La Linterna del Traductor
Corrección

Sistema de calidad para traductores: por la parte que te toca

Ana González Corcho

Este artículo es un resumen de la comunicación que la autora presentó el pasado 18 de mayo de 2018 en el Congreso XV Aniversario de Asetrad en Zaragoza: «La calidad: entre todos la mataron y ella sola se murió».

Ana González Corcho
Ana González Corcho es traductora, revisora, correctora y poseditora de inglés a español y está especializada en textos técnicos, médicos y de marketing. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, pero antes de terminar la carrera empezó a traducir y revisar; desde entonces no ha dejado de hacerlo. Posee el Diploma in Translation del Chartered Institute of Linguists (CIOL) y fue cofundadora de Atwords, Traducción técnica, donde trabajó como traductora y revisora y fue responsable de calidad de 1998 a 2013. Después creó Elocutio Servicios Lingüísticos para seguir dedicándose a la traducción y la corrección y, en los últimos tiempos, también a la posedición. Su pasión, casi vicio, por la revisión y el control de calidad de las traducciones la ha llevado a formarse con distintos cursos especializados de corrección, QA y posedición. Es socia de Asetrad y de UniCo.

Es más fácil eso de ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio…

Cuando pensé en la posibilidad de presentar una comunicación al Congreso XV Aniversario de Asetrad que iba a celebrarse en Zaragoza, tenía muy claro el tema: el control de calidad de las traducciones. Además, quería hacerlo desde una perspectiva poco habitual, pues mi intención era explicar qué podemos hacer los traductores para mejorar ese control de calidad en nuestros textos y en nuestros servicios profesionales. Lo más habitual es que hablemos de los que nos revisan, de los que nos corrigen. Es más fácil eso de ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio… Tocaba mirar cómo andaba nuestra viga; para eso y para hablar de diferentes ojos al revisar nuestros textos nació la idea de «La calidad: entre todos la mataron y ella sola se murió».

Traducción incoherente en la pantalla de un dispositivo

Esta foto fue el inicio de la charla; un inicio polisémico, porque con esta imagen empezó la presentación, pero esta falta de coherencia terminológica en un sencillo panel de control de mi impresora entre el botón físico (Iniciar) y la instrucción en la pantalla de LCD (Inicio) también suscitó algunas preguntas:

  • ¿Por qué este error ha llegado hasta el usuario?
  • ¿Cuántos controles de calidad se llevaron a cabo para intentar evitarlo?
  • ¿En qué momento se incumplió un procedimiento de verificación o se introdujo el error?
  • ¿Quién es el responsable final?
  • Y, la pregunta más importante, ¿qué está en mi mano como traductora para evitar que se produzcan estos errores?

¿Qué métodos puedo utilizar para mejorar mi propio sistema de control de calidad o diseñarlo si no tengo uno?

Para buscar respuestas a estas cuestiones era necesario analizar qué fases incluye el proceso de control de calidad en las traducciones que llegan al usuario final. Una vez definidas estas fases y sabiendo cuál es nuestro papel en un determinado flujo de trabajo, se planteaba el verdadero reto para el traductor: ¿qué métodos puedo utilizar para mejorar mi propio sistema de control de calidad o diseñarlo si no tengo uno?

AVISOS A NAVEGANTES

Avisos

Antes de continuar, era importante lanzar algunos avisos a modo de señales de peligro. Estas reflexiones pueden parecer obviedades, pero precisamente por obvias se desdeñan y el resultado de ese desdén, que suele ocultar un ataque de yoísmo, es nefasto en los textos traducidos.

Foto tomada durante la ponencia

Siempre debemos revisar nuestra traducción

Cuando un traductor dice: «a mí lo que me gusta es traducir, no revisar», me viene a la cabeza, indefectiblemente, el mismo ejemplo: un piloto que dice «a mí lo que me gusta es pilotar, no despegar», «a mí lo que me gusta es pilotar, no controlar los instrumentos de la cabina». Esas tareas forman parte de pilotar; del mismo modo, revisar la traducción es parte del proceso de traducir. Podríamos decir que es la parte de traducir que menos nos gusta, pero hablar de ello como una tarea diferente daña la calidad de la traducción ya en su fase inicial.

Cuando la traducción pasa a la siguiente fase del proceso se supone que tiene una calidad suficiente

No vale lo de «esto lo corregirá alguien después».

