8 julio 2026
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Buenos días a todes: perder y ganar inclusividad en interpretación

Hay un respeto mínimo que toda persona debe recibir en una interacción lingüística, como parte de su derecho a una vida libre de violencia: es una cuestión de justicia en general. Lo que conocemos como lenguaje inclusivo no es un ente monolítico; hay una amplia variedad de registros y posibilidades de los que, como profesionales, debemos ser conscientes. A pesar de los recursos y el espacio público que se conceden a los movimientos regresivos, incluidos los (mal llamados) movimientos antigénero, hablantes de todo el mundo siguen empleando marcas inclusivas interseccionales de todo tipo que es necesario reflejar en nuestras interpretaciones, con la dificultad añadida del reducido tiempo de respuesta y de la imposibilidad de volver atrás. ¿A qué marcas podemos prestar atención para hacer nuestro trabajo de la mejor forma posible (transparente, honesta, humana)? En primer lugar, debemos prestar atención a los sesgos, privilegios, inclusiones y exclusiones en el lenguaje. Por ejemplo: las mujeres y las personas no binarias existimos, a pesar de los sesgos conscientes e inconscientes del mundo que nos rodea. La expresión del apoyo a nuestro derecho a existir, ser visibles, no recibir violencia y a prosperar en sociedad dentro de nuestra identidad no debe tomarse a la ligera en los contextos mediados por la interpretación.

Introducción: interpretar la intención

La ropa o el lenguaje que empleamos no determinan quiénes somos, sino que son elecciones que tomamos entre una serie de opciones disponibles.

El lenguaje inclusivo forma parte de la lucha por la justicia social. Como intérpretes, es nuestro deber profesional ser capaces de reconocerlo y reproducirlo, al menos en el grado en [el] que lo empleen las personas entre las que interpretamos.

Aclaremos primero algunos conceptos relacionados con el lenguaje inclusivo. A menudo se plantea el debate sobre el lenguaje inclusivo con argumentos relacionados con la capacidad de percibir el daño sufrido por la persona receptora. Sin embargo, no es la ofensa la clave. Es la restricción de lo que es posible expresar, imaginar, legislar, aplicar lo que crea el daño del lenguaje sobre la libertad de las personas. Podríamos compararlo con la ropa femenina opresiva y sin bolsillos.

Mujer encorsetada (número 2 de Vogue).

Vamos a estirar esta alegoría para comprender otros aspectos de la relación entre el lenguaje, nuestra identidad y nuestra vida. El primero de todos es que la ropa o el lenguaje que empleamos no determinan quiénes somos, sino que son elecciones que tomamos entre una serie de opciones disponibles. Estas elecciones tendrán a su vez consecuencias sobre las cosas que podemos hacer, bien porque nos las permitimos o porque se nos permite. Veamos algunas aplicaciones de esta idea: 

  1. Moda y lenguaje pueden enviar un mensaje sobre personalidad, ideas, factores sociodemográficos (como la edad, los estratos sociales, el género, el grado de privacidad, etc.). 
  2. Este mensaje puede ser comprendido (o no) por las personas que nos rodean.
  3. La ropa no se entiende igual independientemente de quién la lleve. El discurso tampoco es independiente de quién, dónde y cuándo se emite. 
  4. Nuestro uso de moda y lenguaje surgen de nuestro entorno más cercano (a menudo la familia rige en la infancia, la sociedad y adolescencia nos moldean, en la edad adulta cristalizamos). 
  5. Se legisla: hay contextos en los que es obligatorio hablar / vestir de cierta manera. 
  6. Hay quien considera que existen formas correctas e incorrectas de hablar y vestir, y hace de esto su profesión. Esto puede ser más o menos útil.
  7. Y, sin embargo, cada persona elige de manera más o menos voluntaria qué ropa llevar y qué lenguaje emplear cada día: esto va a venir dado por el grado de libertad de esa persona en general. Por otra parte, no todo el mundo sufre el mismo grado de escrutinio sobre sus decisiones.
Niño con gabardina (número 2 de Vogue).
Niñe que muestra la lengua.

