
El pasado 27 de enero falleció en Barcelona el lingüista y lexicógrafo José Martínez de Sousa, socio de honor de Asetrad (2005). En esta semblanza, María Barbero, socia de honor y socia fundadora de Asetrad, nos habla del profesional y de su obra, pero también de su calidad humana, de su generosidad y cercanía, en un texto no exento de cariño y sentido del humor, como le hubiera gustado al que fue maestro de tantos traductores y correctores.
Al titular estas líneas me he decidido a recurrir al latinajo porque sé que a Pepe le hubiera hecho gracia.
Al titular estas líneas me he decidido a recurrir al latinajo porque sé que a Pepe le hubiera hecho gracia. Porque así era don José Martínez de Sousa: formal al máximo en el uso de la lengua española, donde no permitía veleidades ni atrevimientos extranjeristas, pero también profundamente antiacademicista, antielitista y anticlerical, con un reniego rotundo de todas las cortapisas que se estipularon durante décadas en la España del siglo xx para limitar el acceso al conocimiento a los ajenos a las élites de la cultura. El latín había sido antaño una de las armas de esas élites, como también fue un arma de la Iglesia, así que Pepe me habría afeado que le latinizara el nombre y habríamos empezado a hablar de «Iosephi» y de «Iosephus», de genitivos latinos y germánicos, de verbos latinos que rigieran genitivo y de otros variopintos asuntos de lengua. Y es que nuestras tertulias se alimentaban con cualquier cosa.
Me atrevo a decir que, para los traductores y correctores de estilo, José Martínez de Sousa es el lexicógrafo más importante que ha existido en lengua española.
No es improbable que los traductores más jóvenes se pregunten quién era ese señor del que hablo. Como explicación breve me atrevo a decir que, para los traductores y correctores de estilo, José Martínez de Sousa es el lexicógrafo más importante que ha existido en lengua española, y el mejor de los maestros que cualquier traductor hubiera podido desear.
Sousa se formó como tipógrafo en una imprenta: fue un joven cajista que juntaba y ordenaba letras para preparar la impresión. Esos orígenes de moroso (y amoroso) trabajo con la letra dieron lugar a lo largo de los años, a través de experiencia y mentalidad práctica, y al arrimo de una gran intuición lingüística y un excelente y respetuoso conocimiento del idioma, a un dominio preclaro y profundo de la gramática, la sintaxis y, por supuesto, la tipografía de la lengua española.
Sousa no escribía compendios abstrusos para estudiosos, sino libros que son, de la primera página hasta la última, herramientas de trabajo para quien quiere expresarse bien en español: nos enseña usos prácticos, aclara dudas con rotundidad y sabe replantear y solucionar los problemas que se presentan a quien escribe, traduce y corrige. Si los libros de estilo de los diferentes diarios eran útiles para los traductores que trabajábamos en la era previa a Internet porque nos indicaban cómo se decía, los de Sousa eran mágicos porque nos explicaban de forma clara y ordenada por qué se decía así. El autor no era un teórico, sino un maestro que basaba sus explicaciones en la experiencia probada. Aportando fuentes de autoridad (tenía un conocimiento profundo y enciclopédico de las diferentes versiones de la gramática de la RAE, del mismo DRAE y de muchos otros manuales y diccionarios del español, tanto de uso como etimológicos), nos guiaba hasta la conclusión lógica y la elección más certera en materia de ortotipografía y de léxico.
Para los que nos hicimos mayores en los ochenta, estudiando sintaxis y morfología con los libros de Lázaro Carreter, Sousa ya era la dirección obligada cuando se trataba de ortografía y de aclarar dudas del lenguaje.
Para los que nos hicimos mayores en los ochenta, estudiando sintaxis y morfología con los libros de Lázaro Carreter, Sousa ya era la dirección obligada cuando se trataba de ortografía y de aclarar dudas del lenguaje. Dudas y errores de lenguaje se llamaba precisamente el preclaro manual que nos recomendaban en la asignatura de crítica literaria en la Facultad de Filología. La profesora, uno de los huesos de la carrera, amonestó en una ocasión a un compañero que había entregado un trabajo poco lucido: «Si no sabe usted redactar, señor Vega, le recomiendo lo que a todos: estudie a Sousa». Muchos años después le conté a Martínez de Sousa la respuesta mascullada entre dientes de aquel compañero de facultad: «¡Lo que me faltaba! ¡Que un portugués venga a enseñarme a mí español!». Pepe se tronchaba de la risa.
