19 junio 2024
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El lenguaje claro: de la idea a la ISO

Cartel de la actividad "Aclarando el lenguaje claro: de la idea a la ISO".

El pasado 26 de octubre de 2023, con motivo del Día de la Corrección, Asetrad organizó la actividad «Aclarando el lenguaje claro: de la idea a la ISO», en la que dos de los principales expertos sobre este tema, Víctor M. González y Antonio Martín, nos acercaron al lenguaje claro y su nueva norma ISO.

Con el afán de que toda esa información útil y esclarecedora no se perdiera surgió la idea de este artículo a cuatro manos, que, además, por esas cosas de las casualidades y la velocidad con la que avanza el lenguaje claro, se ha ido gestando mientras se producían importantes acontecimientos en este campo, como la adopción por parte de la UNE de la norma en lengua española en febrero de 2024.

Como profesionales de la lengua es ineludible atender a esta nueva realidad; el lenguaje claro y su norma ISO ya están aquí…

Antonio Martín y Víctor González durante la charla.

La norma ISO 24495-1, un paso hacia la consolidación de la comunicación clara como derecho fundamental y como profesión

Víctor González Ruiz

En junio de 2023, la Organización Internacional de Normalización (ISO) publicó la primera norma de alcance internacional sobre lenguaje claro. Su título en inglés (ISO 24495-1:2023 Plain language. Part 1: Governing principles and guidelines) ya indica cuál es la naturaleza de la norma: la de ofrecer principios rectores y directrices sobre cómo comunicarse empleando un lenguaje claro. Unos meses más tarde, en febrero de 2024, la Asociación de Normalización Española (UNE) adoptó esta norma en lengua española bajo el título UNE-ISO 24495-1:2024 Lenguaje claro. Parte 1: Principios rectores y directrices.

En febrero de 2024, la Asociación de Normalización Española (UNE) adoptó esta norma en lengua española bajo el título UNE-ISO 24495-1:2024 Lenguaje claro. Parte 1: Principios rectores y directrices.

La posibilidad de desarrollar una norma como esta se explicitó por primera vez en 2007, durante el congreso de la Plain Language Association International (PLAIN) celebrado en Ámsterdam (Países Bajos). En este encuentro, esta y otras dos organizaciones (Clarity, de carácter internacional y dedicada a la comunicación jurídica, y The Center for Plain Language, centrada en el entorno público de EE. UU.) debatieron acerca de cómo fomentar el carácter profesional de quienes se dedican a la comunicación clara. En el contexto de este debate, se planteó la oportunidad de crear normas de alcance internacional como medio para «regularizar» y visibilizar la labor de quienes trabajan elaborando documentos en lenguaje claro, así como para reivindicar el derecho fundamental de la ciudadanía a entender las comunicaciones que se le dirigen.

Las tres entidades decidieron agruparse en lo que, finalmente, se denominó International Plain Language Federation (IPLF).

Como paso previo a la creación de una posible norma, y en el mismo sentido de buscar una cierta homogeneización entre quienes generan comunicaciones claras en todo el mundo, estas tres organizaciones creyeron necesario proponer una definición básica de lo que es el «lenguaje claro». Mientras trabajaban en ello, las tres entidades decidieron agruparse en lo que, finalmente, se denominó International Plain Language Federation (IPLF). Y, en 2014, esta federación adoptó formalmente la que muchos profesionales, instituciones y organizaciones de distintos países consideran la definición de referencia en relación con el lenguaje claro.

La definición, en su versión en español (según aparece publicada en la web de la IPLF), dice: «[Una comunicación] está escrit[a] en lenguaje claro si su redacción, su estructura y su diseño son tan transparentes que los lectores a los que se dirige pueden encontrar lo que necesitan, entender lo que encuentran y usar esa información». Según esta descripción, el grado de comprensibilidad o de claridad de un texto no viene dado por los rasgos lingüísticos empleados, sino por la medida en que un lector concreto (el lector potencial o ideal, se entiende) pueda localizar y comprender lo que se le dice, y hacer cosas de modo eficaz con eso que se le dice.

En septiembre de 2019 el Comité Técnico 37 de la ISO aprobó el proyecto de creación de una norma internacional de lenguaje claro.