No vale lo de «esto lo corregirá alguien después». Si la traducción contiene errores graves, es decir, si requiere una retraducción, se produce un fallo básico en el proceso que genera un producto inacabado y defectuoso que obliga a retroceder y repetir una tarea si se quiere conseguir un texto final de calidad.

Todos los profesionales implicados en el proceso tienen un fin común que es la calidad e idoneidad del texto final

Debe haber un responsable de ese flujo de trabajo que gestione todos los pasos y se comunique con todos los participantes. No vale lo de «yo me ocupo de lo mío, la culpa es de x», lo ideal es centrarse en facilitarles la tarea al resto de los profesionales que trabajan con nosotros en ese texto.

TIPOS DE REVISIÓN

Una vez hecho el hincapié necesario en estas reflexiones básicas, llegó el momento de plantear una clasificación de los procesos generales de revisión y corrección. En este caso, con un resumen de tareas según los siguientes tipos de traducción:

Traducción

En realidad, se trata de la «traducción no editorial», pero una denominación en negativo tal vez no sea lo más adecuado.

No utilicé el adjetivo «general» porque no creo que exista una traducción de tipo general; todas tienen su especialización y sus características específicas. Tampoco quise elegir el término «traducción comercial» porque entiendo que toda traducción encargada a un profesional que cobra por hacerla es una traducción comercial. En realidad, se trata de la «traducción no editorial», pero una denominación en negativo tal vez no sea lo más adecuado.

Traducción editorial

Los procesos de revisión y corrección son siempre los mismos en el proceso editorial, independientemente de si se trata de libros de ficción o de otros tipos de libros, por ejemplo, divulgativos. Poco importa que sea una novela, un libro de poesía o un manual de ganchillo. En este sector, además, sí existen una división y una definición más nítidas de los procesos; sin embargo, es difícil que se sigan todos los pasos que aparecen en el cuadro que se muestra a continuación, y, cada vez más, se omiten pasos o se combinan.

Traducción automática

Por su naturaleza, necesita una clasificación independiente. No son textos traducidos por un traductor, sino por un motor de traducción, y, por tanto, sus procesos de verificación de calidad son diferentes.

Controles de calidad por tipo de traducción

Esquema con los tipos de traducción y revisiones

Los que trabajamos a veces como traductores y otras como revisores sabemos que lo que toca es facilitarles la labor al revisor y al corrector.

¿En qué parte de estas verificaciones de calidad podemos intervenir como traductores para aumentar la calidad y reducir el número de errores? Los que trabajamos a veces como traductores y otras como revisores sabemos que lo que toca es facilitarles la labor al revisor y al corrector. Y esto no significa ocupar parte de su parcela; todo lo contrario: dejémosles espacio y tiempo para desplegar todos sus conocimientos y su oficio con el fin de pulir al máximo el texto; que no tengan que perder tiempo en errores básicos que se pueden evitar si aplicamos algunas normas a nuestro trabajo. El resultado final es bueno para todos: traductor, revisor, corrector y cliente.

LA NORMA ISO Y YO (el traductor)

Existe una norma ISO dedicada a la traducción, UNE-EN ISO 17100:2015, que quise utilizar como punto de partida para hablar del sistema de calidad de los traductores. Mi objetivo no era valorar sus resultados en términos de calidad ni la utilidad del método de certificación en las empresas. Para el planteamiento de esta charla, lo que me parecía interesante era utilizar su espíritu y su terminología.

Hace unos años tuve la oportunidad de preparar la certificación para la versión anterior de la norma de servicios de traducción (UNE-EN ISO 15038:2006). Durante la formación previa y la implantación del sistema aprendí muchas cosas que me sirvieron para sistematizar y documentar muchos procesos que ya llevaba a cabo de forma inconsciente. Lo que certifica el cumplimiento de la norma es que hay una política y un sistema de calidad, que se cumplen unos requisitos y se siguen unos procesos, y, además, todo se documenta. No certifica la calidad, pero sí que se siguen los procedimientos adecuados y definidos para lograrla. Eso no es poco…

¿Es útil la norma ISO para nosotros, los traductores autónomos? Aunque en un primer acercamiento parezca que no, yo estoy convencida de que sí.

¿Es útil la norma ISO para nosotros, los traductores autónomos? Aunque en un primer acercamiento parezca que no, yo estoy convencida de que sí, porque su terminología y sus procesos nos pueden servir para tener una visión más profesional y sistematizada de los métodos de control de calidad de textos traducidos y, sobre todo, puede inspirarnos para crear nuestra propia norma de calidad interna que se adecue a las necesidades de los servicios que ofrecemos. ¿Acaso no somos una pequeña empresa? Pequeño también es 1.

