La Linterna del Traductor
Traducción editorial: Traducir... un bestseller

Entrevista a Pilar de la Peña Minguell

Pilar de la Peña Minguell, entrevistada por Isabel Hoyos

Como se puede leer en su biografía, Pilar de la Peña es una traductora con muchos años de experiencia en el sector editorial. A pesar de ser una profesional solicitada, cuando le hemos propuesto esta entrevista, no lo ha dudado y nos ha regalado su tiempo para saciar nuestra curiosidad y contarnos cómo se traduce un libro a seis manos.

Pilar de la Peña Minguell
Pilar de la Peña Minguell se licenció en Filología Inglesa por la Universidad Complutense y, a continuación, cursó un máster de Traducción en el Instituto de Lenguas Modernas y Traductores de esa misma universidad. Inició su andadura profesional como freelance hace ya casi treinta años y desde entonces ha ido abriéndose camino poco a poco en el apasionante mundo de los juntaletras. Se la conoce sobre todo por Cincuenta sombras de Grey (2012), proyecto que marcó un antes y un después en su carrera, pero a lo largo de esos casi tres decenios ha traducido «de todo un poco», y lleva más de quince años dedicada en exclusiva a la traducción literaria. Actualmente trabaja para varios grupos editoriales y traduce novela negra. Entre sus últimas traducciones se encuentran El presidente ha desaparecido (Bill Clinton y James Patterson, 2018); Vientos de traición (Christine Mangan, 2018); Al cerrar la puerta (2017) y Confusión (2018) de B. A. Paris, y el thriller policíaco de Ashley Dyer Astillas en la sangre (2018). Reside en su Madrid natal, donde confía en seguir viviendo de la traducción muchos años más y algún día, quién sabe, publicar sus propias novelas.

Para empezar: si te parece bien, y hasta donde te lo permita tu contrato de confidencialidad, ¿por qué a seis manos?

La elección de traductores me pareció muy acertada porque los tres somos afines profesionalmente y el trabajo fue muy fluido.

Cuando la editorial me propuso la traducción de esta obra, el plazo ya era ajustado porque se trataba de un lanzamiento mundial y las fechas eran inamovibles, con lo que, si se retrasaba más el manuscrito, que aún no estaba disponible, los compañeros de revisión, maquetación, etc. tendrían que hacer malabares para llegar a tiempo. A la vista de tanta apretura, me advirtieron desde el principio que muy posiblemente tendría que trabajar a dos manos con otra traductora, Mariajo, y me preguntaron si estaría de acuerdo en compartir proyecto con ella. Yo habría preferido hacerlo sola porque no soy partidaria de las traducciones en grupo, pero me interesaba mucho la propuesta y comprendí que no había otro modo de hacerlo, así que acepté. Como finalmente la agencia estadounidense tardó mucho más de lo esperado en enviarnos el original, hubo que hacer ajustes para que aquello saliera a tiempo sin que nadie muriese en el intento. La espera se hizo larga y, según iban pasando los días, el equipo editorial vio que no llegábamos si no entraba una tercera persona, y fue entonces cuando Julio se unió al equipo. La elección de traductores me pareció muy acertada porque los tres somos afines profesionalmente y el trabajo fue muy fluido. Se nos informó en todo momento de cómo iban a ser las cosas, se nos propuso una subida de tarifa en cuanto la situación empezó a complicarse y las editoras estuvieron en todo momento a nuestra disposición para cualquier duda o consulta. Siempre que me preguntan elogio la labor de este equipo editorial porque la carga de trabajo estuvo muy bien repartida y, pese al retraso del original, todo salió bien y sin agobios, y eso es algo que los traductores literarios sabemos agradecer.   

Efectivamente, en un mundo ideal, los plazos serían más holgados y no habría que hacer repartos, pero existen múltiples factores que condicionan esas prisas, por lo que estos casos ya no son algo tan exótico como hace unos años. ¿Habías traducido anteriormente «al alimón»?

Sí, la traducción de Cincuenta sombras de Grey la hicimos a ocho manos. El primer volumen se dividió finalmente en dos y a mí me correspondió la segunda mitad. También disponíamos de un plazo muy, muy ajustado, pero hubo una buena comunicación entre los miembros del equipo en todo momento, con lo cual, a pesar de las prisas, la tarea fue mucho menos angustiosa de lo que prometía.

