La Linterna del Traductor
NÚMERO 10

EDITORIAL

LA VOZ DE ASETRAD

INTERPRETACIÓN

La activista y el intérprete

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CONTRAPORTADA

Interpretación

La activista y el intérprete

Miguel Jelelaty
Miguel Jelelaty Obeid es intérprete de conferencias desde 1999. Es licenciado en traducción e interpretación por la UAB y ha cursado los estudios de doctorado en comunicación multilingüe de la UPF en 2002-2003. Fue profesor de interpretación en la UPF del 2006 al 2013 y es docente de Protocolo con el Mundo Árabe en el Máster de Protocolo de la URL. Ha nacido en Madrid y ha vivido en Beirut, Madrid, París y Barcelona. Es bajo-barítono, habla siete idiomas y un dialecto, colecciona pasaportes y busca desesperadamente una ciudad donde jubilarse. Ha trabajado más de mil días cómo intérprete.

Han pasado dos años desde el estallido de las revueltas en el mundo árabe y ya corren vientos de fundamentalismo y de ley sagrada en varios países. Farida, una abogada egipcia de ochenta años, incansable e intrépida defensora de los derechos de la mujer desde los años sesenta, sale del ascensor del hotel. Ha llegado el día anterior a Barcelona y aún está muy cansada del viaje. Los organizadores de su estancia en España me la presentan y nos sentamos a hablar sobre los días que pasaremos juntos en Barcelona y Zaragoza. Me lanzo en una explicación detallada de las diferencias que hay entre la interpretación consecutiva y la de enlace, pero me corta enseguida para decirme que no hace falta. Ha leído en mis ojos y en mi voz que todo saldrá bien, entonces no es necesario extenderse sobre el tema. Me tutea directamente diciéndome que yo soy el experto en esto y que en vez de hablar de interpretación prefiere que le cuente algo de mi vida. Quiere que le cuente por qué estoy en Barcelona y se interesa por saber si me queda familia en Oriente Medio.

Salimos en taxi hacia la sede de CC. OO., donde tiene su primera conferencia. Farida es pequeñita y dicharachera. Me hace un balance de la situación en Egipto con su espléndido dialecto cairota. Me muestra decenas de páginas de notas y me comunica que las charlas las dará en egipcio porque deja el árabe estándar «para los políticos». «Quiero que la gente sienta que las palabras me salen directamente del corazón», me dice. «Pues espero no estropearle el efecto con mi interpretación», contesto. Su reacción es inmediata: «Con esta voz y esta mirada que tienes, sé perfectamente que el público captará lo que sale de mi corazón». No hemos empezado a trabajar aún y Farida ya ha conseguido transformarme en militante egipcio de los derechos humanos.

La conferencia en la via Laietana dura más de dos horas. El público no se cansa de hacer preguntas, de pedir más. No quiere despegarse de Farida y acaba aplaudiendo de pie, mientras ella me abraza feliz y me da palmaditas en la espalda. En el taxi de vuelta a su hotel, me dice satisfecha que le gusta Barcelona y que está muy emocionada.

Al día siguiente repetimos la experiencia en la Universidad de Barcelona. El éxito es rotundo. Farida enamora y mi bloc de notas rebosa de historias sobre mujeres luchadoras, sueños entrañables y solidaridad. Dos periodistas nos esperan para hacer sus entrevistas. Tenemos además que almorzar y salir para la estación de Sants, pero Farida se toma la vida con tranquilidad. Colgada de mi brazo, da besos y reparte sonrisas, mientras va denunciando los extremismos y ofreciendo un análisis de la situación política a quien la quiera escuchar.

En el AVE a Zaragoza me cuenta sus años de lucha feminista, sus varias estancias en la cárcel que arruinaron su salud, y su participación activa en las manifestaciones de la plaza Tahrir. Farida sueña, lucha y conquista corazones por donde pasa.

En Zaragoza, esta mujer diminuta levanta pasiones, provoca carcajadas y consigue arrancarme unas cuantas lágrimas delante de más de doscientas personas, en una sala llena de gente entusiasmada con su fuerza y su optimismo. Los dos funcionamos juntos a la perfección. De hecho, al principio de su charla me había presentado como su «consejero culinario, guía, traductor y compañero en esta aventura». Farida enamora.

En el tren de vuelta a Barcelona, me sigue contando las peripecias de su vida de militante por la democracia y los derechos humanos en su país. Acaba confesándome también que últimamente se siente muy cansada, que tiene problemas de corazón y que presiente que este será su último viaje. Ante mi cara compungida se echa a reír y me declara que está encantada de que en su último viaje le haya tocado yo de intérprete y que esto era un regalo de la vida.

En principio, mi misión acababa al llegar a Barcelona. Al día siguiente, un coche vendría a buscarla para llevarla al aeropuerto y la aventura se acabaría allí. Incapaz de despedirme de ella, decido volver a su hotel al día siguiente. Cuando llego, la veo sentada en la recepción con un libro de Naguib Mahfuz en la mano. Me lo da y me ruega no dejar nunca de lado la lengua que me vio crecer. Me hace también prometer que visitaré más a menudo Oriente Medio y acaba diciéndome que le encantaría volver a verme, pero esta vez en El Cairo.

Soy Miguel Jelelaty Obeid, intérprete de conferencias desde 1999. Durante años, he trabajado exclusivamente en francés y en inglés y he huido del árabe como de la peste. El mercado me obligó a incluir el árabe hace pocos años. Desde entonces, con cada interpretación, recupero una parte olvidada de mi pasado y me vuelvo a llenar los pulmones de aire cargado de jazmín y de azahar que me llega directamente a través de la boca de los que interpreto.

Farida debe de estar despegando ahora rumbo a El Cairo, feliz de haber conseguido una vez más llevar la voz de la mujer árabe al mundo, mientras yo voy caminando lentamente hacia mi casa, con los pensamientos colgando de su delicioso acento cairota y con los ojos escrutando el cielo en un intento de seguir la estela del avión que la está devolviendo a su tierra.

Farida, una activista de ochenta años con el corazón muy cansado pero con una fuerza moral a prueba de bomba, ha cambiado un poco mi vida. Repaso los momentos de consecutiva trepidante y de enlace divertido de los últimos días. Revivo la brillante conferencia de Zaragoza y las respuestas geniales de Farida a los periodistas que me costó incluso interpretar a la perfección. Los sonidos de Barcelona desaparecen y dejan paso al encantador acento de una egipcia valiente que durante tres días llenó mi profesión de sentido.

Soy Miguel J. O., un intérprete de conferencias que ha tenido la suerte de interpretar durante tres días a Farida N., abogada y activista. Soy un hombre con paso titubeante que atrae la atención de los transeúntes porque parece que no ve por dónde anda.

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