22 julio 2024
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Trabajar en tándem

El trabajo en tándem es una práctica muy útil y eficaz que se conoce y utiliza poco en el ámbito de la traducción. Tenesor y Teresa —traductor y revisora, respectivamente— forman uno de esos infrecuentes equipos. En esta conversación, nos cuentan en qué consiste, cómo trabajan y cuáles son los beneficios de esta praxis tanto para ellos como para el cliente.

Tenesor Rodríguez: Hola, Tere. ¿Qué tal? Nos han pedido que hablemos sobre el tándem traductor-revisora. Me apetecía mucho esta conversación contigo porque, hace unos años, Fabienne Kelbel y yo lo planteamos en una charla para Asetrad y hubo gente que nos escribió porque les resultó novedoso eso del tándem. Lo cierto es que no hemos inventado nada, pero sí me sorprende que se conozca y se use tan poco. Si te parece, expliquemos qué es y cómo surgió.

Teresa Aguilar: ¡Hola, Tenesor! Me alegro de que nos hayan hecho esta propuesta. Hemos hablado mucho de este asunto y creo que es interesante que compartamos nuestra experiencia y nuestras reflexiones al respecto. Tal vez sirva para dar a conocer y fomentar el uso de una figura que, al igual que tú, considero que se conoce y se usa muy poco.

La experiencia de trabajar en tándem surgió porque una pequeña agencia me pidió traducir un documento y me dijeron que no sabían aún quién lo revisaría.

Tenesor

TR: Para empezar, dejemos claro que nosotros no inventamos nada, pero sí le hemos sacado mucho partido. La experiencia de trabajar en tándem surgió porque una pequeña agencia me pidió traducir un documento y me dijeron que no sabían aún quién lo revisaría. Tras muchas experiencias de incomunicación en encargos anteriores, me pareció una buena oportunidad para plantearles trabajar con alguien de mi confianza y les expliqué los motivos por los que, a mi modo de ver, trabajar codo a codo con una persona de mi confianza podría garantizar una buena traducción. Y tú eras la persona ideal.

TA: Te lo agradezco muchísimo. Para mí es muy cómodo revisar tus traducciones, no solo porque eres muy perfeccionista, sino porque aprendo mucho de ellas, de tus soluciones; ya sabemos que en esta profesión nunca dejamos de aprender. Además, el hecho de que nos conozcamos es un plus.

En las agencias, normalmente, existe una falta de transparencia y un secretismo sobre quién ha traducido o quién ha revisado un documento.

Tenesor

TR: Elegirte a ti no fue un acto caprichoso: tengo compañeros y amigos con los que me iría de fiesta, pero con los que me resultaría difícil trabajar. No te elegí porque fueras mi amiga —o no solo—, sino porque sabía cómo trabajabas y lo escrupulosa que eres con el trabajo y los plazos. Contigo ya había trabajado y sabía que nos íbamos a coordinar bien, que habría una comunicación fluida, que tú cubrirías algunas de mis lagunas… Para trabajar en tándem, estas características son fundamentales. Y es crucial no trabajar a ciegas. En las agencias, normalmente, existe una falta de transparencia y un secretismo sobre quién ha traducido o quién ha revisado un documento; eso da lugar a egos mal gestionados, competitividad, peleas absurdas, pérdida de tiempo y, además, el resultado de la traducción no siempre es el mejor ni el deseable. Para evitar eso, la práctica de trabajar en tándem es una buena solución y estoy convencido de que las agencias y las empresas dedicadas a la traducción deberían implantar esta práctica.

TA: ¿Y cuál crees que es el porqué de ese secretismo? Es decir, ¿qué provoca que las agencias no pongan en contacto a traductores y revisores cuando, estamos de acuerdo, todo son ventajas?