La IPLF decidió partir de esta definición como marco conceptual de la norma y, en sucesivos congresos de PLAIN y de Clarity, se fueron concretando y consensuando los pasos que debían darse a continuación. Tras muchos esfuerzos y el apoyo de Standards Australia, en septiembre de 2019 el Comité Técnico 37 de la ISO aprobó el proyecto de creación de una norma internacional de lenguaje claro. A partir de ese momento y hasta su publicación final en junio de 2023, las tres asociaciones que forman la IPLF, así como el International Institute for Information Design y el Parlamento Europeo, se implicaron de modo especial en el desarrollo de la norma.

Tal como se ha dicho, la definición de lenguaje claro propuesta por la IPLF supone la columna vertebral de los principios rectores que recoge la norma, que tiene carácter de recomendación (y no de obligación). Por el ya mencionado énfasis en el lector y en el grado de comprensión de este como medida de la claridad de una comunicación, la norma no se ocupa de enumerar técnicas lingüísticas concretas cuyo fin sea el de «simplificar» la lengua; es decir, esta norma no ha de confundirse con una guía de estilo, necesariamente vinculada a una lengua o a un grupo de lenguas específicos. Por el contrario, la norma pretende ser aplicable a la mayoría de los idiomas en su forma escrita, así como se entiende que sus pautas pueden emplearse para la creación de cualquier documento destinado a un público general, aunque también pueden dirigirse a otras formas de comunicación escrita más específicas.

De este modo, el documento de la ISO (y el correspondiente, en español, adoptado por la UNE) se estructura en torno a los siguientes cuatro principios rectores, cada uno de ellos asociado a una serie de directrices más concretas:

Lo que se comunica al lector ha de ser pertinente, por lo que hay que conocer el perfil de los lectores, sus necesidades, objetivos y circunstancias.

  1. Lo que se comunica al lector ha de ser pertinente, por lo que hay que conocer el perfil de los lectores, sus necesidades, objetivos y circunstancias.
  2. El lector debe ser capaz de localizar con facilidad esa información pertinente que se le desea trasladar, lo que implica hacer un uso eficaz del diseño y la estructura del texto.
  3. El lector tiene que poder comprender fácilmente lo que se le desea comunicar; este es el principio más centrado en las operaciones de carácter lingüístico, que, aplicables a la mayoría de los idiomas, van dirigidas a lograr una expresión más clara (aunque también se alude al uso de recursos gráficos y multimedia como apoyo).
  4. Tras localizar y entender esa información pertinente, el lector ha de ser capaz de usarla con facilidad para lograr fines concretos, y esto obliga a que se evalúe la eficacia comunicativa de cualquier documento de modo periódico a lo largo de su vida útil.

Ya se trabaja en las partes segunda y tercera: una de ellas aborda el lenguaje claro en el ámbito jurídico, mientras que la otra se centra en el ámbito científico.

Es importante recalcar que esta norma se ha concebido como la primera de varias partes centradas en el lenguaje claro. De ahí que esta pueda considerarse el marco general de los conjuntos de pautas que están por venir. De momento, ya se trabaja en las partes segunda y tercera: una de ellas aborda el lenguaje claro en el ámbito jurídico (bajo el título provisional de ISO/AWI 24495-2 Plain language – Part 2: Legal Writing and Drafting), mientras que la otra se centra en el ámbito científico (ISO/AWI 24495-3 Plain language – Part 3: Science writing). Estas normas de continuación mantienen el espíritu global de la primera, pues también pretenden ser aplicables a la mayoría de las lenguas.

La aprobación de normas internacionales dedicadas al lenguaje claro (que, después, pueden irse adoptando de forma local en los diversos países, como ha ocurrido en España) legitima, por un lado, el movimiento a favor del lenguaje claro y del derecho a comprender de la ciudadanía, y, por el otro, la actividad profesional de quienes se dedican a la comunicación clara. A la hora de convencer a una organización escéptica en cuanto al valor del lenguaje claro, es probable que la existencia de una norma suponga uno de los argumentos más sólidos y convincentes a los que pueda recurrir un comunicador.