Y bien, ¿cómo afecta esto a la profesión de intérprete? Empecemos aclarando que cuando hablo de lenguaje inclusivo en interpretación, me refiero a la ropa (lenguaje) que se pone quien interpreta para trabajar. En nuestro ámbito privado no tenemos una obligación pública hacia el resto de la profesión, y no es a lo que se refiere este artículo hoy. En nuestro trabajo tenemos primero una responsabilidad de no hacer daño (a clientes, receptores, sociedad) y luego de empoderar a quienes asistimos.

¿Qué puede representar de forma positiva a todo el colectivo del cual soy parte? ¿Cómo puedo contribuir a que se comprendan mejor las personas a las que estoy asistiendo?

Todo este artículo se podría resumir en: ¿qué puedo ponerme para trabajar que no haga daño a otras personas? ¿Qué puede representar de forma positiva a todo el colectivo del cual soy parte? ¿Cómo puedo contribuir a que se comprendan mejor las personas a las que estoy asistiendo?

Esta indumentaria lingüística profesional viene dada por un sinfín de factores: dónde, cuándo y de quién hayamos aprendido el idioma; con quién estamos en contacto a menudo, tanto en lo personal como en lo profesional; qué se espera según el entorno (un hospital, un juzgado, una conferencia, un parlamento, una rueda de prensa, una empresa). Nuestra manera de hablar / vestir da indicaciones muy claras de quiénes somos. Conviene como mínimo ser conscientes de qué mensaje estamos transmitiendo. 

Poco a poco llegamos al lenguaje inclusivo y el potencial del lenguaje de ser dañino. Aquí con daño no quiero decir ofensa o dolor: quiero decir contribuir o ser un obstáculo para la comprensión, liberación y empoderamiento en nuestro entorno profesional. Hay un aspecto que me preocupa del argumento de la ofensa, y es que requiere que la persona interlocutora sea consciente del daño que recibe. Sin embargo, hay daños recibidos que no se perciben: por ejemplo, yo no debería llevar al trabajo ropa radiactiva o un micrófono escondido (y también se consideraría violencia que se me obligara a ello).

En sociedad, reconocer qué es lo que está intentado expresar la gente más allá de la literalidad del discurso es parte de lo que nos ayuda a construir quiénes somos.

Por otra parte, rara vez me ofende personalmente lo que lleve puesta otra persona (a menos que lleve impreso un mensaje literalmente insultante). La defensa de lenguajes más amables y liberadores, de ropa más cómoda y con más bolsillos, resulta a veces extrañamente atacada por parte de quienes desean seguir encorsetados, irónicamente una mayoría masculina, como si eso los fuera a obligar a emplear expresiones o prendas que los incomodan por supuestamente modernas, amariconadas, femeninas, progres, poco tradicionales.

En sociedad, reconocer qué es lo que está intentado expresar la gente más allá de la literalidad del discurso es parte de lo que nos ayuda a construir quiénes somos: que el resto reconozca desde qué lugar hablamos. Como intérpretes, día a día nos encontramos con diversos grados de reconocimiento de diversidad en la sala, sea esta presencial o virtual.

Gafas de distintos colores.
«Es común analizar nuestra profesión con unas gafas de la imparcialidad o la neutralidad…».

Es común analizar nuestra profesión con unas gafas de la imparcialidad o la neutralidad que, si bien son útiles para evitar tergiversar el discurso interpretado, también podrían contribuir a esquivar nuestra responsabilidad en los sistemas de poder en los que participamos y a los que asistimos con nuestro trabajo. No podemos olvidar que somos parte de la tecnología que hace posibles las cosas. Somos algún tipo de filtro, pero los mensajes de odio lo son independientemente de quién los diga. No es lo mismo interpretar a un nazi en su juicio que en su pódcast. Somos imparciales o neutrales hasta cierto punto

Pero si nos cambiamos las gafas y miramos la profesión con las gafas de la responsabilidad y el cuidado, podemos fijarnos en otros factores, como las jerarquías que podemos estar reproduciendo de manera involuntaria y que a menudo son dañinas y desempoderantes. Desde el punto de vista de las éticas feministas del cuidado, el desequilibrio de poder en la interpretación nos asigna una responsabilidad en ese desequilibrio: una responsabilidad de cuidado en el trasvase de poder. Al mismo tiempo, nos sitúa en un marco en el que también esperamos cuidado por parte del entorno.

