia, ni tampoco habría podido viajar tanto.

Otra cosa que aprecio mucho de la profesión es el aprendizaje constante al que está asociada: disfruto mucho cuando pasan por mi mano textos que me permiten averiguar cosas nuevas o profundizar en temas dispares. Creo que en esta profesión la curiosidad es una cualidad importante. Y también la tenacidad, porque hay que aprender a no desanimarse y a perseverar.

Cada país es diferente y hay que aprender a estar bien donde se vive; de lo contrario, es mejor hacer las maletas y regresar.

Dados los años que llevo fuera de España, las cosas que echo de menos de ella han ido cambiando. Al principio sufrí una gran nostalgia de todo: quise vivir junto a un lago porque me faltaba el mar y su luz, detestaba los inviernos y, en especial, echaba de menos la facilidad de contacto social que se disfruta en nuestro país, con sus calles siempre llenas de gente. Además, echaba de menos a la familia y a los amigos, algo bastante frecuente en quienes emigramos. Con el tiempo, sin embargo, he ido aprendiendo a relativizar esos sentimientos, a convivir con el extrañamiento. Cada país es diferente y hay que aprender a estar bien donde se vive; de lo contrario, es mejor hacer las maletas y regresar. A mi venerable edad, de Suiza me gusta mucho la naturaleza, las estaciones (incluso el invierno) y, en particular, la seriedad en el trabajo y la protección social. En los últimos tiempos he tenido problemas serios de salud, al margen de la covid-19, y he de reconocer que me he sentido acompañada. No me lo esperaba.

Si no fuera por Asetrad, tendría la impresión de perderme muchas más cosas de las que me pierdo y de vivir en una burbuja.

No creo que el hecho de vivir fuera sea un obstáculo para asociarse, sino todo lo contrario. Soy socia de Asetrad desde hace unos cinco años y también soy miembro de ACE Traductores. En mi opinión, el asociacionismo desde fuera se vive de manera diferente, ya que no se puede participar tanto en los encuentros o no se conoce personalmente a los compañeros, porque es más complicado (al menos, en mi caso, echo de menos esta parte). No obstante, no por eso deja de ser fundamental formar parte de un colectivo con el que compartimos una parte tan importante de nuestra vida como es la laboral. En una profesión como la nuestra, especialmente solitaria, estar asociada me parece fundamental. De hecho, si no fuera por Asetrad, tendría la impresión de perderme muchas más cosas de las que me pierdo y de vivir en una burbuja. Estoy contenta de pertenecer a una asociación como esta, dinámica y que hace hincapié en la formación y en la defensa de nuestros derechos profesionales.

Nació en Valencia en 1964. Cuando era joven siempre quiso vivir en el extranjero, quizá porque entonces no había tantas ocasiones de hacerlo como ahora. Es licenciada en Derecho por la Universidad de Valencia (1986). Además, poco antes de empezar a trabajar como traductora, se matriculó en Filología Hispánica por la UNED para reforzar sobre todo su lengua materna y profundizar en su literatura. En sus casi veintidós años de experiencia se ha dedicado fundamentalmente a la traducción literaria y jurídica (es traductora jurada de italiano). En la actualidad vive entre Lugano y Milán, con frecuentes visitas a España, donde siguen estando su familia y sus amigos.

Patricia Orts
Nació en Valencia en 1964. Cuando era joven siempre quiso vivir en el extranjero, quizá porque entonces no había tantas ocasiones de hacerlo como ahora. Es licenciada en Derecho por la Universidad de Valencia (1986). Además, poco antes de empezar a trabajar como traductora, se matriculó en Filología Hispánica por la UNED para reforzar sobre todo su lengua materna y profundizar en su literatura. En sus casi veintidós años de experiencia se ha dedicado fundamentalmente a la traducción literaria y jurídica (es traductora jurada de italiano). En la actualidad vive entre Lugano y Milán, con frecuentes visitas a España, donde siguen estando su familia y sus amigos.

Redes Sociales

956me gustaMe gusta
10,538seguidoresSeguir

Último número

- Advertisement -spot_img

Artículos relacionados