Otro argumento incontestable lo constituye la promulgación de leyes específicas que prescriban el uso del lenguaje claro. Dibujando una cierta correspondencia con la norma ISO, cabe destacar la aprobación de leyes nacionales en este sentido en EE. UU. (Plain Writing Act 2010) y en Nueva Zelanda (Plain Language Act 2022), ambas referidas a los documentos escritos que sus respectivas administraciones públicas dirigen al público general. En estos dos brevísimos textos legislativos, se apunta, al igual que en la norma, a principios generales sin explicitar estrategias lingüísticas concretas; igualmente, se coincide en poner el foco en el destinatario de la comunicación (the intended audience), en su contexto y necesidades, y en si va a ser capaz de usar el documento para su propósito original.

«El gran titular es que el lenguaje claro es la empatía» (Rubén Vinagre Sáenz, encuentros EnClaro, octubre de 2023).

Como confirman tanto la norma ISO como las leyes nombradas, se observa que las políticas de lenguaje claro o de comunicación clara, hoy en día, tienden a centrarse en la empatía con el destinatario del mensaje y en la valoración de la situación comunicativa en la que se enmarca el esfuerzo particular para transmitir ese mensaje. En todas ellas, por supuesto, hay un hueco (muy importante) para las técnicas de carácter lingüístico, pero estas son solo un eslabón más de una cadena que comienza con la identificación del lector y culmina con la evaluación del documento por parte de usuarios reales. Frente a esto, el empleo aislado de técnicas supuestamente simplificadoras o la medición de la comprensibilidad mediante fórmulas basadas en variables numéricas no suponen vías ideales para lograr una interacción eficaz con los destinatarios. Tal como señaló el periodista y consultor Rubén Vinagre Sáenz en su intervención durante la 5.ª edición de los encuentros sobre lenguaje claro EnClaro, en octubre de 2023, «el gran titular es que el lenguaje claro es la empatía». Al menos, como se ha dicho, la norma ISO sobre lenguaje claro y su versión en español apuntan en esa dirección.


La implantación del lenguaje claro en España

Antonio Martín

El lenguaje claro es necesario para que la democracia real funcione en el día a día: porque, como ciudadanía, tenemos que conocer y ejercer nuestros derechos y obligaciones. Por eso necesitamos comprenderlos de un simple vistazo. Pero la documentación que genera la Administración —que hemos creado y sostenemos— es difícil de comprender, no por sus conceptos, sino por su enrevesada redacción, presentación y poca o nula accesibilidad. El lenguaje claro reclama sencillez en el lenguaje administrativo y jurídico para recuperar el flujo ágil y natural que debe existir entre los ciudadanos y su Administración.

El lenguaje claro combate la desigualdad, como señala Germán Jair Arenas. No puede haber ciudadanos de primera y de segunda; los que comprenden a la Administración y los que no.

El lenguaje claro combate la desigualdad, como señala Germán Jair Arenas. No puede haber ciudadanos de primera y de segunda; los que comprenden a la Administración y los que no.

El lenguaje claro defiende a los consumidores, como señala Yolanda Quintana, quienes por ley, ya tienen el derecho a conocer con claridad —sin letra pequeña ni ocultación— qué bienes o servicios están comprando.

El lenguaje claro afecta a la salud. Lo cuentan David Daly y Oscar Linares, quienes proponen a los profesionales de la medicina cómo humanizar y acercar un diagnóstico o un tratamiento para que los pacientes tengan la seguridad de que comprenden qué les ocurre.

Por eso, es necesario conocer el desarrollo del lenguaje claro en España. A diferencia de los modelos hispanoamericanos —donde ha existido un desarrollo previo de redes de lenguaje claro en el ámbito académico— en España, la implantación del lenguaje claro ha tomado un camino paralelo con más impulso en el sector privado, secundado por la Administración.

Estamos presenciando un momento asombroso. Pocas veces hemos podido ver cómo un proyecto, todo un movimiento, como el del lenguaje claro va tomando forma, adaptándose y disponiéndose a expandirse de un modo tan vertiginoso como el que estamos viendo. Es un efecto dominó que termina en una reacción en cadena. Y al final, afecta a los profesionales del texto, entre ellos, los de la traducción.

Se unen tres grandes factores para que estemos asistiendo al reconocimiento del lenguaje claro como todo un derecho:

La entidad bancaria Bankia usó ese término [preferentes] con clara ambigüedad para estafar a miles de pensionistas.