TR: Pues, sinceramente, es ese tipo de prácticas que no sé si se han planteado en profundidad. ¿Un automatismo para delegar rápido los encargos? Probablemente pretendan evitar conflictos y luchas de egos, pero creo que trabajar a ciegas con otra persona no ayuda en absoluto. Es cierto que tú y yo ya nos conocíamos y tenemos muy buena relación y sabemos cómo trabajamos, pero lo ideal sería fomentar equipos de trabajo; esa confianza y ese sentimiento de equipo se nota, y mucho, en el resultado final.

Me parece absurdo que la revisora tenga una duda y se la pase a la gestora, la gestora a la traductora, la traductora a la gestora y esta de nuevo a la revisora.

Teresa

TA: A mí me parece absurdo que la revisora tenga una duda y se la pase a la gestora, la gestora a la traductora, la traductora a la gestora y esta de nuevo a la revisora. ¡Vaya pérdida de tiempo para todas!

Me gustó mucho que esta agencia para la que trabajamos —aunque no con la frecuencia que nos gustaría— aceptara esta práctica desde el principio. Lo entendieron a la primera. Sobre el proceso, me gusta que desde el primer contacto estemos juntos en el encargo. Es decir, el primer correo (y todos los demás) lo recibimos los dos y nos piden disponibilidad a ambos, tanto para la traducción como para la revisión. Nos consideran un equipo y se adaptan a nuestras fechas si alguno de los dos va justo. Saben que así fomentan la tan necesaria coordinación. Para la agencia es muy cómodo porque se olvidan de tener que estar pasando archivos, dudas, etcétera, de uno a otro. Confían en nuestro trabajo y lo que quieren es una traducción final en condiciones, que es lo que les mandamos. No hay magia ni nada por el estilo en el proceso, simplemente dos profesionales que se COMUNICAN porque tienen la oportunidad de comunicarse.

Es muy sencillo: tú traduces y me envías tu traducción, yo la reviso y te consulto mis dudas, las comentamos, tomamos decisiones, introducimos los cambios que procedan y enviamos la traducción.

Como revisora, me parece fundamental respetar tu trabajo. Nunca pierdo de vista que lo que has puesto en tu traducción lo has hecho por algún motivo.

Teresa

Como revisora, me parece fundamental respetar tu trabajo. Nunca pierdo de vista que lo que has puesto en tu traducción lo has hecho por algún motivo. Si hay algo que no tengo muy claro, te lo comento, me lo aclaras y sigo adelante. Por otra parte, me siento respetada por ti porque comprendes mis dudas y no me juzgas como revisora. Yo aprendo muchísimo de tus traducciones, de tus soluciones, y tú agradeces que «pille» algunos despistes y aceptas alguna sugerencia si te parece que puede mejorar el texto. En fin, creo que formamos un buen equipo, y no porque seamos nosotros o seamos amigos, sino porque dejamos de pensar en nosotros como profesionales y nos centramos en el texto. Es un cambio de perspectiva. No queremos impresionar a nadie ni justificar ninguna factura.

TR: Lo has expresado a la perfección y has dado en la clave: la comunicación y la comunicación directa. Has dicho que les gusta cómo trabajamos; no creo que tenga que ver tanto con nosotros y nuestra amistad de tantos años, sino con el método. La agencia no se entera de si hemos discutido más o menos ni de si hemos dedicado más o menos tiempo. Reciben la traducción final con control de cambios para que vean qué se ha modificado, pero ya está.

Durante los estudios de Traducción, nunca nos enseñan a corregir a los demás; tal vez nos enseñen a autocorregirnos, pero no tiene nada que ver.

Tenesor

Sobre el respeto, me parece esencial. Siempre digo que, durante los estudios de Traducción, nunca nos enseñan a corregir a los demás; tal vez nos enseñen a autocorregirnos, pero no tiene nada que ver. En este caso, tú sí tienes formación de correctora y sabes de ortotipografía infinitamente más que yo. Eso me ayuda mucho a aprender también a mí. Además, es muy enriquecedor cuando ponemos en común el documento y vemos la interpretación que ha hecho cada cual de una misma frase o los procesos mentales de cada uno. Y sobre los despistes, cómo no te lo voy a agradecer; y también me has corregido alguna metedura de pata bien gorda.