¿Cómo os repartisteis el trabajo? ¿Fue algo condicionado por la editorial o hubo acuerdo previo entre vosotros? ¿Podrías explicarnos también cómo organizaste tu parte del trabajo? Porque sospecho que no es lo mismo tener para ti sola un libro con el que puedes hacer de tu capa un sayo, que saber que hay otras dos personas trabajando en algo que al final tiene que ser coherente.

Dejaron en nuestras manos el reparto de los tercios. Yo me apresuré a pedir el primero y a mis compañeros les pareció bien (¡qué majos!). De ese modo no tenía que leerme el resto, podía empezar antes y entregar antes. Un par de días después llegaba el manuscrito, en sábado y encriptado, y se hizo el reparto oficial. Veinte días después entregaba mi parte, ya requetepulida, con un archivo donde recogía la decisiones de traducción que había tomado, por si afectaban también a mis compañeros. Compartí ese archivo con ellos, y entre todos decidimos cómo quedaban los términos y las expresiones que se repetían.

Mi sistema de trabajo fue el de siempre. Acostumbro a imprimir los originales en papel porque, aunque trabajo con dos ventanas en pantalla (el manuscrito en PDF en la mitad superior y el documento de Word donde traduzco en la inferior), me gusta hacer anotaciones en papel. Tengo un cuadernito donde escribo cosas que quiero comentar a la editorial o verificar después, y en el manuscrito impreso utilizo rotuladores fluorescentes de distintos colores para marcar frases difíciles, incongruencias, términos dudosos, deslices del autor, etc. Uso siempre el mismo código de color y, cuando termino la traducción, después de mi primera lectura pausada, consulto página por página el original impreso y voy verificando todo lo anotado en él para que no se me escape nada.

¿Cómo se coordina una traducción en estos casos? Desde fuera, da la sensación de que parte del tiempo que se gana seguramente se pierde con la homogeneización, ¿es así? En concreto, en este libro no se nota que haya tres traductores distintos, que seguramente tienen tres estilos diferenciados. ¿Cómo se logró eso, fue cosa de la editorial o se encargó uno de vosotros? ¿Poníais en común las dudas o ciertos pasajes más complicados?

Es una delicia trabajar con un sello que respeta el trabajo del traductor y sus circunstancias y que tiene presente la importancia de nuestra labor.

La coordinación es siempre cosa de la editorial, y Planeta cuenta con excelentes profesionales que nos facilitaron muchísimo la tarea. Se creó un equipo de trabajo en cuanto se supo cuándo llegaba el manuscrito y hubo comunicación entre nosotros en todo momento. Las editoras se pusieron a nuestra disposición y no surgió ningún problema. Una vez concluida la traducción de nuestros tercios pusimos en común las dudas y las resolvimos conjuntamente. La editorial se encargó del resto, y creo que lo hizo estupendamente, como de costumbre. Es una delicia trabajar con un sello que respeta el trabajo del traductor y sus circunstancias y que tiene presente la importancia de nuestra labor y la simple aunque muchas veces ignorada realidad de que somos seres humanos, no máquinas, que tenemos que comer, dormir, vivir, y que el que seamos profesionales vocacionales y adoremos nuestro trabajo no significa necesariamente que estemos dispuestos a morir o a prostituirnos por él.

Amén a eso, Pilar. ¿Hubo alguna dificultad especial a la hora de traducirlo? (En el libro se aprecian distintos registros, desde el muy formal hasta el desenfado de algunos diálogos). ¿Os dieron alguna instrucción específica?

Yo no encontré dificultades. Mi tercio es la parte menos técnica, más personal, la presentación de los personajes y de la situación, y lo único que lamenté fue tener que parar cuando la historia empezaba a ponerse interesante, jajaja, pero lo resolví enseguida leyéndome el resto del manuscrito. No se nos dieron instrucciones específicas. Los tres somos traductores con años de experiencia y entiendo que la editorial confiaba en nosotros. En caso necesario, podíamos exponer las dudas al grupo y resolverlas entre todos, pero no surgió nada importante porque estábamos más centrados en aprovechar el tiempo que en comentar nimiedades que podían verse una vez terminado nuestro trabajo. Eso es algo que se agradece mucho en proyectos a varias manos, especialmente cuando no se dispone de mucho tiempo: las interrupciones se pagan caras y yo prefiero que me dejen trabajar tranquila y resolver dudas cuando mi texto esté completo.

Una pregunta obligada y que con frecuencia suscita debates entre los traductores editoriales: ¿leíste el libro entero antes de empezar a traducir tu parte?