  1. Por una parte, tenemos la corriente de cambio por modernizar el lenguaje administrativo —que podríamos fijar en los años 90—. Esta corriente por parte de la Administración toma impulso con la Comisión de Modernización del Lenguaje Jurídico y la publicación de su informe con recomendaciones, en 2011. A esto se añade el punto de inflexión en 2014, con el juicio por las preferentes. La entidad bancaria Bankia usó ese término con clara ambigüedad para estafar a miles de pensionistas. Precisamente, el manifiesto uso de lenguaje confuso que llevó a juicio a esta entidad sirvió como detonante para que bancos y aseguradoras se lanzaran a ganar la confianza de sus clientes a través de mensaje claros, comprensibles y accesibles: la comunicación clara se empezaba a implantar en el sector privado. En 2023, como ya hemos visto más arriba, llega la norma ISO y un año más tarde, la norma UNE. También este año de 2024 llega la culminación de esta corriente —que veremos más adelante— con el reconocimiento de la Administración de una ley por el lenguaje claro.
  2. Por otra parte, también surge en esta década la Alianza para el Gobierno Abierto y, posteriormente, la ONU propone los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en los que transversalmente se reconoce el papel esencial de la transparencia y accesibilidad de la comunicación, donde juega un papel fundamental el lenguaje claro. España participa en todos estos planes, donde empieza a observarse un fenómeno de capilaridad: la propuesta global cala hasta las administraciones autonómicas y locales.
  3. Al mismo tiempo, el avance de las herramientas digitales aplicadas al lenguaje (ya sea para traducir, corregir, resumir, sintetizar) evoluciona con la inteligencia artificial, hasta el punto de que los textos que esta genera son siempre correctos y claros. El año 2022 se popularizan y multiplican las herramientas de IA hasta el límite de tener que crear una ley para regularizar su uso para que no invada la propiedad intelectual.

Esta confluencia se ha visto impulsada por una serie de motores que han servido para difundir y dar a conocer el lenguaje claro en España:

En mayo de 2017, la Fundéu y la Fundación San Millán celebraron las jornadas «Lenguaje claro, reto de la sociedad del siglo xxi».

En mayo de 2017, la Fundéu y la Fundación San Millán celebraron las jornadas «Lenguaje claro, reto de la sociedad del siglo xxi». Era la primera vez que una institución española del lenguaje reconocía con nombre propio este movimiento.

Ese mismo año se ponía en marcha una de las iniciativas más brillantes del área académica. La investigadora y profesora Iria da Cunha, al frente de su equipo de la UNED, abría al público una de las herramientas gratuitas más conocidas: arText y arText claro. Esta permite organizar, corregir y mejorar textos de administración, medicina, turismo y académicos.

En esas fechas, se celebró la jornada «Compromiso con el derecho a entender», en el Ayuntamiento de Madrid, con el apoyo de la empresa Prodigioso Volcán, liderada por Mario Tascón. Tascón y su equipo han sido la punta de lanza de la «comunicación clara», un enfoque que aglutina el lenguaje claro con el diseño y la usabilidad. Nos han ido ofreciendo los informes ¿Habla claro la administración pública? y ¿Habla claro la Administración a los públicos vulnerables?, que nos permiten descubrir, a través de la falta de claridad, la necesidad de El derecho a entender, título del libro de Estrella Montolío y Mario Tascón.

En 2018, el centro de formación de profesionales del lenguaje y de la edición, Cálamo&Cran, es la primera empresa española en sumarse al grupo de PLAIN Language Europe. Asimismo, desde 2020, es la promotora de los encuentros EnClaro junto con otro de los protagonistas impulsores del lenguaje claro, la revista de divulgación de la lengua Archiletras. EnClaro es el espacio de encuentro de las distintas aplicaciones, estudios y corrientes del lenguaje claro en el ámbito hispanoamericano, donde se ha dado a conocer desde su aplicación en textos médicos, hasta la visualización de datos, pasando por experiencias empresariales como las de IKEA o el BBVA.

[En el año 2022] el periodista Arsenio Escolar, director de Archiletras, lanza el Manifiesto por un Lenguaje Claro en la Administración, elaborado por Estrella Montolío.

El año 2022 —el mismo del boom de la IA— es también el momento de afianzamiento e impulso del lenguaje claro. El periodista Arsenio Escolar, director de Archiletras, lanza el Manifiesto por un Lenguaje Claro en la Administración, elaborado por Estrella Montolío. Escolar lo lleva a todas las autoridades del Estado: el rey, el presidente del Gobierno, el del Senado, la presidenta del Congreso de los Diputados, el presidente del Instituto Cervantes y al director de la RAE.