TA: Para eso están las revisiones: para detectar los despistes y alguna que otra metedura de pata. TODOS nos equivocamos.

¿Por qué crees que quien revisa (no todo el mundo, por supuesto) tiene «necesidad» de tocar el texto en el que está trabajando más de lo que debería?

Teresa

Con respecto a lo que dices de la autocorrección, claro, todos la hacemos antes de enviar nuestro trabajo, pero es fundamental que otros ojos lean el texto porque a veces hay errores evidentes por los que pasamos una y otra vez cuando nos leemos y que no vemos, por cansancio, por ejemplo.

Te lanzo una pregunta: ¿Por qué crees que quien revisa (no todo el mundo, por supuesto) tiene «necesidad» de tocar el texto en el que está trabajando más de lo que debería? Hablo de sinónimos, preferencias, etcétera. ¿Para justificar su trabajo? Si una traducción está bien, manda un correo elogiando al compañero (o no, aunque tampoco estaría mal) y listo. No van a dejar de mandarte revisiones, porque es un trabajo necesario. ¿Qué opinas?

TR: Aunque me da mucha vergüenza citarme a mí mismo, hace años escribí justo sobre eso con Fabienne en el blog. Creo que se debe a varias cuestiones que hemos comentado muchas veces: inexperiencia, falta de formación sobre corrección y revisión, necesidad de justificar la factura y demostrar que se ha trabajado el texto y, a veces, la necesidad de mostrar todo lo que uno sabe. Al final es una cuestión de competitividad y de egos. ¿Recuerdas una revisión que me hicieron en la que cambiaron 25 términos por sinónimos, les envié una lista y nunca me respondieron? Reconozco que ahí me pudo el ego. Por eso creo que el tándem es tan buena práctica: somos un equipo y lo importante es hacer un buen trabajo y perder el menor tiempo posible. Aquí, por supuesto, hay que mencionar a Brian Mossop. Su libro es indispensable.

Me llama la atención cuando un revisor critica amargamente a un traductor porque ha cometido algunos errores, gazapos, alguna omisión.

Tenesor

Mira, sobre lo de elogiar, pues no sé si estoy de acuerdo. Creo que ni denostar ni elogiar. Lo cierto es que, cuando trabajamos en tándem, se generan muchos comentarios enriquecedores y se aprende mucho. Sí que me llama la atención cuando un revisor critica amargamente a un traductor porque ha cometido algunos errores, gazapos, alguna omisión: a ver, que precisamente esa es tu labor y por ello cobras; si el texto ya viniera perfecto, no se necesitaría revisor.

TA: Nada de vergüenza. Esa entrada de tu blog viene muy a cuento. ¿Crees que también tiene que ver el tiempo? Me refiero a que a veces no se paga la revisión por palabras, sino por horas, y claro, las prisas no son buenas y puede suceder que no te pares a pensar si lo que estás cambiando es una preferencia y no una necesidad real. Por buscar una explicación a esas malas prácticas, digo.

Aquí he de decir que la agencia de la que estamos hablando me paga las revisiones por horas, las que necesite y, por desgracia, no siempre es así. Creo que entienden que, en realidad, al término del encargo, han ahorrado muchas horas de gestión de correos de preguntas, respuestas, etcétera. Esta es una ventaja que también se pasa por alto a menudo.

TR: Sí, estoy de acuerdo. A ver, tenemos que decir que estamos hablando de una agencia que es casi un unicornio: tenemos mucha suerte de trabajar para ella con las condiciones que nos ofrece. Y, por ejemplo, eso de que el tiempo no lo decide la agencia, sino tú, que facturas el tiempo que has dedicado, demuestra que no es una agencia al uso y que confían plenamente en ti y saben que jamás les darías gato por liebre. Ahora bien, dicho esto, esta es otra de las ventajas de trabajar en tándem: el trabajo no solo se hace más llevadero, sino que, además, tengo la sensación de que los tiempos de trabajo se acortan enormemente. Por ejemplo, hay un término que no te convence y, en lugar de pasarte horas investigando, primero me preguntas a mí de dónde lo he sacado y si está justificado. Cuando el revisor no sabe quién ha traducido el documento, una tarea así puede llevarle horas que luego nadie le va a abonar.