DEFINICIÓN DE CALIDAD

En la norma se habla de «calidad de los servicios de traducción», pero también de cómo se suministran esos servicios. Este matiz es clave. Cuando hablamos de calidad, no hablamos solo de la traducción, a pesar de que sea el factor más importante.

Estamos prestando un servicio, y aunque la calidad de ese servicio depende en lo fundamental del texto que entregamos, también depende de cómo lo entregamos.

La traducción debe ser correcta en todos sus aspectos. No es suficiente con trasladar el significado, hay que hacerlo modificando de la forma adecuada la sintaxis y la morfología para el idioma de destino, con el léxico y la terminología pertinentes, aplicando las normas ortográficas y dentro de un contexto determinado. Y, todo ello, con un fin y un usuario en mente. Pero, además, estamos prestando un servicio, y aunque la calidad de ese servicio depende en lo fundamental del texto que entregamos, también depende de cómo lo entregamos.

Entonces, ¿qué es una traducción de calidad? La respuesta sería una traducción correcta desde el punto de vista lingüístico en todas sus vertientes: semántica, sintáctica, gramática y pragmática, pero también una traducción que cumple con los requisitos del cliente en cuanto a normas, estilo, plazos y condiciones.

MI SISTEMA DE CALIDAD: AUTORREVISIÓN

La revisión que todo traductor hace de su texto es la autorrevisión o autocomprobación (según la terminología de la norma). Prefiero utilizar el término autorrevisión, porque autocomprobación da la idea de una mera verificación superficial. En esa revisión de nuestro texto traducido tenemos que conseguir que los ojos que revisan no sean los mismos que traducen. Podemos «cambiar de ojos» o, mejor aún, «cambiar de sombrero», ponernos el de revisor con los siguientes métodos:

  • Hacer siempre una pausa temporal y un cambio de actividad antes de empezar a revisar.
  • Utilizar otro soporte, ya sea informático o físico: podemos revisar en papel; si trabajamos con software de traducción es muy útil revisar en un archivo bilingüe de Word que el propio programa genera, con la ventaja añadida de que los cambios se incorporan automáticamente en nuestra traducción al importar ese archivo revisado. Si usas el mismo software para revisar, resulta útil cambiar el formato, el color o el tipo de letra.
  • Ordenar las tareas y las comprobaciones.
  • Hay que leer con ojos de revisor: cuestiónate, escudriña, comprueba la norma, duda, consulta.

En las sugerencias de lectura que he incluido al final de este artículo se pueden ver propuestas y modelos de autorrevisión de algunos compañeros que pueden servirnos de guía para diseñar el nuestro.

MI SISTEMA DE CALIDAD: MEJORA

Aprende de tus errores y diseña acciones concretas de mejora.

Con el tiempo vamos descubriendo cuáles son nuestros puntos débiles. Todos sabemos si fallamos más en sintaxis o en puntuación, si tendemos a ser demasiado literales o si nos cuesta comprobar la terminología y ser coherentes en su uso.

Debemos detectar estos patrones de error y recopilarlos. Hay que analizar cuáles son nuestras carencias; si nos falta formación en alguno de estos aspectos, hay que aplicarse para conseguirla, y no me refiero solo a cursos sobre software o especialización: también, aunque a menudo se nos olvide, es necesaria la formación lingüística, repasar y renovar los conocimientos de gramática y sintaxis, sobre todo, de los aspectos en los que fallamos, para manejarlos con más soltura y reducir el número de fallos repetitivos.

Si el revisor y el corrector hacen bien su trabajo, sus comentarios son una fuente de mejora constante.

También es muy enriquecedor ver las correcciones o validaciones que hace el revisor del cliente de nuestras traducciones. Si el revisor y el corrector hacen bien su trabajo, sus comentarios son una fuente de mejora constante. Convierte esos cambios en pequeños manuales de estilo y listas de cosas que debes comprobar y aprender.

Volviendo al modelo de la norma ISO, uno de los aspectos que recoge es que los traductores y revisores deben tener planes de formación continua; apliquemos lo mismo en nuestro sistema de calidad. Una vez detectados los aspectos que hay que reforzar, busca cómo obtener la formación adecuada y diseña tu plan.