Y es que José Martínez de Sousa era, entre amigos, de risa fácil y abierta, de respuesta rápida y certera, formal y pícaramente bienhablante y malhablado, como correspondía a su talante de gallego de nacimiento y sevillano de crianza. Su mujer, Pilar, le reprochaba con afabilidad y cierta resignación los tacos con los que decoraba (digámoslo así) las conversaciones informales, especialmente cuando lo exasperaban la necedad o la vanagloria pomposa de las personas.
Su forma de exposición en el aula era una transposición fiel de la formalidad pedagógica que desplegaba en todos sus manuales.
En entornos formales era comedido y tenía un estilo limpio y casi literario a la hora de hablar. Se expresaba con claridad y detalle, y sabía decir exactamente lo que quería, sin ambigüedad y haciendo un uso magnífico de cultismos y tecnicismos cuando la ocasión y el público lo requerían. Su forma de exposición en el aula era una transposición fiel de la formalidad pedagógica que desplegaba en todos sus manuales. Escribió muchos libros (adjunto una lista exhaustiva al final de esta remembranza), y en todos ellos demuestra que, además de ser un buen tipógrafo y un gran lexicógrafo, fue el mejor de los maestros.
Cuando empecé a trabajar en el departamento de traducción de una multinacional alemana, en 1986, Internet no existía, pero los libros de Sousa, sí. Yo los conocía y los usaba desde el último curso de bachillerato, y para mí el Diccionario de tipografía y el antes citado Dudas eran el alfa y el omega de mis herramientas de trabajo. A mi primera herramienta digital verdaderamente útil accedí en marzo de 1997, cuando ingresé en una interesantísima lista de correo impulsada por el entonces llamado Departamento de Español Urgente de la agencia EFE: Apuntes. Era un foro sumamente versátil en el que participaban profesionales del idioma (profesores, estudiosos, escritores y traductores) para presentar y discutir dudas de vocabulario, expresión y redacción. Era aquel un entorno distendido y afable en el que podíamos presentar cuestiones lingüísticas de cualquier tipo, así como nuestras propuestas de soluciones a las dudas que otros exponían. Uno de los aspectos destacados de esta lista de correo era la seriedad y la calidad de los profesionales que participaban.
Tener a José Martínez de Sousa en Apuntes fue tan venturoso como sería para un grupo de monjas que se apuntara el Papa a su ciberforo de estudios de la Biblia.
Y a esa lista llegó Sousa un día de 1998, de la mano de un amigo profesor de lengua y literatura. Para los traductores que lidiábamos a diario con cuestiones de ortotipografía y que, además, vivíamos en el extranjero, físicamente alejados de fuentes en papel, y hasta de personas con nuestra misma lengua, tener a José Martínez de Sousa en Apuntes fue tan venturoso como sería para un grupo de monjas que se apuntara el Papa a su ciberforo de estudios de la Biblia. Él, además, no iba a pontificar: se presentó con modestia y manifestó su interés por conocer a otros estudiosos del gremio. A veces presentaba consultas (relacionadas en la mayoría de los casos con el uso y significado de extranjerismos), y a diario ayudaba con preguntas de ortotipografía y lexicología. Al poco de llegar, Pepe (así había pedido que lo llamásemos) me hizo una consulta directa sobre Jane Austen aludiendo a algo que yo había mencionado en un mensaje. Yo no sé mucho de muchas cosas, pero de Jane Austen algo sé, y respondí a lo que me preguntaba. A partir de ahí intercambiamos en la tertulia virtual del foro consultas, opiniones y charlas que no puedo menos que recordar con mucho cariño y algo de nostalgia. Sousa era un miembro incansable del grupo, en el que respondía a las frecuentes cuestiones sobre ortotipografía de muchos traductores y profesores. Sus respuestas eran un ejemplo de la mejor metodología didáctica, y puedo decir que, de todos los profesores que he tenido a lo largo de mi vida, Pepe ha sido el mejor, el más dedicado y el más paciente. En julio del año 2000, Apuntes preparó una megacelebración para homenajear a José Martínez de Sousa en Barcelona: la Pepealia (otro latinajo). Allí se reunieron más de cien asistentes presenciales y virtuales de todo el mundo para darle las gracias al maestro y celebrar el tenerlo con nosotros. En esa ocasión, Pepe nos presentó a su familia: a su esposa, a una de sus hijas y hasta a su nieto. Comimos, charlamos, nos fotografiamos, desvirtualizamos y hasta cantamos jotas, que nuestros intercambios apunteros siempre destacaron por estar cuidadosa y metódicamente desorganizados.