Creo que, según lo que estamos comentando, es más que evidente que todo son ventajas cuando el traductor y el revisor están en contacto directo.

Teresa

TA: Exacto, Tenesor. Saber que puedo preguntarte directamente cualquier cosa sobre tu traducción es un lujo porque todo va mucho más rápido. Creo que, según lo que estamos comentando, es más que evidente que todo son ventajas cuando el traductor y el revisor están en contacto directo, así que me vuelvo a preguntar por qué ese secretismo en las agencias. Siempre vuelvo ahí porque es incomprensible.

Por otra parte, me consta que hay agencias que ni siquiera pasan las dudas de uno a otro, sino que dan por buena la versión del revisor directamente, con lo que ello conlleva porque, repito, el traductor pone lo que pone por algún motivo.

TR: Cuando dices eso, me quedo perplejo. Me parece inconcebible que alguien se pueda permitir entregar una traducción con dudas sin resolver.

TA: No, no digo que se entreguen traducciones con dudas sin resolver. Bueno, puede pasar que las plantees y el cliente no responda antes del plazo que tienes para la entrega, con lo cual sí que se le pasarían esas dudas al revisor para que las tuviera en cuenta. Lo que quiero decir es que otro caso que se puede dar es que —por cuestiones de tiempo o por lo que sea— el revisor haga cambios y esos cambios se den directamente por buenos sin que pasen por el traductor. Me viene a la cabeza ahora una compañera que vio publicado un libro que tradujo sobre matemáticas en el que habían cambiado los símbolos de grado por la o volada.

En fin, que algo que podría ser muy sencillo nos complica enormemente la vida.

Para mí, trabajar en tándem es formación continua gratis.

Tenesor

TR: Hay otra cuestión que me gustaría mencionar sobre las ventajas. A menudo hablamos de desarrollo profesional y de formación continua y de lo caros que se han vuelto algunos cursos; para mí, trabajar en tándem es formación continua gratis. Porque, cuando trabajamos de esta manera, tengo la obligación de revisar lo que he traducido y coordinarlo contigo; repasar los errores, justificarlos, razonar si hay algún término mejor o si se puede redactar algo de otro modo. En cambio, cuando se trabaja de forma individualista, se entrega la traducción y, aunque se reciba el texto corregido, muchas veces ni lo volvemos a revisar ni comprobamos esos errores que hemos cometido. A veces es simplemente por falta de tiempo; en otras ocasiones, porque no tenemos con quién debatirlo y nos entra cierto mal humor si no entendemos un cambio…

TA: No puedo estar más de acuerdo con tu razonamiento.

TR: Por cierto, ahora con tanta posedición, como revisora, ¿con quién vas a discutir los cambios de una traducción y preguntar de dónde salió la terminología?

De momento, ni posedito ni reviso posediciones. Y digo de momento porque no se puede decir «de esta agua no beberé», pero me resisto a pensar que acabaré por hacerlo.

Teresa

TA: Uf, Tenesor… De momento, ni posedito ni reviso posediciones. Y digo de momento porque no se puede decir «de esta agua no beberé», pero me resisto a pensar que acabaré por hacerlo. Que conste que hablo desde una posición privilegiada y que respeto a quienes lo hacen, aunque no lo comparta, porque cada cual tiene sus circunstancias y sus motivos. Se me parte el alma cuando veo en Twitter a compañeros que se dan de baja, que reciben ofertas con unas tarifas vergonzosas o que pierden clientes por culpa de la IA. Por no hablar de los estudiantes que nos leen en redes y que lo pasan fatal cuando ven el panorama. Hay mucha tela que cortar aquí. En cuanto a tu pregunta, pues no sé cómo lo estarán haciendo los revisores y la verdad es que me gustaría saberlo. Este tema da para otra charla.