  • Aprende de tus errores y anticípate.
  • Pídele al cliente información de las revisiones.
  • Detecta tus puntos débiles lingüísticos, también por cliente, tema, tipo de texto.
  • Organiza esta información.
  • Crea listas de errores frecuentes y utiliza herramientas para prevenirlos.
  • Diseña tu plan de formación.

MI SISTEMA DE CALIDAD: AUTOMATIZACIÓN

Hoy en día es posible automatizar muchas verificaciones de cuestiones ortográficas y gramaticales básicas y, si trabajas con programas de traducción asistida, tienes un montón de herramientas muy útiles a un solo clic. ¿Te suenan estos cuadros de diálogo?

Cuadro de diálogo de una herramienta TAO Otro cuadro de diálogo

A menudo olvidamos que nuestras herramientas TAO también son herramientas «VAO», verificación asistida por ordenador.

Además de las herramientas que podemos encontrar en Word o en otros programas de verificación externos como Stilus, Xbench o Verifika, a menudo olvidamos que nuestras herramientas TAO también son herramientas «VAO», verificación asistida por ordenador. Las tenemos ahí, estamos traduciendo en ellas; aprovecha esas opciones de verificación y control de calidad.

Aunque trabajes con configuraciones definidas por el cliente, siempre puedes crear tus propias configuraciones por trabajo o tipo de texto. Si las afinas bien, estas opciones son armas potentísimas contra los errores sistemáticos, omisiones, repeticiones, incoherencias, etc.

Conviene recordar que las TAO son útiles incluso con los clientes que no las piden. Es más, son mucho más rentables, en el sentido de que el cliente no aplica descuentos por coincidencias parciales, pero nosotros podemos beneficiarnos de la coherencia terminológica y de estilo, además de usar estas herramientas de verificación. No estoy diciendo que nos compremos estas herramientas para estas tareas, pero si ya las tenemos porque otros clientes así nos lo piden, aprovechemos todos sus recursos.

Y sí, también son útiles para la traducción editorial: ahorran un tiempo precioso en cuestiones terminológicas, tanto para evitar repeticiones y dar variedad al texto como para asegurar que se utiliza siempre el mismo término cuando es necesario. Por no hablar de cuestiones ortotipográficas, como comprobación de símbolos y puntuación. Solo es cuestión de abrir esos cuadros de diálogo y adaptar las opciones al texto con el que estemos trabajando.

  • Automatiza tareas.
  • Configura tus opciones de verificación por cliente y tipos de texto.
  • Evita errores sistemáticos.
  • Saca el máximo partido a los programas que utilizas para traducir.

MI SISTEMA DE CALIDAD: COLABORACIÓN CON UN REVISOR O UN CORRECTOR

La tarifa que paga un cliente final es mayor precisamente porque se supone que recibe un texto publicable sin más controles posteriores.

Solo no puedes, con amigos, sí. Es decir, cuando nos enfrentamos a una traducción muy especializada o cuando nuestro cliente no es una agencia ni una editorial, sino un cliente final, la mejor opción es contar con un corrector o un revisor que verifique nuestro trabajo. Si nuestra traducción va a difundirse sin ningún control lingüístico más, esta opción se convierte en un requisito ineludible. Además, la tarifa que paga un cliente final es mayor precisamente porque se supone que recibe un texto publicable sin más controles posteriores.

Es muy provechoso tener una red de colegas con los que colaborar en caso necesario. Mi experiencia al respecto no puede ser más positiva. Siempre que trabajo con clientes directos, contrato los servicios de un revisor especializado o de un corrector, en función de las necesidades del texto. En las páginas web de las asociaciones profesionales existen directorios para encontrar colegas que pueden trabajar con nosotros, como el directorio de Asetrad.

  • Contrata los servicios de un revisor o un corrector.
  • Establece una red de colaboración para trabajos especializados o encargos de clientes directos.

MI SISTEMA DE CALIDAD: SATISFACCIÓN DEL CLIENTE

Otro de los aspectos que se recogen en la norma ISO es el cumplimiento de los requisitos del cliente en cuanto al proceso. Además de la calidad lingüística de la traducción, de que se traslade de forma adecuada el significado del texto original a la lengua de destino y se haga de manera correcta en cuanto a la norma e idónea en cuanto al fin, es esencial mimar la relación con el cliente.

Si entregamos un texto bien traducido y revisado, pero lo hacemos fuera de plazo o no cumplimos algún requisito del cliente, no estamos entregando un trabajo de calidad.