Este manifiesto consigue varias reacciones de profundo calado en ese año y los siguientes: por una parte, la RAE desarrolla la Red Panhispánica del Lenguaje Claro, a la que a día de hoy se siguen sumando instituciones y centros. Según expone en su web, esta red «pretende sumar las diversas iniciativas sobre lenguaje claro y accesible que se están desarrollando en el mundo hispanohablante». Asimismo, afirma que «integrará las redes nacionales existentes para sumar los esfuerzos de todos bajo la supervisión de las academias», aunque por el momento no han señalado con qué recursos cuentan para hacerlo ni se ha conocido una actividad concreta para lograr esa integración. Por ello, las distintas iniciativas siguen su propio camino.

Una de las reacciones más importantes al manifiesto no se hace esperar: es el 9 de marzo de 2023 cuando la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación digital, Nadia Calviño, anunció que impulsaría en la Administración General del Estado un decálogo del lenguaje claro, para apoyar la comprensión de los trámites digitales por parte de los ciudadanos.

El 24 de enero de 2024 se aprueba ese proyecto a propuesta del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, del que es titular Félix Bolaños.

Y el compromiso se cumple. El derecho a entender, regulado por ley no tarda en llegar: el 24 de enero de 2024 se aprueba ese proyecto a propuesta del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, del que es titular Félix Bolaños. Según se afirma en la referencia oficial del Consejo de Ministros, «es la primera ley en recoger el derecho de la ciudadanía a que la Administración de Justicia se dirija a ellos en un lenguaje claro, sencillo, comprensible y universalmente accesible, tanto en las notificaciones de actos, resoluciones y comunicaciones procesales como en cualquier información que precisen con relación a sus causas, estrategias procesales e intereses y derechos».

Hay que resaltar que el artículo que regula este derecho dice literalmente esto:

Se deberá contar con un cuerpo de profesionales capaces de tratar los textos para adaptarlos … acostumbrados a comprender las ideas del emisor para traducirlas al receptor, según los principios del lenguaje claro.

Así, tras ver el fenómeno del desarrollo e implantación de este movimiento como una conjunción de factores que se aceleran hasta aproximarnos a la consecución de una ley que facilite la claridad en los textos, cabe preguntarse cómo se podrá poner en marcha toda esta ingente adaptación. Es aquí donde se deberá contar con un cuerpo de profesionales capaces de tratar los textos para adaptarlos; unos profesionales acostumbrados a comprender las ideas del emisor para traducirlas al receptor, según los principios del lenguaje claro; unos profesionales del texto como los de traducción y corrección, quienes ahora tienen la tarea de prepararse para el nuevo reto laboral que les llega: la traducción o adaptación de textos al lenguaje claro.

Víctor González Ruiz
Víctor M. González Ruiz
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Profesor titular de traducción jurídica en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en la que imparte docencia desde 1999, y traductor-intérprete jurado de inglés desde 1995. La búsqueda de la claridad en la comunicación ha sido su principal foco de interés, tanto en la docencia e investigación como en la práctica profesional. Además de su actividad académica, defiende el uso del lenguaje claro como representante en España de la asociación Clarity y como miembro del comité encargado de promover la adopción internacional de la norma ISO 24495-1 en el seno de la IPLF.

Antonio Martín
Antonio Martín
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CEO del centro de aplicaciones profesionales del lenguaje y la edición Cálamo&Cran. Miembro de Palabras Mayores. Cofundador de UniCo y de SEA (Spanish Editors Association). Socio de Honor de La Casa del Corrector, de la Fundación Litterae. Pertenece al Consejo editorial de la revista Archiletras y Publishers Weekly en español. Socio gerente de EnClaro. Es coautor de El libro rojo de C&C (C&C, Madrid, 2013), 199 recetas infalibles para expresarse bien (Vox, Barcelona, 2015), Dilo bien y dilo claro (Larousse, Barcelona, 2017), y autor de La mano invisible: confesiones de un corrector iconoclasta (CSIC, Madrid, 2019). Formador de profesionales del lenguaje, la edición y comunicación. Miembro de PLAIN y Plain Language Europe. Es actualmente el embajador de PLAIN en España.

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