Prefiero no saber qué viene después y mantener el suspense mientras trabajo. Eso me permite disfrutar más de mi labor, con perspectiva de lectora.

No, no soy de las que leen las novelas antes de traducirlas, no lo he hecho nunca y menos ahora que casi todo lo que traduzco es novela negra. Prefiero no saber qué viene después y mantener el suspense mientras trabajo. Eso me permite disfrutar más de mi labor, con perspectiva de lectora; de lo contrario, sería como leer dos veces la misma novela en poco tiempo, o ver una película el martes y volver a verla el jueves. A mi juicio, la historia pierde parte de su encanto con esa doble lectura. Te atrapa menos cuando ya sabes lo que va a pasar, pero, claro, eso es algo muy personal. Cuando se trata de proyectos compartidos, a veces es necesario, pero con El presidente, como mi tercio era el primero, no hizo falta. Empecé a traducir directamente, como suelo hacer.

¿Qué opinión tienes del libro en sí? ¿Disfrutaste al traducirlo?

No sé si mi opinión será la más acertada porque soy una traductora enamoradiza que se encariña fácilmente con sus proyectos, quizá porque he tenido la fortuna de traducir cosas interesantísimas y novelas excelentes, aunque no siempre hayan sido grandes éxitos de ventas. El presidente, «el Presi», como lo llamábamos nosotros, me atrapó desde el principio, tal vez por lo mucho que se hizo esperar, pero también por el estilo. Mi tercio es el más íntimo, por así decirlo, donde conocemos a ese presidente roto por la pérdida de su esposa que se ve atrapado por una situación comprometida de repercusión global de la que no puede hablar ni siquiera con sus colaboradores más próximos y que además está a punto de someterse a un juicio donde se valorará su posible destitución. Toda esa angustia del personaje se refleja en los primeros capítulos y, en cambio, el lenguaje es distendido, tragicómico a veces. Me gustó mucho ese tono y me ayudó a devorar páginas casi sin darme cuenta.

Supongo que eras consciente de que el libro, por venir de quien venía, podía ser un libro muy vendido, pero también muy criticado... Personalmente, opino que el libro, como thriller, está muy logrado, pero que el nombre de Bill Clinton es un hándicap enorme. ¿Estás de acuerdo con esa apreciación?

Sí, todos sabíamos que se había invertido mucho en la obra y que podía venderse bien. Lamentablemente, como dices, Clinton es un gran desconocido en España, y su nombre en cubierta quizá no está teniendo el tirón que ha tenido en países de habla inglesa, donde se conoce mejor su trayectoria política pospresidencial, su valía personal y profesional, y no se le juzga únicamente por el mediático caso Lewinsky. La cortedad de algunos «lectores» no les permite entender que un expresidente pueda escribir novela y muchos han dado por hecho que se trataba de unas memorias, sin pararse siquiera a curiosear en la sinopsis de la contra. Luego están los detractores de Patterson, que prefieren tacharlo de «muñeco editorial» sin pararse a estudiar su valía y su labor como escritor, algo que también ha podido perjudicar indirectamente a la novela.

Para mí es un thriller muy digno y muy bien construido, con una gran tensión narrativa y dosis muy acertadas de humor, amor, política y suspense, y que merece ocupar un buen sitio en librerías y salones. Una de las cosas que Para mí es un thriller muy digno y muy bien construido, con una gran tensión narrativa y dosis muy acertadas de humor, amor, política y suspense.enseguida me conquistaron de la novela fue el hecho de que, como señalaba la faja publicitaria de la obra, se trata de una historia que solo un presidente podría contar, porque solo alguien que ha ocupado la presidencia posee esa perspectiva tan personal de los asuntos de Estado, de los entresijos de la Casa Blanca, del día a día del gobernante que es persona y es político, y tiene en sus manos el destino de la nación, incluso del mundo entero. Me gustó mucho poder ponerme en la piel del presidente porque creo que Clinton vuelca ahí mucho de sí mismo y de su propia experiencia, y ese es uno de los grandes atractivos de esta novela.

Coincido plenamente con tu valoración. Por último, ¿algo más que se te ocurra comentar?

Creo que ya está todo dicho. Agradezco que hayáis contado conmigo para hablar de este trabajo y también la difusión que La Linterna hace de nuestra labor. Es importante que dejemos de ser esos grandes desconocidos y se valore y se difunda nuestro esfuerzo y nuestro entusiasmo.

Al contrario, gracias a ti por tu generosidad y buena disposición.

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