En la práctica, el criterio o las necesidades del cliente a veces chocan de pleno con las normas lingüísticas.

De hecho, en la práctica, el criterio o las necesidades del cliente a veces chocan de pleno con las normas lingüísticas; por ejemplo, esas mayúsculas que tanto gustan a los cargos directivos. Saber mantener el equilibrio entre esos requisitos y las normas es parte fundamental de nuestro trabajo.

Aquí aparece un ejemplo de una plataforma de gestión de trabajos de un cliente en el que se indican los requisitos que hay que cumplir antes de entregar una traducción. No se trata de marcar casillas, se trata de hacer lo que se nos pide.

Lista de verificación de calidad
  • El cliente no siempre tiene la razón, pero revisa sus requisitos, tratos, plazos, normas, y cúmplelos.
  • Diseña una encuesta de satisfacción anual para tus clientes. Este sencillo gesto te proporcionará mucha información útil y el cliente apreciará, sin duda, el interés.

LA CALIDAD TENÍA UN PRECIO

Para crear y aplicar nuestro sistema de calidad hemos visto que tenemos que invertir en muchos recursos.

  • Formación: mejorar nuestras habilidades y conocimientos. Ese objetivo incluye cursos, seminarios, congresos, suscripciones, diccionarios en línea o en papel, manuales.
  • Herramientas informáticas y equipos: programas que nos ayuden a acelerar y automatizar las tareas de verificación. Ordenadores actualizados y rápidos que agilicen nuestro trabajo y funcionen al ritmo adecuado para las exigencias de esas herramientas.
  • Tiempo: para aplicar estos procesos, para aprender a manejar nuevas opciones, para analizar correctamente los proyectos.

Y todo esto tiene que verse reflejado en nuestras tarifas. Es evidente que la mejora y la inversión son procesos graduales y que al empezar no se cuenta con todos estos recursos; sin embargo, el objetivo tiene que ser conseguirlos, mejorar tarifas y encontrar mejores clientes. Al calcular los gastos que tenemos que incluir en nuestra tarifa, además del coste de la cuota de autónomos, los seguros, la jubilación, las vacaciones o la factura de la luz y del móvil, debemos contar con un porcentaje para la inversión en nuestro sistema de calidad. Este esfuerzo económico tendrá su recompensa, tal vez no a corto plazo, pero sí con el tiempo, porque los buenos clientes aprecian la calidad y la pagan.

  • A la hora de calcular nuestras tarifas debemos tener en cuenta los gastos relacionados con nuestro sistema de calidad (formación, herramientas informáticas y equipos, tiempo).
  • El objetivo debe ser mejorar tanto los recursos como las tarifas.

LA MEJOR HERRAMIENTA COMERCIAL

Lo que hace volver a un cliente es la calidad del servicio que recibe.

No se me ocurre mejor herramienta comercial para conseguir y mantener clientes. Las redes sociales, una imagen profesional atractiva, el intercambio con colegas del sector que facilitan contactos y trabajos, las asociaciones profesionales… Todo suma, pero lo que hace volver a un cliente es la calidad del servicio que recibe.

Si nos esforzamos para diseñar y mejorar nuestro propio sistema de calidad, si creamos una especie de política de calidad de nuestras traducciones, mantendremos a nuestros clientes, estaremos orgullosos de nuestro trabajo, lo haremos mejor y, lo que es más importante, tendremos acceso a los clientes que aprecian, y pagan, la calidad.

Si la calidad muere, por favor, que no sea en nuestras manos.

Sugerencias de lectura

Mossop, B. Revising and Editing for Translators. Oxon. Editorial St. Jerome Publishing, 2014.

Cámara, E.  Hacia una traducción de calidad. Técnicas de revisión y corrección de errores. Madrid. Grupo Editorial Universitario, 1999.

Graham, N. «Revisions». [fecha de consulta: agosto del 2018].

Nadal, V. «AENOR y las actividades de normalización Relevancia de los servicios de traducción», Punto y Coma, n.  127 (marzo/abril del 2012), p. 10-14. [fecha de consulta: agosto del 2018].

Rodríguez, T. «Propuesta de procedimiento para corregir nuestras propias traducciones». [fecha de consulta: agosto del 2018].

Torres, N. «A Practical Guide to Self-Reviewing Your Translation Work». [fecha de consulta: agosto del 2018].

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