Es un debate a ciegas contra la máquina que reproduce, pero no piensa, y en unos plazos que impiden una mínima reflexión.

Tenesor

TR: Exacto. Da para un debate muy amplio, sobre todo con respecto a las condiciones de trabajo, que están provocando los resultados que mencionas. Además de ese aspecto, que es vital, me preocupa enormemente que, con la posedición, el revisor —porque, a mi juicio, «poseditor» no es más que un nombre que se ha inventado la industria para desviar la atención y dar un toque de modernidad— no tiene a nadie para consultar y debatir las decisiones de traducción ni la terminología. Es un debate a ciegas contra la máquina que reproduce, pero no piensa, y en unos plazos que impiden una mínima reflexión. Para terminar, ¿cuáles crees que son las principales ventajas de trabajar en tándem?

TA: Para mí, poder trabajar en equipo y como un equipo y poder planificar el trabajo; además, tener la posibilidad de coordinarse con la otra persona, de debatir sobre la terminología y sobre posibles soluciones. Todo ello sin olvidar el resultado del trabajo, que, sin duda, es mejor, la formación y el aprendizaje continuos para ambos y la posibilidad de tener contacto directo sin intermediarios; por otra parte, se evitan debates absurdos, luchas de egos… Desde mi perspectiva, ¡todo son ventajas!

Como siempre, ha sido un placer compartir este ratito contigo.

TR: Coincido plenamente. Lo mismo te digo, Tere. Muchas gracias.

A modo de epílogo

Tere y yo somos amigos desde hace muchos años; aquellas primeras conversaciones sobre lectura y libros se convirtieron en una relación de amistad y confidencias profesionales. Durante la elaboración de este artículo —que desde un primer momento quisimos plantear como una conversación, porque pretendíamos reflejar una experiencia y no sentar cátedra—, nos han señalado que el artículo rezuma un tono de admiración mutua que podría provocar hiperglucemia. Aunque queríamos demostrar que la relación entre traductores y revisores no está condenada a la incomprensión y la animadversión entre unos y otros, lo confesamos: somos amigos y nos admiramos. Ahora bien, trabajar en tándem siendo amigos tal vez no siempre sea una buena idea. Podría haber sido un inconveniente.

A nuestro entender, el tándem ofrece unas condiciones iniciales muy favorables: la comunicación directa para trabajar un texto de manera profesional.

A nuestro entender, el tándem ofrece unas condiciones iniciales muy favorables: la comunicación directa para trabajar un texto de manera profesional. Sin embargo, hay otros ingredientes que conviene añadir: respetar el criterio profesional de la otra parte del tándem, entender que el centro de atención es el documento en el que se trabaja y gestionar la comunicación y los plazos de manera eficaz.

Por último, el libro que mencionamos durante la conversación y que no dejamos de recomendar es Revising and Editing for Translators, de Brian Mossop.

Teresa Aguilar
Teresa Aguilar Sánchez
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Esta malagueña traduce y corrige, no siempre lo que le gusta, aunque acaba por gustarle todo. Las palabras la emocionan, la enriquecen y la mueven. El italiano la tiene enamorada y a veces lo habla sola. Participa en dos tertulias literarias, se está quitando del café de la tarde y tiene miedo a volar y fobia a las cucarachas. El sol de invierno, los paseos junto al mar y su Golfo le dan la vida.

Tenesor Rodríguez Perdomo
Tenesor Rodríguez Perdomo
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Natural del sureste de Gran Canaria, estudió Traducción e Interpretación y se dedica a la traducción jurídica y jurídico-médica desde 2004. Suele trabajar para la Administración de Justicia y organismos internacionales. Amante de la lectura, la natación y los paseos en bicicleta.

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