Una práctica más empática de la interpretación es posible, una que tenga en cuenta el bienestar de las personas implicadas y el contexto relacional.

Una práctica más empática de la interpretación es posible, una que tenga en cuenta el bienestar de las personas implicadas y el contexto relacional. Quizá podríamos considerar la interpretación como una profesión de cuidado en el sentido interrelacional. Podríamos argumentar que nuestra profesión, que se centra en la comprensión mutua de los seres humanos, es inherentemente relacional. 

Por ejemplo: si en una interpretación una de las partes insulta a la otra, no se suele considerar responsabilidad de quien interpreta transmitir el daño del insulto (como pasaría en la traducción de una película), de modo que la persona destinataria experimente la misma sensación que si la hubieran insultado en su lengua materna. La convención en nuestra profesión es que se transmite la información del insulto: su existencia, el tipo, a qué hace referencia. La intención de insultar y el fondo de la cuestión son lo que solemos considerar más relevante. 

Ahora bien, si el discurso original no pretende insultar, es lícito usar el lenguaje inclusivo para que la versión interpretada no insulte tampoco. Por ejemplo: si una expresión en inglés no es racista, pero la expresión más típica al interpretarla al español sí lo fuese, sería lógico preferir usar otra (aunque fuera menos común, menos graciosa, menos idiomática) que no atentase contra la dignidad de las personas.

Qué hay que saber para interpretar de forma inclusiva

Hay decisiones de investigación y formación que preceden al acto de interpretar en sí. Hay que formarse antes del último momento posible, al igual que con cualquier otro conocimiento lingüístico o técnico que pudiera ser relevante para el encargo. Eso por el lado de la formación. Una vez que nos hemos formado, toca investigar el evento en cuestión. Al estudiar para una interpretación, lo primero que nos preguntamos es: ¿Quién va a hablar? ¿Sobre qué? ¿Para quién habla? ¿Para las personas que tiene delante o para otras a las que llegará el mensaje? ¿Habla en nombre propio o representa a una entidad? Si representa a una organización (gubernamental o no), ¿cómo se llama su cargo? ¿Tiene esta entidad directrices de lenguaje inclusivo que deban seguir quienes la representan?

En ese corto periodo de tiempo la persona que interpreta debe captar y ser capaz de reproducir (o, al menos, intentar no decidir hasta tener más datos) toda una serie de marcadores de discurso. 

Esta información es interesante tenerla con toda la antelación posible, pero a menudo se comparte en los primeros segundos de la intervención (que además en contextos formales puede ser muy corta, con lo que se suceden numerosas instancias de la misma dinámica). Las intervenciones breves suelen ofrecer poco margen para indagar en la idiosincrasia lingüística de quien interviene. Bien, pues en ese corto periodo de tiempo la persona que interpreta debe captar y ser capaz de reproducir (o, al menos, intentar no decidir hasta tener más datos) toda una serie de marcadores de discurso.

¿Qué podemos esperar de la persona en particular y de la organización a la que representa? Muchas organizaciones publicaron en su día —a menudo antes del retroceso (backlash) de programas de diversidad, equidad e inclusión y de la llegada de la Global Gag Rule de Trump (que podríamos traducir como Ley Mordaza Global guías sobre cómo se esperaba que se comunicase la organización en lo que se refiere a igualdad / equidad y diversidad. La retirada o la falta de inversión o actualización de estos textos no implica necesariamente que las personas que estuviesen convencidas vayan a retroceder o a cambiar de forma significativa sus modulaciones del discurso. 

Es también de esperar que en ciertos ambientes se redoblen esfuerzos por no dejar atrás buenas costumbres inclusivas, mientras que en otros se moderen las expresiones, se hagan más sutiles.

Por otra parte, la tendencia hacia la criminalización de las identidades no binarias, por ejemplo, o la censura estadounidense sobre temas de género, nos plantean una disyuntiva al interpretar. Quizá ciertas expresiones se están evitando por temor a represalias. Podríamos tener que plantearnos, por ejemplo, si las personas a las que interpretamos están mostrando o no sus pronombres no binarios en un determinado contexto, para no revelar más de lo que deseen revelar: por ejemplo, si la persona hablante se encuentra en un país en el que su identidad esté criminalizada. 