Sousa no hablaba idiomas, pero siempre comprendió bien los problemas de traducción y las dudas ortotipográficas que se nos planteaban a los traductores y a los correctores de estilo.
Sousa no hablaba idiomas, pero siempre comprendió bien los problemas de traducción y las dudas ortotipográficas que se nos planteaban a los traductores y a los correctores de estilo. Escribía para todos los que, como nosotros, se encontraban en la tesitura de presentar en un español limpio y bien usado textos que habían sido originariamente formulados en idiomas con unos usos de ortografía y tipografía muy diferentes. A través de canales virtuales, de cursos y de conferencias, nos ayudaba a solucionar dudas y contribuía a que nuestro trabajo fuera mejor. Era, además, un gran defensor del trabajo en equipo y de la idea del asociacionismo, especialmente en el caso de profesiones en las que el aislamiento es frecuente, como la nuestra. Martínez de Sousa apoyó desde el principio la creación de una asociación española de traductores, correctores e intérpretes, y colaboró con nosotros en los comienzos de la asociación ofreciendo gratuitamente cursos de formación a pequeña y gran escala, y asesoramiento para aclarar las dudas lingüísticas que presentaban nuestros socios en listas de correo y foros virtuales.
En el año 2005 Asetrad reconoció su compromiso y su colaboración nombrándolo socio de honor. Era un pequeño galardón de una asociación que era pequeña entonces, pero me consta que él lo agradeció porque lo llenó de esa satisfacción que sienten los profesores de verdad cuando ven que sus discípulos se van haciendo un lugar en el mundo gracias a lo que han aprendido.
Sousa siguió trabajando con aplicación hasta finales de la década de 2010, modificando, revisando y reeditando sus manuales y diccionarios. Porque tenía la convicción de que, como la lengua sigue cambiando, la obligación de los profesores es seguir siempre aprendiendo.
Con él se fue un excelente profesor, un fiel amigo de sus amigos y una persona generosa, amable y buena.
Pepe Martínez de Sousa falleció el 27 de enero en Barcelona. Con él se fue un excelente profesor, un fiel amigo de sus amigos y una persona generosa, amable y buena. A los traductores y correctores nos deja con sus obras una impresionante herencia de enorme valor filológico que servirá aún durante muchos años para que sepamos cómo hay que escribir las cosas en nuestro idioma. Y tengo la esperanza de que, incluso en esta era de uso indiscriminado de Internet, aún quedarán profesores enterados que digan: «No lo busques online: mira a ver lo que dice el MELE de Sousa, que ese sí que tiene criterio».
Obras de José Martínez de Sousa
Ortotipografía y ortografía
- Diccionario de tipografía y de sus técnicas particulares (1974)
- Diccionario de ortografía técnica (1987)
- Diccionario de ortografía de la lengua española (1995)
- Manual de estilo de la lengua española (2000)
- Ortografía y ortotipografía del español actual (2004)
- Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas (2007)
- Reforma de la ortografía española: un estudio histórico-crítico (2007)
- Libro de estilo de Vocento (2007)
Lexicografía y consultas lingüísticas
- Dudas y errores de lenguaje (1974)
- Diccionario de internacionalismos (1984)
- Diccionario de lexicografía práctica (1995)
- Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (1998)
- Diccionario de usos y dudas del español actual (2001)
Bibliología, edición y periodismo
- Pequeño diccionario del bibliólogo (1976)
- Diccionario de bibliología y ciencias afines (1989)
- Manual de estilo del diario El Sol (1990)
- Diccionario de información, comunicación y periodismo (1992)
- Diccionario de redacción y estilo (1993)
- Manual de edición y autoedición (1994)
- La redacción editorial: mecanismos e instrumentos (2003)
- Antes de que se me olvide (2005)
- Las erratas: descripción, prevención y corrección (2011)

María Barbero
María Barbero es germanista y se dedicó a la traducción técnica y científica desde 1986 hasta 2018. Desde 2018 trabaja exclusivamente como profesora de alemán. Es miembro del Consejo Editorial de La Linterna del Traductor, publicación que refundó en el año 2009. Apuntada al eclecticismo en cuanto a gustos literarios, es igualmente aficionada a la novela negra islandesa, a la poesía alemana del Minnesang y a la prolijidad de la novela victoriana. Es socia fundadora y socia de honor de Asetrad.