Por el contrario, es también de esperar que en ciertos ambientes se redoblen esfuerzos por no dejar atrás buenas costumbres inclusivas, mientras que en otros se moderen las expresiones, se hagan más sutiles por miedo, prudencia, estrategia, falta de convencimiento o una mezcla de todo lo anterior.

Casos de estudio

Veamos dos casos inspirados en la vida diaria de la interpretación: no grandes decisiones, sino pequeños detalles del gota a gota diario. Aclaro que no son transcripciones de sesiones reales, pero sí que están compuestas de frases escuchadas en distintas ocasiones. Veremos que al interpretar del español hacia el inglés se pierde información de género y de inclusividad. Esto es así, pero no solemos comentarlo, quizá porque es cómodo no tener que pensar: es una dirección de simplificación. Quizá merecería la pena compensarlos, pero, como siempre, la pregunta es cómo.

SALA UNO

[Reunión presencial, interior, día; en la sala se percibe una mayoría femenina]

Gafas celestes con cristales de color rosa en el vértice de un triángulo rosa con borde blanco, sobre un fondo de color celeste.
Respeto.

[Facilitadora] Buenos días a todas.

[Intérprete] Good morning, everyone.

Se ha perdido algo de información y, sin saber más de la situación, no se sabe si es relevante. Pero si la primera persona que habla dice en inglés «Good morning, everyone», ¿está sucediendo lo mismo? ¿Qué podría haber dicho para marcar inclusión desde el primer momento? No hay una respuesta clara. 

[Concejala que inaugura un evento] Buenos días a todos, todas y todes. Es un placer estar aquí hoy…

[Intérprete] Good morning, everyone. It’s a pleasure to be here today…

Este es uno de los ejemplos en los que vemos que, a diario, a la gente no le podría dar más igual la economía lingüística si consigue una sonrisa de la audiencia diciendo algo ligeramente más largo y amable.

Este es uno de los ejemplos en los que vemos que, a diario, a la gente no le podría dar más igual la economía lingüística si consigue una sonrisa de la audiencia diciendo algo ligeramente más largo y amable: «buenos días a todos, todas y todes». Está claro que este saludo nos da también pistas sobre a qué partido político no pertenece. La intérprete hace una nota mental para intentar compensar esa pérdida en otro momento del discurso y sigue adelante. Se queda pensando qué podría haber hecho de otra manera.

SALA DOS

[Seminario web en línea, luz artificial; no es posible ver a la audiencia] 

Gafas celestes con cristales de color rosa sobre dos tubos: uno blanco y otro rosa.
Cuidado

[Ponente] Good morning, everyone, good afternoon, good night, depending on where you are connecting from today!

[Intérprete 1] ¡Buenos días, buenas tardes, buenas noches, según desde dónde se estén conectando hoy! 

En este caso no se ha hecho referencia alguna al género (aún). La atención a la diversidad de perspectivas respecto a algo tan simple como «qué hora es» podría llevarnos a pensar que no estaría de más utilizar saludos inclusivos. La intérprete presta atención y se mantiene a la espera. 

[Ponente] In my case, I’m connecting today from Turtle Island, from the unceded territory of the Algonquin Anishinaabeg people, and would like to acknowledge the presence of our colleague from Aotearoa, who has either stayed up really late or woken up really early to be here with us. Thank you so much, Dani. 

Seguimos sin marcas de género, pero nos encontramos con marcadores geopolíticos anticoloniales. ¿Será esta persona coherente de forma interseccional? La referencia sin género marcado a su colega de nombre no decididamente marcado también presenta una dificultad, así como los pronombres de primera persona del plural (our, us): 

[Intérprete 1] En mi caso, hoy me conecto desde Isla Tortuga, en concreto, desde el territorio no cedido del pueblo algonquino anishinaabeg, y me gustaría agradecer la presencia de mi colega de Aotearoa, que o bien se ha quedado hasta muy tarde, o bien se ha levantado muy temprano para acompañarnos. Muchísimas gracias, Dani. 

Siendo la palabra «colega» epicena, la intérprete esquiva marcar con género utilizando el posesivo de primera persona del singular, «mi», en lugar del de primera persona del plural «nuestra, nuestro, nuestre». Ha perdido algo de significado, pero ha ganado tiempo y no ha marcado género. Evita también marcar el género en la frase siguiente y, en lugar de usar derivados de despiert*, usa verbos que no requieren esas marcas. Sigue ganando algo de tiempo. Mientras tanto, su colega de cabina escribe en el chat compartido:

[Intérprete 2] *nuestre, es persona no binaria [enlace a LinkedIn, donde se ve que usa el pronombre «they»]. 

[Intérprete 1 marca la frase del chat con un pulgar hacia arriba]. 

[Dani] It’s a pleasure for me to be here. 

[Intérprete 1] Encantade de estar aquí. 

La intérprete piensa que, en verdad, no ha dicho ser una persona no binaria en esa frase, pero que quizá si hablase en español lo habría dicho así. Y, de nuevo, sigue adelante.

SALA TRES

[Seminario web en línea, luz artificial; no es posible ver a la audiencia] 

Tres gafas de distintos colores y formas.
Responsabilidad

[Ponente] … and I would like to thank the organizers for their wonderful work. We truly wouldn’t have so many delegates here today without their efforts. 

[Intérprete 1] … me gustaría dar las gracias a la organización por su maravilloso trabajo. No podríamos tener tanta representación aquí hoy si no fuera por todo el esfuerzo que han hecho.

[Ponente, en los subtítulos del sistema de videoconferencia] Adesso consentitemi di parlare per un po’ in italiano per esprimere correttamente il mio pensiero. 

[Intérprete 1 cambia al relé].

[Intérprete 2 en el relé] Now you’ll allow me to say this in Italian, so I can really express what I want to say. 

[Ponente, voz lejana y subtítulos del sistema de videoconferencia] Quando guardo questa sala e vedo tutti i delegati e tutte le delegate che vengono da così lontano per condividere queste giornate…

[Intérprete 2 en el relé] When I look around, in this room, and I see all the delegates that have travelled from far corners of the world to share these days with us…

[Intérprete 1] Ahora me vais a permitir que diga esto en italiano para hacerle justicia a lo que quiero decir. Cuando miro a la sala y veo a todos los delegados y todas las delegadas que se han desplazado desde tan lejos para poder compartir estos días…

La tendencia de la inclusividad en inglés es eliminar todas las marcas de género, mientras que en otros idiomas se está tendiendo a incorporar más.

La intérprete se da cuenta de que se ha usado una duplicación en el discurso original y la reincorpora a la interpretación al español, alegrándose de comprender un poco de italiano escrito. Piensa en su compañera que ha tenido que perder información porque la gramática inglesa no le da una opción clara que emplear en este contexto. La tendencia de la inclusividad en inglés es eliminar todas las marcas de género, mientras que en otros idiomas se está tendiendo a incorporar más.

Paratextos para incluir

En el paratexto de la interpretación (las instrucciones que la acompañan, por ejemplo), a menudo formamos a nuestra clientela para que dé indicaciones a las personas que no trabajan habitualmente con nuestros servicios. Considero una buena práctica que se puede añadir al habitual «comparta sus presentaciones y discursos preparados con antelación; tenga en cuenta que le están interpretando: hable alto y claro, enunciando nombres y números con claridad» indicar «haga saber al equipo de interpretación qué pronombres usan las personas ponentes» o bien (y este recomiendo que se use en reuniones en línea) «pongan sus pronombres y organización en su etiqueta en la pantalla». 

El objetivo de los movimientos a favor del lenguaje inclusivo no es obligar a todo el mundo a «vestir de una cierta manera», sino a «ponerse las gafas de la responsabilidad y el cuidado».

El objetivo de los movimientos a favor del lenguaje inclusivo no es obligar a todo el mundo a «vestir de una cierta manera», sino a «ponerse las gafas de la responsabilidad y el cuidado». No solo limitándonos al género, como en los ejemplos que hemos visto más arriba, sino desde una perspectiva interseccional en la que dejemos a un lado la mayor cantidad posible de sesgos lingüísticos, evitando expresiones discriminatorias de todo tipo cuando no estén en el discurso original. Tenemos una responsabilidad de primero, no dañar (como el latín primum non nocere), pero también la de empoderar a las personas entre las que interpretamos para mejorar la comunicación de la sociedad en su conjunto. Tenemos la capacidad de ser parte del reconocimiento mutuo de la dignidad de las personas. Está en nuestras manos no entorpecer los discursos liberadores.

Bibliografía recomendada

American Psychological Association. Publication Manual of the American Psychological Association. 7.ª edición. 2020.

American Psychological Association. Bias-Free Language. (s. f.). [consulta: 14/05/2026].

American Psychological Association. Equity, Diversity, and Inclusion Language: Inclusive Language Guide. 2.ª edición. 2021. [consulta: 14/05/2026].

Associated Press. «Inclusive Storytelling». En: The Associated Press Stylebook. 57.ª edición. 2024. [consulta: 14/05/2026].

Chávez, Adrián. Manual del español incorrecto: contra el espejismo del «buen español». Madrid: Aguilar, 2024.

D’Artemius, Gabriel. Amigue, date cuenta: Por qué, cómo y para qué deberías usar el lenguaje no binario. LES Editorial, 2024. [consulta: 14/05/2026].

Fundación Once. Guía para un uso no sexista del lenguaje: Incluye una mirada especial al empleo y a la discapacidad, 2018. [consulta: 14/05/2026].

Henríquez, Kelly. Using Inclusive Language in Medical Interpretation. YouTube. 30/06/2022. [consulta: 14/05/2026].

Linguistic Society of America. Guidelines for Inclusive Language. 2016. [consulta: 14/05/2026].

López, Ártemis. «Tú, yo, elle y el lenguaje no binario». La Linterna del Traductor, 19 (2019), pp. 142-147. [consulta: 14/05/2026].

López, Ártemis (coord.). Lengua mutante: reflexiones sobre lenguaje inclusivo. Pie de Página, 2025.

Montell, Amanda. Wordslut: A Feminist Guide to Taking Back the English Language. Nueva York: HarperCollins, 2019.

Oxfam. Inclusive Language Guide. 2023. [consulta: 14/05/2026].

The Man Enough Podcast. ALOK: The Urgent Need for Compassion. YouTube. 26/07/2021 [consulta: 14/05/2026].

Begoña Martínez Pagán
Begoña Martínez·Pagán
+ artículos

Begoña Martínez·Pagán (Managua, 1981) es activista, traductora, intérprete y profesora. En la Universidad de Murcia (donde se doctoró en 2025 con una tesis sobre ética y lenguaje inclusivo) actualmente imparte lengua inglesa en el Grado de Traducción e Interpretación. Ha traducido al español (entre otros) libros como Porno feminista, las políticas de producir placer,editado por Tristan Taormino et al.; Queer, una historia gráfica y Género, una guía gráfica, de les autores NB Meg-John Barker y Jules Scheele; Tienes derecho a permanecer gorda, de Virgie Tovar; El cuerpo no es una disculpa, de Sonya Renee Taylor; y Embarazo BUTCH, nueve largos meses con disfraz, de A. K. Summers. Su primer poemario en solitario, Tenía que decirlo · Had to say it , está disponible en la editorial Mundos Flotantes. Fotografía que acompaña a esta biografía: Begoña Martínez·Pagán en el estudio de Mundos Flotantes, por Masles Roy.

Begoña Martínez·Pagán
Begoña Martínez·Pagán
Begoña Martínez·Pagán (Managua, 1981) es activista, traductora, intérprete y profesora. En la Universidad de Murcia (donde se doctoró en 2025 con una tesis sobre ética y lenguaje inclusivo) actualmente imparte lengua inglesa en el Grado de Traducción e Interpretación. Ha traducido al español (entre otros) libros como Porno feminista, las políticas de producir placer, editado por Tristan Taormino et al.; Queer, una historia gráfica y Género, una guía gráfica, de les autores NB Meg-John Barker y Jules Scheele; Tienes derecho a permanecer gorda, de Virgie Tovar; El cuerpo no es una disculpa, de Sonya Renee Taylor; y Embarazo BUTCH, nueve largos meses con disfraz, de A. K. Summers. Su primer poemario en solitario, Tenía que decirlo · Had to say it , está disponible en la editorial Mundos Flotantes. Fotografía que acompaña a esta biografía: Begoña Martínez·Pagán en el estudio de Mundos Flotantes, por Masles Roy.

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